Esto no puede seguir así: que inicie cuanto antes la entrega del Gobierno

**Un gobernador en funciones que no acaba de actuar como alguien que está a punto de entregar lo que nunca fue de él, y otro que quiere gobernar a través de videos enviados por Facebook o boletines.


Esto no puede seguir así: que inicie cuanto antes la entrega del Gobierno

La Crónica de Chihuahua
Junio de 2016, 20:00 pm

Por: Alejandro Salmón Aguilera/ ahoramismo.mx

Con un modesto homenaje a mi amiga, Miroslava Breach Velducea, periodista excepcional

Esto no puede seguir así. Los gobernadores: el actual y el electo, no se hablan y, si lo hacen, es para proferirse insultos, y de la peor ralea.

El uno, César Duarte Jáquez, le ha dicho al otro que su familia es narcotraficante y, por lo tanto, él también lo es. El otro, Javier Corral, le dijo delincuente, ladrón, “vulgar pillo” y toda una tanda de epítetos que iban a dar a la promesa de campaña más sólida que presentó: meterlo a la cárcel.

Desde 1992, Chihuahua había vivido una etapa de normalidad política donde el gobernador en funciones recibía al ganador de la elección una semana después, cuando mucho, y ahí comenzaba de manera fáctica la traslación de poderes. Lo primero era lo primero: la cordialidad y el buen entendimiento. La revisión de papeles, documentos, cuentas e inventarios vendría después.

Así sucedió a pesar de que, entre 1992 y 2010, hubo dos alternancias de poder: el priista Fernando Baeza le entregó al panista Francisco Barrio y éste a su vez le dio las llaves del Palacio de Gobierno a Patricio Martínez, del PRI.

No pasó nada, no había por qué: la campaña ya había terminado, el lenguaje rudo se había guardado para mejores tiempos, porque enfrente estaba un proceso sumamente complejo como era el de mantener el orden institucional en esa difícil etapa, muy prolongada, por cierto, que transcurre entre que el ganador no acaba de entrar y el saliente no acaba de salir.

Ahora, cuando el estado se apresta a vivir su tercera alternancia en los últimos 24 años, pareciera que hubiésemos retrocedido a los recientes años post-revolucionarios, cuando los gobernadores, militares todos, habían combatido en bandos distintos. El uno no se comunica con el otro. La incertidumbre corre por vía libre y las especulaciones, esas que causan tanto daño al ánimo colectivo, tienen verde pasto para correr a galope.

El problema es que ni el uno ni el otro han asumido su papel. La mañana del 22 de junio se vivió una jornada como no se había visto antes, ni siquiera en la época del “Verano caliente” de 1986, cuando los ánimos estaban a punto de ebullición, con una gran parte de la sociedad convencida de que le habían hecho un enorme fraude electoral.

Ahí están las imágenes que ahora circulan en las redes sociales y en los portales noticiosos de Chihuahua: gente enardecida, enojada, furiosa, tratando de abrir a golpes una puerta que los llevaría al interior de un Palacio de Gobierno donde sólo había empleados de tercer nivel hacia abajo y un grupo de niños que visitaba los lugares históricos ubicados dentro del edificio.

No hubo ni un gobernador en funciones que llamara al orden, ni un gobernador en ciernes que saliera a pedir calma y no sólo a deslindarse de la convocatoria a “tomar el Palacio”. Nadie se hizo responsable; vaya, para ser exactos: ni el actual ni el próximo gobernador estaban en la ciudad el día cuando sucedieron los “actos vandálicos” en Palacio de Gobierno.

Así no se puede trabajar, dice el refrán popular. Un gobernador en funciones que no acaba de actuar como alguien que está a punto de entregar lo que nunca fue de él, y otro que quiere gobernar a través de videos enviados por Facebook o boletines.

La transición de mando debe continuar, y el gobernador en funciones ya debería de entenderlo: su partio perdió, le tiene que entregar a su enemigo político y no hay nada que pueda hacer para evitarlo.

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