Hijos de jornaleros agrícolas migrantes, entre el purgatorio y el infierno

**Son el sector más vulnerado en sus Derechos Humanos, triplemente, porque no solo son errantes sino también indígenas desarraigados y en extrema pobreza, explotados laboralmente en formas inaceptables.


Hijos de jornaleros agrícolas migrantes, entre el purgatorio y el infierno

La Crónica de Chihuahua
5 de septiembre, 10:13 am

Por: Flor María Vargas

Delante de nosotros, sobre la carretera Bachíniva - Cuauhtémoc, un camión cargado de grandes rejas de manzana amarilla se bambolea peligrosamente cuando atraviesa alguno de los numerosos baches que ha dejado el temporal de lluvias, en el horizonte densas nubes negras se derraman sobre las faldas de la sierra, nuestra Sierra Tarahumara que tanto amamos. A la distancia el espectáculo es majestuoso y sobrecogedor, no me gustaría estar bajo la furia de esa agua torrencial a pesar de saber lo mucho que es necesaria para la vida.

La lluvia contiene el ying y el yang para los chihuahuitas del desierto, es música celestial en nuestros oídos, es un alivio para la sed de frescor, pero también es terror y llanto. Acostumbrados a la resequedad del viento y de la tierra, nunca estamos preparados para recibir la lluvia, todo se desborda, se vuelve acuoso, inasible, nebuloso y lejos de la gloria puede llegar a ser el infierno.

Regresamos por esta carretera luego de visitar algunas escuelas para hijos de jornaleros agrícolas migrantes ubicadas en municipios del occidente del estado de Chihuahua. Luego de lo que vimos, mi estado de ánimo es tal que no puedo menos que condolerme por nuestras escuelas migrantes, sus alumnos y docentes, suspendidos justo a las puertas del Purgatorio, a punto de caer en el Infierno o encontrar la Redención.

Las escuelas de educación básica para hijos de jornaleros agrícolas se constituyeron con el afán de garantizar el derecho a la educación de miles de niñas, niños y adolescentes, en su mayoría de origen indígena, que son movilizados cada ciclo agrícola desde sus lugares de origen hasta las zonas de cultivo de gran escala.

Demás está mencionarlo porque es obvio pero para los ciegos intencionales siempre hay que señalarlo: La niñez migrante constituye el sector de población más vulnerado en sus Derechos Humanos, triplemente porque no solo son niños en condición de movilidad sino también porque son indígenas desarraigados y en extrema pobreza, carecen de todo, vivienda, vestido, alimentación, salud, educación, sufren de abandono de los adultos y son explotados laboralmente en formas inaceptables.

En ese contexto las escuelas, bien llevadas, son un remanso para ellos en todo sentido, cuentan con un lugar donde quedarse cuando los padres se van a los campos, reciben atención educativa y afectiva de sus maestros, además de darles acceso a un mínimo de alimentación nutritiva y a formas de recreación propias de su edad. Niñas y niños migrantes son felices dentro de las escuelas.

No revelaré aquí en qué municipios ni nombres, salvo que tenga que responder a pregunta directa, pero es sumamente triste e indignante el maltrato que reciben niñas, niños , docentes y escuelas de educación migrante de las autoridades políticas municipales cuya obligación debiera ser la de garantizar el bienestar de las infancias en sus territorios. Han sido capaces de cerrar y despojar escuelas migrantes, correr a los maestros y los niños, sustraer el mobiliario y los equipamientos para su uso personal o equipar sus oficinas. Si llegan apoyos para los niños que han sido gestionados desde Chihuahua, se los quedan para su usufructo político.
No se diga la discriminación que ejercen contra los maestros bilingües que, por ser indígenas, son también víctimas de todo tipo de menosprecios.

Las excusas de estos políticos con ínfulas de raza aria van desde: Esos niños no son de aquí y no tenemos obligación con ellos; son inditos, ya están acostumbrados a no comer y dormir en donde sea… ¿Para qué quieren escuela?; a mí (alcalde en turno) el gobierno del estado no me da nada por qué le voy a devolver lo de la escuela; son más los problemas que nos traen ni la COEPI se quiere hacer cargo, etecé, etecé.

Podría publicar un compendio de excusas plagadas de comentarios racistas, xenófobos, porofóbicos, estúpidos y políticamente incorrectos de nuestros insignes alcaldes , si muy prontos para llevar las ferias a los pueblos pero totalmente adversos al tema del respeto a los Derechos Humanos.

Hasta he llegado a pensar que, como los integrantes de esas familias jornaleras no votan por ser indígenas y por no ser locales, no merecen ni siquiera una mirada, un gesto solidario o una dádiva.