Industria: la asfixia de ser obrero en México

**La falta de oportunidades laborales orilla a la mayoría de los mexicanos a aceptar regímenes de trabajo muy extenuantes, que no ofrecen ninguna perspectiva de mejora porque la economía se halla estancada.


Industria: la asfixia de ser obrero en México

La Crónica de Chihuahua
24 de enero, 06:15 am

Laura Osornio y Adamina Márquez/
Buzos de la Noticia

Ciudad de México.- Adriana D. describe el trabajo como obrera en una de las unidades industriales del Grupo Ortiz, uno de los más grandes fabricantes de arpillas de Latinoamérica. “Es muy cansado; son ocho horas, parece poco, pero estar parada todo ese tiempo, es realmente agotador, el ruido de las máquinas es ensordecedor y el calor es asfixiante”.

Además –continúa– solo nos dan 20 minutos para comer. De ahí en fuera no podemos sentarnos ni perder el tiempo; es un ambiente muy pesado. Ya cuando uno llega a la casa, lo único que quiere es descansar y no hacer nada; pero no se puede, hay que limpiar, hacer comida, lavar el uniforme, ropa, el quehacer de la casa nunca termina.

Adriana tiene tres hijos que debe sacar adelante y esta responsabilidad la obliga a realizar un trabajo que le desagrada no tanto por lo que hace –a ella le toca armar arpillas– sino por lo agotador que resulta. Pero no puede renunciar a dicha plaza de trabajo.

“El dinero no siempre es suficiente y menos para uno que quiere darles lo mejor a sus hijos. Cuando eran chicos y yo más joven era más fácil para mí doblar turnos y de ahí salía dinero extra, pero como consecuencia de ese dinerito de más tenía que dejarlos solos casi todo el día: era una preocupación muy grande saber que no había nadie en casa más que ellos tres. Ahorita ya están grandes y las cosas han cambiado, pero ahora, cuando doblo turno, apenas puedo llegar a casa. Es muy pesado y cansado, a veces por estar tanto tiempo ahí encerrada siento mucha desesperación”.

La falta de oportunidades laborales y de preparación educativa orilla a la mayoría de los mexicanos a aceptar estos regímenes de trabajo. Y esta situación, no obstante las experiencias de lucha laboral, social y política en otros países, no ofrece ninguna perspectiva de mejora porque la estabilidad económica se halla estancada o en retroceso.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en México calcula que existen 55.6 millones de trabajadores asalariados. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) detalla que el 24 por ciento de esta población, es decir, 13.8 millones, trabaja en el sector secundario, en el que están incluidas las industrias de la transformación y extractivas (minería y petróleo).

A decir del especialista Peter Mertens, el sistema de clases continúa dividiendo a la sociedad en dos grupos: explotados y explotadores; es decir, propietarios de fábricas y trabajadores que laboran dentro de estos centros industriales. En este modo de producción solo una clase aporta el trabajo productivo y genera riqueza para la sociedad.

En su libro La clase obrera en la era de las multinacionales, Mertens dice: “Ahí es donde reside, precisamente, el papel de la clase obrera como actor del cambio histórico. Los trabajadores productivos están en el centro de la producción y se enfrentan cada día a la contradicción entre trabajo y capital. Están mejor situados, por consiguiente, para entender la esencia de este sistema”.

Sin embargo, Adriana tiene poco tiempo para pensar que podría jugar un papel activo e impulsar un cambio histórico. La fatiga y la impaciencia por terminar el turno e irse a casa a realizar sus labores domésticas absorben su tiempo. “En la fábrica hay tres turnos; yo trabajo una semana en la mañana y otra en la tarde. Antes trabajaba de noche también, pero por un problema de salud no puedo y no debo desvelarme, por lo que normalmente solo trabajo dos turnos y siempre de lunes a sábado”.

Su trabajo como obrera la obliga a levantarse a las cuatro y media de la mañana, pues en la fábrica su pase de lista es a las 6:00; “y si no llego a la hora marcada me descuentan de mi salario y puedo perder la despensa que nos dan o también, de plano, me pueden regresar a mi casa y pierdo el día”.

Ocho horas después comienza su segundo turno, el de la tarde, cuando entra a las 14:00 y sale a las 21:30. Así, con dos turnos por día, se pasa la semana. Seis días en los que vive prácticamente en la fábrica del Grupo Ortiz, ubicado en Morelia, Michoacán.

Así como Adriana, en México hay casi 14 millones de trabajadores del sector secundario; es decir obreros que trabajan en industrias de la transformación de materias primas y de embalaje de partes y que son, como afirma Mertens, quienes generan la riqueza en las fábricas.

El año pasado, este sector generó 15 billones 284 mil 294 millones de pesos del Producto Interno Bruto (PIB), monto con el que podrían construirse 180 aeropuertos internacionales como el Felipe Ángeles que está edificándose en la base militar de Santa Lucía. Statista, plataforma de datos empresariales, señala que, a finales del segundo trimestre de 2021, el sector de la industria manufacturera contribuyó con el 17.7 por ciento del PIB de México.

Sin oportunidad de defenderse

El 20 de agosto de 2019, un fuerte incendio en una fábrica de plástico de la ciudad industrial en Morelia provocó el desalojo de los obreros y de los habitantes de casas, empleados de empresas y estudiantes de las escuelas más cercanas al sitio siniestrado.

Algunos trabajadores fueron reasignados a otras plantas, pero la mayoría fue enviada a una bodega, donde según un extrabajador se guardaba maquinaria y cosas no funcionales de otras fábricas: “era un lugar que no estaba adecuado con las medidas de seguridad que debería tener, además de ser insalubre; es una zona muy polveada y sucia, se mete el agua cuando llueve y hay animales; fueron varias las personas que salimos varias veces con ronchas de ese lugar y los superiores no hacían nada”.

Mediante capturas de WhatsApp, el extrabajador denunció el maltrato que recibió del personal de recursos humanos y cómo sus compañeros eran amenazados si no llegaban a laborar. También registró el disgusto de éstos por el incumplimiento del pago de salarios. La siguiente es una muestra de las inconformidades:

“Estuve hoy ahí para cobrar desde la una de la tarde ya que yo estoy en otra planta, pasaron cuatro horas y al último Tania (de recursos humanos) nos dijo que hasta el lunes… que porque ya no había tiempo y que era muy tarde… entonces??? Por qué no se ponen de acuerdo??? Somos muchos los que faltamos en recoger el cheque… entonces??? Yo creo que esto no es un juego”.

Otro trabajador escribió: “La verdad no es justo que nos traigan así”. Y una tercera dijo: “¿Por qué Tania nos cita a una hora y pide puntualidad y a nosotros nos hacen como les da la gana? Deberían también ser puntuales para pagar y no hacernos esto, porque sin duda es una falta de respeto”.

Estos abusos enfrentan muchos obreros mexicanos en todas partes. “Los patrones lo único que dicen o con lo que se justifican es con que ‘nadie trabaja a fuerza’, cuando en realidad la mayoría de ciudadanos tenemos necesidad de trabajo y es por eso que uno se calla muchas cosas y aguanta otras; a mí me quedaron a deber cerca de nueve mil pesos de un trabajo que fui a realizarles, pero no me pagaron y no creo que me paguen, tiene años de eso y por más que voy, siempre es lo mismo”, dijo a buzos José Luz Andrade, otro trabajador de la fábrica.

Hechos como éstos dieron origen a los movimientos obreros en el mundo. En México, la vulnerabilidad de los trabajadores industriales se ha generalizado a causa de las nuevas estrategias de organización en los procesos fabriles que están provocando la reducción, dispersión y desagregación de las plazas de trabajo, que a su vez han propiciado una baja en la densidad sindical autónoma.

La reforma laboral de 2019, por ejemplo, que promovió el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), obliga a los trabajadores a proporcionar sus datos personales para respaldar su contrato colectivo y si no cumplen no es validado. Pese a ello, los obreros se niegan a entregar sus datos personales porque temen ser perseguidos o intimidados por las autoridades federales. Entonces se arriesgan a quedarse sin contrato colectivo y a expensas de las decisiones patronales.

“¿Qué pasa? Que como no hay el respaldo con los datos personales del 30 por ciento de los trabajadores que conforman ese sindicato, entonces no se aprueba su contrato colectivo y los obreros se tienen que arreglar de manera personal con los patrones para establecer su salario y sus horas de trabajo, etc. Es decir, se está diezmando la organización sindical”, explicó a buzos Jesús Valencia Mercado, secretario general de la Confederación Revolucionaria de Trabajadores (CRT).

Según el investigador Adalberto Rodríguez Reyna, en el mundo se está consolidando la desregulación del trabajo a través de un nuevo modelo de relación obrero-patronal para definir salarios, formas de contratación, jornadas de trabajo y aun funciones laborales.

Valencia Mercado coincide en ese punto y afirma que los obreros están cada vez más desamparados y que desde hace varios años las reformas laborales promovidas por los gobiernos mexicanos han propiciado la dispersión de los obreros a fin de limitar su lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo.

“Por ejemplo, la eliminación de la impartición de la justicia en forma tripartita, que es de lo que se encargaban las Juntas de Conciliación y Arbitraje, excluyó de la resolución de los problemas obrero-patronales tanto a los trabajadores como a los dueños de las fábricas. Desde 2017, con la reforma a los artículos 123 y 107, quienes deciden sobre los conflictos son los tribunales dependientes del Poder Judicial, que la mayoría de las veces resuelven los casos en favor de los patrones. Otra vez se deja a los obreros indefensos”, dijo el secretario general de la CRT.

Para Valencia Mercado, el actual modelo de impartición de justicia laboral tiene nuevos candados con la finalidad de que los trabajadores puedan ejercer la democracia, pero parcialmente. Además, la nueva legislación laboral tiene serias limitantes que impiden a los trabajadores manifestar libremente su opinión tanto en la aprobación de los contratos colectivos de trabajo y las revisiones salariales, como en la elección de las mesas directivas de sus sindicatos.

Morir prensado

El 13 de agosto de 2012 José Manuel, un trabajador de la empresa Grupo Ortiz, falleció a causa de la explotación laboral que padecía y de la falta de medidas de seguridad necesarias para evitar los riesgos de trabajo. José Manuel quedó prensado en la maquinaria mientras realizaba maniobras durante una jornada anticonstitucional de 12 horas de trabajo.

Sus compañeros exigieron justicia y denunciaron públicamente que en esa fábrica había múltiples accidentes básicamente debidos a la fatiga derivada de las largas y extenuantes jornadas de trabajo a que eran sometidos. Dijeron que los jefes superiores de la unidad industrial les exigían aumentar la velocidad de las máquinas para obtener mayor producción a pesar de los riesgos a que los exponían.

Pero José Manuel no fue el primer obrero en perder la vida en esa fábrica, ya que otros trabajadores habían muerto en las mismas condiciones sin que las autoridades laborales competentes investigaran los accidentes de trabajo y sin que ninguno de los dirigentes o propietarios de las empresas fuera sancionado.

Ante esa situación, Janintzeran M. reveló a buzos que es cierto que a muchos trabajadores industriales los obligan a trabajar más de 12 horas al día: “Todo lo que se rumora de las fábricas es real, el trabajo es pesadísimo, pagan una miseria, y entre el pago de una casa pequeña y los gastos diarios obligatorios de la familia quedan hasta 500 pesos o menos para subsistir una semana”.

“Sí, hay prestaciones, pero son una mentada de madre y hay también Seguro Social, pero ya sería el colmo que ni eso hubiera, aunque sale lo mismo porque si uno se enferma los medicamentos los tenemos que comprar y es otro gasto y otro cuento de nunca acabar. No se vale que le descuentan a uno el seguro y éste debería reembolsar lo que se gasta en la compra de medicamentos cuando éstos no los hay, porque así la reducción del ingreso es doble”, denunció la obrera.

Janintzeran está consciente de que los dueños de las fábricas donde trabaja ganan millones de pesos: “entran y salen millones de ventas y el personal es el que recibe poco aguinaldo y poca atención. El sueldo no sube, pero eso sí te exigen que trabajes como si uno fuera su esclavo; te exigen una alta producción, se las das y no te beneficias en mucho; y si no se las das te pasan a perjudicar de una forma en la que para muchas cabezas de familia es desesperante, porque saben que con eso vendrá una disminución a tu sueldo semanal, una posible eliminación del bono anual o que no te den las despensas que normalmente es lo que ayuda a que haya atunes, aceites, sopas, gelatinas y papel de baño en casa”.

La realidad del trabajo obrero es complicada y para modificarla se requiere de la decisión y la participación de los obreros y sus sindicatos. Para Valencia Mercado, el cambio solo será posible si éstos y el gobierno trabajan de manera coordinada, uniendo esfuerzos frente a las políticas rapaces que son impuestas por los patrones nacionales y los gobiernos extranjeros, sobre todo de Estados Unidos.

“Mientras esta cuestión no se reforme y no se impida que los trabajadores estén en una situación de inestabilidad en su trabajo; es decir, que siempre tengan la amenaza de la parte patronal de correrlos, definitivamente no se avanzará porque el trabajador, antes que defenderse u organizarse o tomar cualquier otra acción, siempre verá si esas acciones no lo van a poner en el predicamento de ser despedido de su trabajo”, apuntó el dirigente sindical.