La mujer mexicana

**Federico Engels: ...«la explotación de la mujer por el hombre es la más oprobiosa forma de explotación que conoce la historia humana y es comparable a la explotación que sobre las clases proletarias ejerce la burguesía».


La mujer mexicana

La Crónica de Chihuahua
8 de marzo, 21:28 pm

/facebook @twitter
Fernando Castro

La actuación de la mujer en el quehacer político de México tiene poco tiempo, aunque su lucha por alcanzar la igualdad de derechos en todos los ámbitos es mucho más antigua. Su participación en la política es resultado de una serie de movimientos de género organizados a finales del siglo XX, que pudieron haber sido más amplios de haber contado con el apoyo de los hombres, ya que la consumación de la democracia depende, en gran medida, de la igualdad y complementariedad entre hombres y mujeres.

Los primeros logros en la igualdad político-electoral entre mujeres y hombres en México datan de 1916, cuando en Chiapas, Tabasco y Yucatán se reconoció el derecho de la mujer a votar y ser votada en puestos públicos de representación popular.

A pesar de los avances en las primeras décadas del siglo XX, el reconocimiento posterior de los derechos políticos de la mujer mexicana sucedió muy lentamente; en 1947, en el Gobierno del presidente Miguel Alemán, se reconoció su derecho a votar y ser votada en procesos municipales; y sólo hasta 1953, a iniciativa del presidente Adolfo Ruiz Cortines, se reconocieron plenamente sus derechos ciudadanos.

Conviene recordar que la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer en el mundo tiene un amplio sentido revolucionario y que si bien es cierto que el Día Internacional de la Mujer fue instituido inicialmente con base en la sucesión de un incendio en una fábrica textil estadounidense en 1911, en el que murieron 140 camiseras, su institucionalización universal por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 8 de marzo de 1977 reivindica la lucha de la mujer por el reconocimiento absoluto a todos sus derechos políticos y humanos).

En la mitad del siglo XIX operaron tres hechos trascendentales que dieron a las mujeres una agenda de lucha: la Revolución de 1848 en Alemania, que impactó en Austria, Polonia y Rusia; el lanzamiento del Manifiesto del Partido Comunista de Carlos Marx y Federico Engels ese mismo año, que dejó entrever la existencia de otra sociedad posible y propició la Comuna de París, y la organización de la Convención por los Derechos Civiles (1857) de la mujer en Estados Unidos, durante la que se demandó el acceso de las mujeres a la ciudadanía.

También habrían de ampliar la agenda de lucha política de la mujer los trabajos de organización que Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo realizaron entre las obreras alemanas a finales de 1880 y la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de 1910, a la que asistieron Lena Morrow Lewis y MayWoosSimons, dirigentes estadounidenses y donde se propuso la creación del Día Internacional de la Mujer.

El acuerdo respectivo señalaba que se dedicaría un día especial a las mujeres para promover el sufragio entre las obreras como parte central de una lista de otras reivindicaciones.

A pesar de que los primeros avances por la igualdad de género se debieron a la fuerte explotación laboral de la mujer, hoy las condiciones de la mayor parte de las trabajadoras en México no han cambiado en esencia; datos oficiales revelan que sólo el siete por ciento de 42 por ciento de las mujeres que trabajan son autosuficientes.

Salud y mujer

Sentada frente a una pared de vidrios polarizados, María Elena, de 75 años de edad, trata de coser un costal que esta noche cubrirá su endeble cuerpo. Aunque ocupa más de la mitad de la calle Amberes, una de las más transitadas de la Zona Rosa de la Ciudad de México, para miles de personas ella es sólo un fantasma. “No siempre se vive como uno quiere”, dice.

Tiene tres hijos, pero todos se olvidaron de su existencia; vive ahí desde que ya no pudo seguir pagando la renta del cuarto que ocupaba “en algún lugar de la ciudad”; ella se enfermó y no pudo seguir vendiendo dulces, la echaron a la calle. Fue así como llegó a Amberes hace un mes, donde vive a la vista de todos y donde sólo de vez en cuando algún transeúnte le avienta una moneda, le regala un taco o alguna prenda.

Datos oficinales del Consejo Nacional de Población (Conapo) señalan que en julio de 2015 México tenía una población de 121 millones cinco mil 815 personas, de las que 61 millones 954 mil 977 eran mujeres (51.2 por ciento). El mismo estudio señala que las mujeres en México tienen un promedio de vida de 77.68 años, mayor que el de los hombres.

Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de Salud (OMS), cada 30 segundos, en alguna parte del mundo, fallece una mujer por cáncer de mama. En el caso de México, el Instituto de Cancerología dice que en promedio esta enfermedad cobra 15 víctimas diarias y que las cifras continúan en aumento.

“De 18 mil a 20 mil casos nuevos de cáncer de mama se diagnostican cada año, y se registran alrededor de cinco mil 600 fallecimientos anuales y aproximadamente 70 por ciento llega en etapas avanzadas”, señalaron médicos de la institución.
Aunque Elena, no sabe que pertenece a estas estadísticas, reconoce q00ue en esta calle no durará mucho (ni en ningún otro lado), pues a pesar de buscar algún alimento, le es casi imposible sostenerse en pie debido a una fractura que sufrió al resbalar de una barda que le dejó la pierna izquierda casi inmovilizada.

Falta mucho por hacer: Semillas

A pesar de que han existido avances por tratar de igualar los derechos de todos los seres humanos, aún falta mucho por hacer; el trabajo que está por delante es demasiado grande.

En este sentido, Érika Tamayo Gómez, miembro activo de la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer, A. C. (Semillas) explica que el trabajo por la igualdad de género en nuestro país es muy grande todavía y que aunque se pelee por una igualdad de género, también se deben defender otros derechos, o por lo menos decir que la situación en materia de derechos está mal, no por la igualdad sino por las condiciones en las que viven los mexicanos más desamparados.

“En política y en los derechos de la mujer han habido avances importantes. Por ejemplo, antes las mujeres no podíamos votar. Finalmente tendemos a pensar que la igualdad ya se consiguió; creemos que lo que miramos en nuestro entorno inmediato es lo que pasa en el país.

Por ejemplo, si comparamos la Ciudad de México con otras comunidades, el parangón carece de sentido; en Chiapas hay comunidades indígenas donde el matrimonio infantil sigue existiendo; hay niñas de 12 años que son entregadas en matrimonio a cambio de una vaca. En muchas comunidades indígenas, las niñas no pueden ir a la escuela sólo por haber nacido mujeres, sus familias creen que no lo necesitarán porque cuando crezcan van a dedicarse a la casa… La igualdad, entonces, está lejos de conseguirse, aunque ha habido avances indudables.

Sin embargo, las condiciones de las mujeres en nuestro país son muy diferentes, en una comunidad indígena una mujer que se embaraza tiene tres veces más posibilidades de morir en el parto que una mujer no indígena. Hay una deuda pendiente no sólo de equidad entre mujeres y hombres, sino también de que todas las mujeres puedan tener y acceder a todos sus derechos”, explicó Tamayo Gómez.

En este mismo sentido, María Leoba Castañeda Rivas, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que “la equidad de género está en el derecho, pero no tenemos una equidad de facto, porque en el país hace falta un tercer elemento: cultura política y cultura social.

Considero que es una igualdad mal concebida porque también se perjudicó a la mujer, se debe luchar por la equidad: las mujeres no somos iguales a los hombres, biológicamente somos diferentes, tenemos habilidades diferentes.

”Yo no pienso que sea una buena labor de las feministas a ultranza, aguerridas; no las crítico, cada quien piensa a su manera, pero creo que debe haber una complementación de lo que una persona hace frente a la otra, sólo así habrá equidad; se necesita una cultura de equidad y que las mujeres se reconozcan a sí mismas, puesto que hasta el momento hay mujeres que rechazan incluso la posibilidad de que exista una mujer presidenta, y yo estoy cierta de que eso ocurrirá”, puntualizó Castañeda Rivas.

Aunque las condiciones han cambiado del todo, aún sigue vigente el postulado de Federico Engels que señala “que la explotación de la mujer por el hombre es la más oprobiosa forma de explotación que conoce la historia humana y que es comparable a la explotación que sobre las clases proletarias ejerce la burguesía, la explotación del hombre por el hombre es más bien la explotación de la mujer por el hombre, es parte de la historia humana”.

¡Sea el primero en escribir un comentario!

---ooOoo---