La gran estafa del INAES en Coahuila

**La historia de cómo un par de embaucadores con ayuda del INAES estafaron a familias de Parras con la promesa de hacerlos millonarios. Hipotecaron sus casas, pidieron prestado en Elektra, vendieron carros, motos y hasta borregas, para pagar por la gestión de sus proyectos que nunca fueron aprobados


La gran estafa del INAES en Coahuila

La Crónica de Chihuahua
Julio de 2016, 22:00 pm

Tenía tanto carisma, tanta personalidad, tanta labia y seguridad en sí mismo, un encanto de hombre que…la gente de Parras no pudo evitar caer en su trampa.

“Y sí, le verdad es que si usted escucha, ve y conoce a esta persona, pudiera creerle lo que dice”, narra Ana Luisa Sáenz Martínez, una de las víctimas.

Para cuando acordaron ya estaban departiendo con él en una fiesta que ellos mismos le habían preparado con mariachi, barbacoa, frijoles charros, vino y muchachonas, en una huerta sin nombre de la calle Guerrero.

Y qué importaba lo que gastaran, al fin y al cabo el señor aquel iba a recompensar sus sacrificios con millones, eso dijo.

Se había presentado en el pueblo de Parras como Alejandro Velázquez Garibay, licenciado en comunicación, enlace del Instituto Nacional de Economía Social, (INAES) en la ciudad de México y más que amigo de la titular Narcedalia Ramírez Pineda.

“Llegó dejando muy en claro que era un hombre rico, influyente, un hombre con poder. Él siempre dijo, ‘tengo muy buena relación, entro como entrar a mi casa en las oficinas del INAES’, y bueno pues nosotros le creímos”, relata Ana Luisa Sáenz.

Un coyote de lo más fino, cuenta Juan Antonio Monsiváis Martínez, quien se dice estafado:

“Un defraudador profesional, un coyote, nomás que este coyote es fino, porque tiene todos los contactos necesarios, posibles y organizados, para que todo parezca real y la verdad no sé si rayamos en lo pendejo pero…”.

Los de Parras lo supieron demasiado tarde, justo cuando el “coyote fino” huía con su presa: los cuatro millones 120 mil pesos, ellos dicen que fue más, que habían juntado de vender una moto, unas borregas, un carro; de sacar sus ahorritos, de pedir un préstamo en Elektra o de hipotecar su casa.

Cuatro millones 120 mil pesos que ellos le dieron en la mano.

A los de Parras los durmieron.

Su drama se parece mucho a una de esas novelas de Jorge Ibargüengoitia, con sus típicos pueblos llenos de gente cándida, inocente, sencilla, incauta, fácil de embaucar.

Sólo que ésta no es ninguna novela, pasó.

Y ahora el pueblo entero se ríe de ellos.

“Tienen razón en reírse de nosotros porque fuimos bien confiados. Nunca nos había pasado una cosa de éstas”, dice María Elena Herrera Hernández, otra afectada.

Esta historia, con tintes de tragicomedia mexicana, comenzó a finales de junio de 2014, el día que un forastero que dijo llamarse Francisco Javier Silva Maldonado llegó a Parras con el cuento de que era ingeniero civil, gestor del INAES y traía la orden de financiar, a fondo perdido, proyectos productivos de corte agrícola en Parras, por un monto de cinco millones de pesos, cada uno.

Una oferta que nadie podía, pudo, resistir.

Lo único que la gente tenía que hacer era organizarse en grupos y aportar, entre todos, o de manera individual, una cuota de 40 mil pesos.

A cambio cada uno de estos grupos recibiría del gobierno, del INAES, en el corto plazo, cinco millones de pesos constantes y sonantes.

Sólo que de esos cinco millones, aclaró Javier Silva, se descontaría un millón y medio para su jefe, el gestor del INAES en la ciudad de México de nombre Alejandro Velázquez Garibay quien, por cierto, en 2015 fue acusado de pertenecer a un red de corrupción, tras declinar su candidatura por el Partido Humanista a la delegación Miguel Hidalgo de la Ciudad de México, en favor del PRD a cambio de cuatro millones pesos.

“El mismo Alejandro decía que de los cinco millones, uno y medio eran para todo el procedimiento: proyectistas, las mordidas que tenía que dar en el camino y demás con gente del INAES y que 500 mil pesos por proyecto eran pera él. Entonces se veía muy sincero, porque luego uno puede decir, bueno, ‘¿cuál es el interés de él?’, él lo decía, ‘a mí me quedan 500 mil pesos por proyecto’, Ah, pues perfecto”, cuenta Ana Luisa Sáenz.

Recibidos los tres y medio millones de pesos, el grupo se repartiría el dinero de acuerdo al porcentaje que hubiera aportado cada quien.

Quién iba a pensar que se trataba de una farsa.

De los 40 mil pesos que estaban obligados a aportar los grupos a fin de tener derecho a los tres millones y medio de pesos, explicó después Alejandro Velázquez, 30 mil serían para pagar los servicios de un tal Max Corres, el supuesto encargado de elaborar los proyectos en el INAES, y del que hoy se sabe fue nombrado en 2013 miembro del Consejo Consultivo del Instituto, puesto que alternó con el de dirigente de la Central Campesina Cardenista.

Los grupos debían depositar los 30 mil pesos en dos cuentas de Banorte: la primera a nombre de la señora Victoria Navarro Amaya, la presunta ex esposa de Velázquez Garibay; la segunda a nombre de éste.

Y así lo hicieron.

El resto del dinero, 10 mil pesos, se destinaría a los gastos de avión, hospedaje y alimentación, del propio Alejandro Velázquez Garibay en sus vistas a Parras.

Una vez realizadas estas operaciones, cada uno de los grupos recibiría sus tres millones y medio de pesos en un lapso no mayor a tres meses.

Ese dinero nunca existió, no existe.

Al principio se formaron seis grupos y luego, como por generación espontánea, otros seis y otros seis y otros y otros y otros, hasta que se completaron 103 grupos que aglutinaban a entre 330 y 350 personas, la mayoría originarias de la cabecera municipal de Parras, otras de ejidos.

103 grupos de a 40 mil pesos hace un total de cuatro millones 120 mil, que la gente de Parras puso en la mano del “coyote fino”, sin saber lo que hacía.

Cuatro millones 120 mil pesos, una fortuna que muchos en el pueblo de Parras han visto en su vida y tal vez no verán jamás junta.

Cuatro millones 120 mil pesos que nadie en Parras sabe dónde están.

Es que nomás de pensar en lo que podía hacer con tres y medio millones de pesos en la bolsa, el pueblo se ilusionó:

Comprarían nogales en pie o una máquina para pelar nueces, soñaron algunos; equiparían su taller de tornos o pondrían una lavandería de mezclilla, imaginaron otros; se harían de un tractor nuevo o un puesto de carnitas, se figuraron unos cuantos; pondrían un negocio de venta de tamales o dulce típicos, fantasearon varios.

“Ya tenemos el antecedente de que no es cierto que cualquier persona puede obtener un recurso, no es cierto ¿Quiénes los obtienen?, los políticos. Entonces yo dije ‘si este señor es tan influyente con las personas de más arriba, que son las que sueltan los recursos, pudiera ser’, lo creí. Por eso las personas nos ven como ‘ay cómo se pudieron dejar engañar, o sea, qué tontos’, no nos lo dicen, pero con su actitud… Y yo les digo que el que no conoce estos tipos, los compra…”, declara Ana Luisa Sáenz Martínez.

La razón de este derroche millonario, les dijo Javier Silva, el subordinado de Alejandro Velázquez, era que un monto considerable de recursos, correspondiente a los años 2012 - 2013, se había quedado en el INAES sin ejercer, y el deseo de Narcedalia Ramírez, la directora nacional de este dependencia, era que parte de ese dinero se repartiera en Parras, que fuera para la gente de Parras.

Sería la ambición, sería la necesidad de los aldeanos del pueblo mágico, que a la sazón sufría los estragos de la huelga de la Fábrica “La Estrella” y del empleo mal pagado, que muchos cayeron en las garras del “coyote fino”.

“Si tú los conocieras, si tú platicaras con ellos, me cae que caes y les sueltas los 40 mil, así rápido. Si platica con Velázquez te vas a quedar chiva. Javier Silva es otro hombre que está muy bien estudiado, asesorado para hacer este tipo de cosas, porque al momento que platicas con él te convence de que, en primer lugar, el dinero es a fondo perdido, no vas a pagar nada, en segundo lugar dice ‘Alejandro Velázquez tiene una amistad muy estrecha con la maestra Narcedalia, esto viene directo del INAES”.

Insiste Gerardo Bracho de León, el líder municipal en Parras de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, (CNPA), y otro de los defraudados.

La trama, digna de un filme surrealista, es un margallate.

La cuestión es de que cierto día de mediados de 2014, Alejandro Velázquez Garibay y su cómplice Francisco Javier Silva Maldonado, se apersonaron en el pueblo Parras pregonando que traían las carteras gordas de millones del INAES para repartir.

“Su bandera era, ‘tengo una excelente relación con la directora del INAES, que es la maestra Narcedalia Ramírez’, relata Ana Luisa Sáenz Martínez, otra de las quejosas.

A partir entonces los viajes de Velázquez Garibay, de la capital del país al pueblo mágico se volvieron cada vez más frecuentes.

La gente se había acostumbrado, por mandato de Javier Silva, a traer a Velázquez desde el aeropuerto de Monterrey y recibirlo en Parras con una comida en la sede de la CNC o un fiestón en una huerta de la calle Guerrero.

Todo, claro, por cuenta del pueblo.

“Tráiganle mariachi y hay que conseguirle unas muchachonas y vino, pa que el jefe se vaya contento’, ordenaba Silva Maldonado.

Después de las fiestas, la gente ya le tenía reservada una habitación en el hotel Pueblo Viejo o el Tacita de Plata, que incluía dama de compañía porque a Velázquez le daba miedo dormir solo y al patrón había que tratarlo bien pa que soltara pronto unos de esos milloncitos que tanto prometía.

“Hasta chicas malas le trajeron, formaron una comisión pa que fuera por ellas a Saltillo y a Monterey… Que las quería bonitas y baratas”, narra Gerardo Bracho de León.

Entretanto Francisco Javier Silva Maldonado, el compinche de Alejandro Velázquez, y que ahora se sabe, por pesquisas de los propios afectados, armó un fraude parecido con mineros de Zacatecas, se había mudado a un cuarto del Albergue Campesino de la CNC, en Parras, desde donde operó durante dos años, viviendo a costa de sus víctimas.

“Como yo trabajo en la CNC pues ahí lo conocí y con el paso de los días él me empieza a invitar a que entre en esos proyectos, ‘ándele señora’, le digo ‘no, es que yo no tengo dinero para entrar con esa cantidad’, ‘no - dice - usted me puede dar de 200, de lo que pueda, hasta que junte la cantidad que usted más o menos… Por cada mil, le voy a dar 85, 82 mil pesos.

“Yo le lavaba, lo planchaba, la hacía de comer y sin sueldo, porque él no me pagaba. Como yo hago comida, vendo tamales, me decía ‘ya usté va poder comprar su cocina, sus tamaleras especiales y aparte, cuando ya salga el dinero, la voy a ayudar, yo le voy a poner su cocina, se la voy a acondicionar y le voy a regalar 50 mil pesos, pero junte, mire, invierta’”, platica Ana Patricia Sánchez Pineda.

Otra comisión se encargaba de llevar al ingeniero Javier Silva a Monterrey los fines de semana, surtirle la despensa a familia, que radica allá, y traerlo de vuelta a Parras en lunes en la mañana.

“Yo le daba mil pesos por semana para que comiera y le llevaba barbacoa los domingos, con tal de que siguiera apoyando los proyectos”, cuenta Mario Dávila Rodríguez, uno más de los engañados.

“Andábamos con la ilusión – dice Gerardo Bracho - de que ya iba llegar el dinero y entonces él decía ‘ustedes denme, yo como quiera cuando ya esté el apoyo, les voy a echar la mano’, y hasta ahorita”.

Pasaron los meses.

Y cada visita de Alejandro Velázquez al pueblo de Parras era repetir el mismo guion: ir a recogerlo al aeropuerto de Monterrey y recibirlo con una comilonga en las oficinas de la CNC o un festejo en grande con carne asada, cerveza, música y chamaconas, en la huerta de la calle Guerrero.

En estas reuniones, Alejandro Velázquez aprovechaba para seguir despojando de su dinero a la gente de Parras, ofreciendo más apoyos ficticios de tres millones y medio de pesos, a cambio de una cuota de 40 mil.

“La última vez que lo vi me dijo ‘mete otros 40 mil pesos para otro recurso’, le dije ‘nombre licenciado yo no tengo dinero, de dónde te los doy’, dice ‘ándale mira que la semana que entra ya van a llegar’ y que no sé qué, ‘yo te paso uno de mis folios’, le digo ‘no tengo dinero licenciado, si tuviera te los daba, ¿tú crees que no quiero tres millones de pesos, pero no tengo’. Ese día andaba mi hijo conmigo y le digo ‘mijito, ¿cómo ves?, que otro apoyo, que no sé qué’, dice ‘si tienes con qué, dáselo’. Traje al señor a mi casa y en la mano le di 30 mil pesos”, detalla Ana Luisa Sáenz.

“El licenciado Alejandro, – abunda Ana Patricia Sánchez Pineda, otra víctima –, hablaba por teléfono para decir que él tenía más apoyos, que buscáramos más gente y ahí andamos, buscando gente que de a 500, lo que pudieran, para completarle los 40 mil pesos y depositárselos”.

Es que todo parecía tan real, tan verosímil:

La visita a Parras del delegado del INAES en Coahuila, Miguel Ángel Sáenz Pérez, acompañado de Alejandro Velázquez y Javier Silva, para hablar sobre estos proyectos.

El viaje de una comisión del pueblo mágico para conocer las oficinas del INAES en CDMEX, y asistir a una conferencia sobre proyectos productivos con un señor Antonio González que, ahora saben en Parras, se hizo pasar por director operativo de la dependencia, no dejaba lugar a dudas.

“Este señor González nos hizo ver que los proyectos ahí estaban, que lo único que faltaba para que los recursos se liberaran era certificarlos y la certificación de cada proyecto costó dos mil 500 pesos, a parte de los 40 mil”, dice Gerardo Bracho.

Fue un espectáculo, un show, bien montado en el que actuaron funcionarios públicos.

Habla Ana Luisa Sáenz Martínez:

“Miguel Ángel Sáenz, vino por órdenes de su jefa, la maestra Narcedalia Ramírez. Alejandro Velázquez y él no se conocían”.

La secunda Gerardo Bracho de León:

“No se conocían, se conocieron en el aeropuerto de Torreón, ahí lo estuvo esperando Miguel Ángel, por órdenes la maestra Narcedalia”.

La cosa es de que de los millones y millones que el “coyote fimo” había prometido repartir entre el pueblo de Parras, nomás nada.

“No fue nada más a nosotros a quienes fregó, se fregó a toda mi familia, a mis hijos, a gente a la que le pedimos prestado, a mi mamá, a mis parientes”, dice Juan Antonio Monsiváis Martínez.

Y Alejandro Velázquez diciéndole al pueblo que se calmaran, que se calmaran, que ya nomás faltaba abrir unas cuentas en la sucursal Bansefi de Saltillo, para que el INAES les depositara el dinero.

“Todavía tuvimos que invertir otros 50 pesos para abrir esa cuenta, ir hasta Saltillo porque aquí no hay Bansefi”, dice Ana Patricia Sánchez Pineda.

Sólo después de un año y medio de la llegada de Velázquez y Silva a Parras, fue que la gente empezó a maliciar que los coyotes aquellos le habían jugado chueco.

El pueblo despertó, se crispó y comenzó a reclamar, a presionar.

“En una reunión dice Velázquez ‘acabo de hablar con la maestra Narcedalia, anda en Paris, pero dice que todo va marchando muy bien, que para tal fecha bajan ya esos recursos’. Inclusive las palabras de él eran ‘la tengo comiendo de mi mano’”, cuenta Ana Luisa Sáenz.

Pero el pueblo ya no le creyó.

Para convencer a la gente Alejandro Velázquez Garibay envió, vía Whatsapp, varias fotografías donde aparecía abrazando por la espalda a la directora nacional del INAES, Narcedalia Ramírez Pineda, y algunas más donde se le veía acompañándola en algún evento institucional.

“Decía que la señora tiene una hija de él, una niña de cinco años. Entonces realmente hay una relación sentimental entre ellos y ella siempre ha sabido lo que el señor hace”, advierte Ana Luisa Sáenz Martínez.

Las visitas de Alejandro Velázquez al pueblo mágico se hicieron cada vez más distantes, hasta que de plano ya no volvió.

“De primero venía cada 15 días, después ya se fue a 20, un mes, mes y medio, dos meses hasta que ya no volvió. Cuando se le cayó el teatrito dijo que no conocía a nadie y que le hiciéramos como quisiéramos. Varios compañeros le pedimos que nos regresara el dinero, él en varias ocasiones dijo ‘yo no estoy muerto de hambre, puedo regresarles su dinero al que quiera. Yo dos millones los traigo en la bolsa’. Le dije ‘entonces dame lo mío, no hay ningún problema‘. Hasta ahorita no he visto ni un cinco y ya estoy hasta la madre de estos cabrones”, narra Horacio Alberto Ramos Martínez.

Javier Silva, el achichinque de Velázquez, simplemente se esfumó como el aire.

“Pero se llevó un carro Chevrolet 2014 de un señor Valentín Torres Herrera, al que le pagó una parte con el dinero que aportamos pa los proyectos. Le dio 50 mil pesos del dinero que puso la gente y le dijo que ya cuando llegara el recurso del INAES le iba a pagar el resto, pero al señor ya se le hizo venado, se fue con todo y carro”, dice Gerardo Bracho.

Desde noviembre pasado la gente de Parras solicitó una audiencia con el gobernador Rubén Moreira, para ponerlo al tanto de la situación y pedir su intercesión en este asunto. Hasta ahora no ha habido respuesta...

Entonces el pueblo llevó el caso ante la Contraloría Interna del Instituto Nacional de Economía Social, en la Ciudad de México e interpuso 70 demandas en la Procuraduría General de Justicia de Parras, todas en contra de Alejandro Velázquez Garibay, Francisco Javier Silva Maldonado y Narcedalia Ramírez Pineda, por el delito de fraude y lo que resulte.

Como elementos de prueba los denunciantes presentaron los bauchers de los depósitos que realizaron en las cuentas de Banorte a nombre de Alejandro Velázquez y su ex esposa Victoria Navarro; fotografías, así como sus recibos de apertura de cuenta en Bansefi, donde supuestamente INAES les haría llegar los recursos.

Las denuncias no han prosperado.

“En México, lo comprobamos, aun y cuando haya demandas, la justicia no existe para ciertas gentes”, recrimina Juan Antonio Monsiváis Martínez.

Hace dos meses que el pueblo designó de nueva cuenta a una comisión para que viajara a la ciudad de México y se entrevistase con la titular del INAES, Narcedalia Ramírez, en torno a este fraude.
Esta vez los acompañó el dirigente nacional de la Coordinadora Plan de Ayala, José Narro Céspedes y Alfonso Vaquera, el representante legal de los afectados.

De nada sirvió.

“Ella se lavó las manos, que no tiene nada que ver, que no mete las manos por nadie, que sí conoce Velázquez Garibay, pero que ella no está al tanto de este problema. Al final quedó muy formalmente que nos iba a regresar el dinero a los que denunciamos, dijo ‘no pasa una semana sin que les regresen su dinero’. Hasta la fecha no hay nada, nada”, dice Gerardo Bracho.
Vanguardia

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