La legalización de las drogas ¿Es oportuna? ¿A quién le sirve?

**Por Omar Carreón Abud


La legalización de las drogas ¿Es oportuna? ¿A quién le sirve?

La Crónica de Chihuahua
30 de julio, 12:31 pm

(El autor es Coordinador de la Dirección Nacional de Antorcha Campesina y dirigente en Michoacán, conferencista y autor del libro «Reivindicar la verdad».)

Estamos ante el intercambio de los temas de campaña, aunque no precisamente por equivalentes. Se dijo insistente y contundentemente que se cancelaría la construcción del aeropuerto en el lago de Texcoco y que sólo se reforzaría el existente con nuevas pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía, ahora se dice que habrá “foros públicos” para resolver el problema (no estoy muy seguro que las opiniones de los entusiastas pero legos en aeronáutica o en economía y costos de producción, vayan a servir de mucho) y, entre otras promesas más que se están adecuando a la elección ya ganada, se prometió que habría una amnistía para quienes hubieran cometido delitos contra la salud, esta debatida promesa, se está diluyendo y ya va también en “foros públicos” para discutirla y se complementa ahora con análisis abiertos para convenir una despenalización de las drogas.

A este último punto deseo referirme y compartir con mis posibles lectores algunas ideas al respecto que aparecen en un interesante libro que se llama “La trastienda de Trump” de Daniel Estulin y que podrían ayudar a tomar una posición más documentada. Empezaré por decir que si el consumo de drogas fuera una actividad estrictamente personal e íntima que no involucrara ninguna condición o circunstancia social, el problema estaría resuelto, se aplicaría simplemente la filosofía de que cada quien puede hacer con su vida un papalote y echarlo a volar. Pero, como bien se sabe, no hay ninguna actividad humana que se desarrolle al margen de la sociedad, son consecuencia de procesos sociales y sobre ella recaen por muy personales que aparezcan. Tal es el caso del consumo de los estupefacientes.

Los estupefacientes no han sido utilizados como elementos lúdicos inofensivos. Se han aprovechado para contener y desviar la ira social causada por la desocupación, la pobreza y todas sus espantosas consecuencias. Se han usado también, con mayor intensidad y repercusión, para generar utilidades fabulosas, son un negocio de los más lucrativos del mundo. Apartar de la realidad a grandes masas y negocio redondo se complementan maravillosamente. Hoy, como consecuencia de la campaña de Donald Trump en contra de los opiáceos, las medicinas “legales”, con base en el opio, se ha sabido que existen poblados pequeños en varios estados de la Unión americana, en los que la situación de sus habitantes es tan dramática como en una película de terror y hay investigaciones serias que permiten concluir que, en los últimos años, en esos pequeños poblados, algún día pacíficos e idílicos, en los últimos diez años, se han llegado a vender un promedio de hasta 30 tabletas diarias por habitante. Claro: Hay golpizas familiares, incestos, nietos del padre, homicidios y suicidios. Sobrecogedor.

Dice Daniel Estulin en su libro ya mencionado, en la página 73: “En 2009, después del casi colapso del sistema bancario occidental en 2008, Antonio María Costa, el entonces director de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, señaló que los bancos internacionales se habían vuelto dependientes de las drogas. Afirmó: ‘A muchos niveles, el dinero de la droga era el único capital de inversión en efectivo. En la segunda mitad de 2008, la liquidez era el principal problema del sistema bancario y, por lo tanto, el capital en efectivo se convirtió en un factor importante. Los préstamos entre bancos se basaban en dinero que provenía del tráfico de drogas y de otras actividades ilegales… Hay indicios de que algunos bancos fueron rescatados así’”. Y Esto lo está diciendo un altísimo funcionario de la Organización de las Naciones Unidas y, hasta ahora, no se sabe de nadie que se haya tomado la molestia de desmentirlo.

El mundo marcha hacia dejar de utilizar el petróleo y sustituirlo por gas, por electricidad y otras fuentes de energía, aquí se programa la construcción de tres refinerías. Cuando se terminó la muralla de Campeche, los piratas ya habían desaparecido. Pese a la campaña de prensa a la que los medios “atlantistas” tienen sometido a Donald Trump, el presidente norteamericano representa a una importantísima corriente que pretende rescatar al capital de su inminente debacle, se propone, para ello, llevar a cabo cambios que hasta hace poco parecían impensables, entre ellos, la política norteamericana contra las drogas. No dudo que haya quien piense que sus declaraciones de guerra contra la drogadicción no son más que demagogia; no pienso así: los daños a la población norteamericana son ya devastadores, son costosísimos, social y económicamente y, como se ve, el comercio de estupefacientes tiene contaminado y deformado al sistema bancario. México podría no estar leyendo correctamente los tiempos y marchar innecesariamente a contracorriente.

En este sentido, en el de la agresiva deformación del sistema bancario, Donald Trump prometió durante su campaña relanzar una nueva versión de la Ley Glass-Stegall que fue aprobada originalmente en 1933 durante el gobierno de Franklin Roosevelt, mediante la cual se separaría a los bancos comerciales de los de inversión, de esta manera, el gobierno sólo daría apoyo a las instituciones de inversión, mismas que tendrían prohibido participar en actividades especulativas. Se dice que Donald Trump está esperando las elecciones de noviembre en las que piensa aumentar su fuerza legislativa con el fin de asegurar la aprobación de la mencionada ley, lo cual, sin duda, cambiaría radicalmente el modelo de producción capitalista que ha estado en boga desde que se abolió el Estado del bienestar y se adoptó el libre mercado.

Daniel Estulin culmina el tema con unas líneas importantes para la reflexión: “Así, no debería sorprendernos que la guerra contra las drogas del presidente Trump proporcione una razón más para la histérica campaña del “Imperio de la droga” de Londres para derrocar a Trump. Una desestabilización como las “revoluciones de colores” dirigidas por George Soros contra naciones de toda Europa, África, Oriente medio y Sudamérica está siendo dirigida ahora contra el gobierno de Estados Unidos, dirigida por la City londinense, sus filiales en Wall Street y sus medios comprados”. Y esos serían los beneficiarios de la implantación en México del “lassez faire, lassez passez”, en cuestión de estupefacientes.

Para este tipo de temas, controvertidos, pero muy importantes y decisivos para el futuro de la lucha de los pueblos, me son útiles las palabras que al inicio del Prólogo a la Crítica de la razón pura, escribió Emmanuel Kant: “La razón humana tiene, en una especie de sus conocimientos, el destino particular de verse acosada por cuestiones que no puede apartar, pues le son propuestas por la naturaleza de la razón misma, pero a las que tampoco puede contestar, porque superan las facultades de la razón humana”. Queda aquí sintetizada la gnoseología de Kant, el fenómeno y el noúmeno, la posibilidad de conocer, pero sólo la superficie de los fenómenos, no su esencia misma “porque superan las facultades de la razón humana”. Nosotros, apoyados en la fuerza de otro gigante, nos adherimos a la concepción dialéctico-materialista, no nos arredramos y seguimos penetrando, conociendo, aunque a cada nueva conquista encontremos nuevas fortalezas que vencer y derribar; siempre.

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