En la penumbra

**El estado lamentable en que está dejando al INAH y a los arqueólogos e investigadores, la política criminal de recortes de la 4T. Piden microscopios y equipo prestados, ponen de su bolsa para comprar cámaras, químicos, etc. Y hay más infamias...


En la penumbra

La Crónica de Chihuahua
9 de junio, 11:32 am

Juan Carlos Talavera/
Excelsior

La actividad burocrática, escribió Jorge Ibargüengoitia, es como un cuarto en penumbra en el que se oyen suspiros, quejumbres, resoplidos y movimientos furtivos, pero en el que no se sabe ni quién es quién ni qué es lo que pasa.

Eso explicaría por qué mientras los arqueólogos mexicanos describen su oficio como un paisaje en ruinas, Diego Prieto, titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se apoltrona en su escritorio imaginario, guarda silencio y repasa los acontecimientos en cámara lenta. Cada vez le queda más grande el traje de la institución y no importa que imposte la voz para pedir algún comunicado de prensa con otro hallazgo que le permita combatir las malas noticias.

Es increíble que arqueólogos renombrados como Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, hayan revelado hace unos días que a menudo ponen dinero de su bolsa para comprar cámaras fotográficas, escáneres, químicos y GPS portátiles, montos que jamás les son reembolsados. Incluso, deben pedir prestado a otras instituciones microscopios y radares o solicitar el apoyo de la comunidad internacional, y prestar dinero a sus trabajadores cuando los pagos no llegan en tiempo y forma.

Los expertos no olvidan la reducción presupuestal de 20% que, desde hace dos años, afecta a la investigación arqueológica, aunque la pandemia le restó un 75% más, así que trabajan “en un sistema surrealista de siete niveles, conocido como Serpientes y Escaleras, concebido y mantenido por burócratas que desconocen la profesión”.

En este contexto, el pasado 22 de abril, recibieron la nueva normativa para realizar sus investigaciones y las funciones del Consejo de Arqueología, que regula dichos proyectos. El documento ha sido cuestionado porque “contiene órdenes autoritarias que tienden a burocratizar, entorpecer, reprimir y judicializar la investigación”, demostrando que “al INAH no le importan sus arqueólogos y no los considera dignos de confianza, sino incompetentes, inexpertos y potenciales delincuentes” (Rosa Reyna Robles).

El documento desalienta la investigación, invade la propiedad intelectual y afianza al Consejo de Arqueología “como una Gestapo” (Carlos Javier González), con sanciones inspiradas en la Santa Inquisición (Eduardo Matos Moctezuma) y lineamientos que perfilan un terrorismo científico y burocrático que, más allá de sus contradicciones, no contempla defensa alguna de los expertos (Bolfy Cottom).

Así que los arqueólogos formularon una petición en Change.org para exigir la derogación de dichos lineamientos, los cuales tomaron por sorpresa a la comunidad del INAH, de la UNAM, la Universidad Veracruzana y el Colegio de Michoacán y, en menos de 24 horas, obtuvo más de mil firmas.

Diego Prieto debió quedarse cejijunto al ver la realidad del instituto que encabeza, con científicos sin instrumental científico y deficiencias históricas que no ceden, así como un reglamento que contradice su vocación. Ojalá la titular de Cultura, Alejandra Frausto, opinara sobre el tema, pero quizá esté más ocupada en su propio escritorio.

Pero la crítica no termina aquí. Luis Alberto López Wario y López Luján cuestionaron que el Archivo Técnico del INAH –extraído del Palacio del Marqués del Apartado, tras proyectarse el fallido Museo de Museos y depositado “temporalmente” en el edificio de avenida Revolución 1900 (Excélsior 23/06/2020)— sea despreciado por el Consejo de Arqueología, pese a tratarse de un acervo con documentos de valor histórico.

Aprovecho para recordarle al INAH que, desde el 24 de junio de 2020, prometió a
Excélsior conocer el proyecto de reubicación del Archivo Técnico, pero casi se cumple un año de aquel ofrecimiento y todo sigue siendo un cuarto en penumbra, como decía Ibargüengoitia.