Estrés moderno. El mal silencioso de las grandes ciudades

**Aunque la ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante las amenazas, padecerla en exceso provoca afectaciones en los ámbitos laboral y social, además de impulsar el consumo de alcohol y drogas


Estrés moderno. El mal silencioso de las grandes ciudades

La Crónica de Chihuahua
Julio de 2016, 21:00 pm

En los últimos años una nueva epidemia ha comenzado a avanzar de manera silenciosa. Se trata del estrés, un mal que cada vez más impacta no sólo en la salud, sino en el ámbito laboral de quienes lo padecen, de acuerdo con reportes del gobierno federal. Pese a su incremento, este padecimiento se enmascara y esconde detrás del consumo excesivo de bebidas alcohólicas, medicamentos para la ansiedad o drogas.

Cifras de la Secretaría de Salud reportan que el estrés patológico o de ansiedad en México es la segunda causa de consulta siquiátrica en los hospitales públicos del país, después de las consultas por adicciones a las drogas.

“Estamos hablando de entre 10% y 14% de la población que estaría en este tipo de estrés y requiere de atención médica”, asegura Jesús Alfredo Whaley Sánchez, investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, y uno de los expertos en el tema.

En materia laboral, entre 40% y 43% de la población con empleo sufre estrés vinculado a su trabajo, afirma Jorge Gutiérrez Siles, director del Programa Nacional de Bienestar Emocional en el Trabajo, de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

En entrevista, Gutiérrez Siles asegura que éste representa un elemento sicosocial que genera diversos problemas, los cuales tienen por consecuencia caer en adicciones como el alcohol, las drogas y el tabaco. “No sólo esto es lo problemático, porque están ligadas estas consecuencias a otros factores. Por ejemplo, el que tiene que ver con la nutrición, la obesidad, la actividad física y el sedentarismo”, puesto que únicamente cuatro de cada 10 mexicanos tiene actividad física razonable.

“Y esta combinación entre estrés, adicciones y nutrición deficiente, nos va a conducir a problemas mayores, de enfermedades y riesgos de trabajo”, asegura Gutiérrez Siles, quien señala que cuando un empleado está estresado tiende a fumar más y eso implica afectaciones en su productividad.

Destaca que cuando una persona está esa condición interrumpe con mayor frecuencia su trabajo para salir a fumar o a tomar café, y eso evidentemente reduce sus horas trabajo y por ende su productividad.

“Es más fácil vigilar presos”

Una vida con alto estrés puede detonar en ansiedad y depresión, como le ocurrió a Miguel Rincón, custodio que labora en el Reclusorio Norte, lugar en el que todos los días tiene que convivir con miles de presos sentenciados por delitos como robos, secuestros y asesinatos.

A pesar de ser un trabajo calificado por los expertos como altamente estresante, Miguel asegura que esto no le ha afectado en sus labores diarias, puesto que le gusta su empleo, aunque reconoce que con el paso del tiempo ha perdido cabello y tiene colitis, producto del estrés.

“Aquí tienes que estar 120% alerta para evitar motines, riñas o fugas, o que te piquen, te aten o te golpeen, en un reclusorio en el que hay 10 mil presos”, comenta.

Sin embargo, asegura que se presiona más por la falta de dinero, de salud y de amores; esto último ha sido tan grave para él que lo orilló a tomar antidepresivos para poder controlar sus nervios y dormir.

Para Jesús Alfredo Whaley Sánchez, investigador del Instituto Nacional de siquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, hablar de ese mal es comentar de una reacción normal que toda persona tiene, que puede en un momento dado ser un mecanismo defensivo para afrontar situaciones que uno percibe como amenazantes.

“No todo estrés es malo. Es una respuesta a las demandas, a las presiones externas”, explica.

“Hay uno que nos permite hacer las cosas; un poco de ansiedad nos obliga a levantarnos temprano y preocuparnos por el trabajo”, dice.

Pero advierte que hay otro que es patológico, que deriva en ansiedad y depresión, el cual en lugar de mejorar el rendimiento o performance de la gente lo disminuye, porque le impide trabajar y relacionarse socialmente.

Datos de la Secretaría de Salud estiman que el estrés patológico o de ansiedad es la segunda causa de consultas siquiátricas en el país. Este padecimiento está sólo por debajo de las adicciones.

Whaley Sánchez detalla que dentro de la ansiedad están los ataques de pánico, la aracnofobía, la fobia social, la simple, y el trastorno de ansiedad generalizada; hay una gama amplia de espectros de estrés patológico.

—¿Ha ido aumentado?, se le preguntó al experto.

—Indudablemente. Las exigencias de la vida, los problemas, han hecho que aumente este malestar, pero se ha enmascarado, porque hay mayor consumo de alcohol, de sustancias sicoactivas como la marihuana y los medicamentos que se prescriben para la ansiedad.

Whaley Sánchez subraya: “Esto es un problema que tiende a aumentar en función del lugar en donde vive la persona; del contexto histórico, social, político y económico. Por ejemplo, aquí en la Ciudad de México vivimos en una fuente constante de estrés”.

Desde su experiencia, este mal se puede presentar en cualquier persona, población y profesión; sin embargo, señala que existe mayor vulnerabilidad en las ciudades donde hay tráfico, inseguridad y problemas para movilizarse de un lado a otro.

“Una vida con alto estrés puede detonar la ansiedad y la depresión”, considera el investigador.

Eduardo Platas, coordinador médico de Programas de la División de Hospitales del Segundo Nivel del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), coincide con Alfredo Whaley en que este padecimiento es una forma de adaptación ante ciertas amenazas externas de distintos tipos, pero cuando no vuelve a su estado normal y persiste ese nerviosismo, la persona puede desarrollar un trastorno de ansiedad.

—¿Cuáles son los síntomas?, se le cuestionó a Platas.

—Para la adaptación ante una amenaza o presión externa, el organismo responde de diferente manera; hay un eje donde se secretan determinadas hormonas y hay una respuesta primitiva. Ante un ataque, lucha o huida, los músculos se preparan para reaccionar, pero cuando esto no se resuelve sí puede detonar un trastorno de ansiedad.

—¿En los derechohabientes del IMSS hay porcentajes estimados de estrés patológico?

—Los trastornos de ansiedad o depresivos van de la mano del estrés, hay un nivel de comorbilidad importante. Sin embargo, hay un subregistro en este tipo de padecimientos. Muchas veces el paciente no lo externa en la consulta, por lo que hay que detectarlo. Hay estudios que hablan que entre 35% y 50% de la población que acude a consulta general en el IMSS puede padecer algunos de estos trastornos por ansiedad y depresión.

En trastorno por ansiedad, hay 20% de la población que acude a consulta general. Los pacientes que cursan por estos problemas emocionales, necesariamente pasan por una etapa de estrés y se percibe un incremento entre la población.

—¿A qué se debe?

—Siempre hay un factor externo que se percibe como amenazas; si hablamos de trastorno de ansiedad no necesariamente vamos a identificar un elemento detonante.

El trastorno de ansiedad puede tener una carga genética en la persona y predisponerla a padecerla; se detona en algún momento, a menudo sin que haya una causa externa.

En nuestro medio, explica el experto con 18 años como siquiatra, hay más factores detonantes: problemas de tráfico, falta de empleos o conflictos en el centro de trabajo.

Desde su experiencia, cuando se habla de este malestar en el ámbito laboral, es por falta de una correcta planeación de lo que se debe hacer en una oficina, lo que deriva en problemas. “Hay que resolverlo, porque eso nos va a crear presión, porque hay una amenaza que se tiene que cumplir con prontitud”, recomendó.

Eduardo Platas, siquiatra desde 1999 del Instituto Mexicano del Seguro Social, delinea los principales síntomas que se detectan cuando una persona tiene estrés y requiere de ayuda médica.

Hay afecciones en distintos niveles, puede darse a nivel cerebral, donde puede encontrarse dolor de cabeza, padecer insomnio, pesadillas. También hay afección en el carácter, nerviosismo, se pierde el sentido del humor, sequedad de la boca, tensión muscular, nudo en la boca, tos, respiración rápida, sensación de ahogo, lo que puede llegar a desarrollar ataques de pánico.

Diarrea, vómitos, náuseas, ir frecuentemente al baño y el prurito son síntomas que se pueden presentar en distintos niveles, dice el experto.
El Universal

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