Historia que se escribe no con la punta de la pluma, sino con la punta de la lanza

CRÓNICA ESPECIAL


Historia que se escribe no con la punta de la pluma, sino con la punta de la lanza

La Crónica de Chihuahua
19 de junio, 15:22 pm

Por Texto: Donato Márquez

Me imagino a Ulises cuando llevado por el viento fue el primer griego en ver y conocer el océano. Ahora, imagine usted, estimado lector, el estupor de aquella persona que asiste por vez primera para contemplar con sus ojos esa mar roja e inmensa que se abre mientras camina entre la multitud. Ulises probablemente no pudo sospechar que más allá de esas aguas muy saladas y esos vientos bravíos había un misterio más inmenso, y sin nombre todavía. Aquí ocurre algo similar pero con una pequeña diferencia, que nuestro navegante sabe que asiste a la celebración del 30 aniversario del Movimiento Antorchista de Ixtapaluca.

Una organización que se ha ido abriendo paso a pesar de estar vigilada por monstruos de fauces siempre abiertas. Para muestra de un botón, ahí está el grupo mafioso que encabeza Armando Corona y sus secuaces, grupos caciquiles y medios de comunicación local, estatal y nacionales que en sus pequeñas cochiqueras, los cerdos gruñen inquisitivos sobre los fangosos restos de su bazofia, pero es otro cuento.

Los antorchistas ixtapaluquenses han transformado a Ixtapaluca y lo han convertido de una zona triste y sufriente, en un luminoso municipio progresista y digno; antes de la llegada de Antorcha, aquella parte del estado de México era nido de un cacicazgo que tenía sumida a la población en la basura, la violencia y en el control mafioso de todos los servicios públicos. Pero hoy Ixtapaluca es un municipio emblemático del progreso en todos sentidos, y es uno de los mejor gobernados en el estado. Puede ser constatado con tan sólo una visita y hacer un poco de silencio y se dará cuenta, como dijo León Felipe, de que esta voz que yo traigo está afinada en el justo tono del hombre. Esta es una de las razones de la celebración y un homenaje a los caídos en Citlalmina y del secuestro condenable de don Manuel Serrano Vallejo, padre de la inquebrantable luchadora social, Maricela Serrano Hernández, que se han convertido también en la vanguardia del antorchismo ixtapaluquense.

Poco a poco los invitados principales al evento, llegan en camiones, otros a pie y otros más en bicicletas, todos felices como aquel personaje de la película que lleva a su hijo y a su amada en bici para llegar más rápido a su destino, la vida es bella cuando uno asiste a participar en familia, a celebrar un acontecimiento histórico con sus hermanos de clase.

Mientras avanza la gente para colocarse en el lugar donde le indican los organizadores, un niño corre hacia su madre sin soltar su bandera, ¿Hay alguna mano limpia en el mundo que pueda levantar hoy orgullosa la bandera de la victoria? Sí, los infantes, que son el presente y el futuro.

Cientos de estudiantes y maestros hacen su arribo al escenario, que son testigos fieles e insobornables con que la filosofía antorchista aterriza sus tareas en el terreno educativo. Los jóvenes artistas sonríen y en sus rostros se vislumbra alegría, alegría, aquella hermosa chispa de los dioses, hija del Elíseo. Los organizadores les marcan el camino y ellos sin respiro van puntuales a la sala de espera.

Los iniciadores de este gran proyecto social en aquel “lugar donde se Moja la Sal”, llegan llenos de placer y entusiasmo, se equivocan quienes creen –dice Galeano- que los árboles jóvenes son los que dan más y mejor madera. Ahí están las sequoias, los árboles más grandes del mundo, que en California y otros parajes dan testimonio. Ellos, los majestuosos abuelos, pueden tener hasta tres mil años de edad y siguen generando dos mil millones de hojas y son los que mejor resisten seis meses de nieve y tormentas de rayos, y no hay peste que con ellos pueda. Tal vez algún día no puedan continuar en la batalla pero una generación nueva se está preparando para llevar este barco social por el rumbo correcto.

La fiesta inicia con un llamado a los cuatro vientos, la danza Azteca preparada especialmente para los asistentes por el grupo cultural del In Xóchitl In Cuícatl, quienes colorean el escenario son artistas hijos del pueblo, jóvenes que saben como pocos cuándo tocar los tambores al espacio y cuándo buscar otras cosquillas en el público y que con su arte, con su música y baile conmueven a los miles de antorchistas que observan detenidamente cada uno de sus movimientos y disfrutan de la belleza artística como se disfruta el aroma del buen vino de Palermo.

Preside este acto también, una de las mujeres más entregadas en la lucha revolucionaria, a quien el deseo le ha dado fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo. Una mujer que rema sin descanso. Maricela Serrano Hernández sube al estrado con un pieza de oratoria improvisada pero con palabras fríamente calculadas, la disertación conmueve a propios y extraños cuando sentencia “el pueblo tiene que hacer su propia lucha, tiene que hacer su propio camino de libertad”. El público lo despide agitando sus banderas verdes, blancas y rojas.

Toca su turno al inspirador, al guía y maestro de maestros, el ingeniero Aquiles Córdova Morán. Los maestros de ceremonia se apresuran en presentarlo frente a 80 mil antorchistas que rompen un estruendoso aplauso y gritan como un solo hombre “maestro, Aquiles, tú eres nuestro líder”. El constructor de la organización social más sólida e importante en la historia contemporánea de México, se acerca al micrófono, reposa unos segundos, y extiende su agradecimiento a sus compañeros presentes. El público, lleno de júbilo, guarda respeto y reina el silencio para escuchar paciente y atentamente el discurso. El análisis económico, político y social en el discurso es elocuente, claro y preciso. Asigna tareas inmediatas e históricas y el antorchismo presente acepta cumplir levantando las banderas.

El brindis final lo hacen los artistas del grupo cultural Macuil Xóchitl que han tenido una mañana de hamaca. Bailes, sonrisas, colores, zapateados, vuelos y aplausos. Termina el encuentro popular con unas palabras que llegan a todas partes “Antorcha con el pueblo triunfará”.

Así es como el Movimiento Antorchista Nacional escribe la historia que habrán de conocer los hijos de campesinos nobles, obreros, amas de casa, colonos y estudiantes, es decir, de la clase trabajadora. Y cuando los dioses pregunten un día enfurecidos ¿quién ha escrito esto? Los antorchistas responderán: nosotros lo hemos escrito; y no bajarán la cabeza. Una historia que se escribe, no con la punta de la pluma, sino con la punta de la lanza.

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