En Chalco, una favela mexicana

** “Está entrando un grupo de Morena, pero únicamente han traído unas despensas. El agua prácticamente la están condicionando a que les demos nuestras credenciales de elector".


En Chalco, una favela mexicana

La Crónica de Chihuahua
6 de mayo, 13:30 pm

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Francis Martínez

Millones de personas en el país se escandalizaron en los años 70 con la existencia de las favelas brasileñas, los barrios suburbanos de Río de Janeiro que entonces se hicieron famosos por la extrema miseria y violencia que viven decenas de miles de habitantes.

A más de medio siglo de esa “sorpresa” de los connacionales, que desconocían la realidad integral de México, hoy una favela de Chalco les recuerda que las “ciudades perdidas” –su símil de entonces y ahora– continúan siendo fiel espejo del abandono y la pobreza en que viven millones de mexicanos en pleno siglo XXI.

Ángela vivió muchos años en Nezahualcóyotl, donde ella y su marido rentaban un cuarto. Con base en sus magros ahorros, que ganó con un esporádico trabajo de limpieza doméstica en casas ajenas, llegó un día en que propuso a su esposo comprar un terreno propio para construir su hogar en Chalco.

Una década ha pasado desde aquel entonces. Ahora tienen dos hijos, pero el hogar que Ángela anheló –una casa con piso firme, varios cuartos, cocina, sala, comedor, muebles nuevos, etc.– continúa reducido a casi el mismo espacio habitacional que tenía antes en un paraje donde la mayoría de las casas están en obra negra y sin servicios de agua potable, drenaje, pavimentación, transporte, etcétera.

El municipio de Chalco se encuentra en la región oriente del Estado de México, cuyas comunidades tienen un denominador común: la pobreza. La mayoría llevan 45 años demandando los servicios urbanos básicos, sin que las autoridades municipales, estatales y federales hagan nada por dotarlos.

En Chalco, como en toda la zona aledaña, las únicas personas que progresan son los políticos, quienes con base en el mismo discurso de siempre –prometer, incumplir, volver a prometer e incumplir, etc.– logran cambiar su hábitat y posición social.

Tal es el caso reciente de Juan Manuel Carbajal Hernández, quien después de su primera administración como edil en el trienio 2009-2012, y una gestión como diputado federal en el periodo 2012-2015, hoy está de vuelta en la presidencia municipal para repetir lo mismo que ha hecho por Chalco en los ocho años pasados: nada.

Sí, nada, porque las calles principales de Chalco siguen inundándose por la falta de drenaje; porque a Carbajal, como alcalde o representante popular, solo le ha importado dotar de servicios urbanos a empresas inmobiliarias que construyen áreas residenciales privadas o unidades habitacionales de interés.

“Hacer negocio a cambio de prácticamente nada hizo que la oferta se multiplicara aceleradamente en Chalco”, dice Gabriel L, vecino de colonia La Zapata, una de las comunidades sociales más céntricas del municipio, la cual padece una severa y prolongada inundación debida básicamente a la falta de sistema de drenaje.

Esta carencia deriva no solo de la desatención histórica de las autoridades hacia los problemas de la gente humilde, sino de la prioridad que éstas brindan a empresas inmobiliarias como Geo, Davivir, Ara, Ingeniería Integral y Grupo Sadasi, que hoy ocupan los espacios de las ex haciendas de San Juan y San Martín, devorando las áreas ecológicas y los presupuestos municipales de servicios urbanos.

Además de los daños ambientales generados por la extensión de la mancha urbana, estos desarrollos inmobiliarios –un solo proyecto, a cargo de Sadasi e Ingeniería Integral, implicó la construcción de cuatro mil 798 viviendas– han propiciado menos atención y mayor despreocupación de las autoridades hacia las comunidades marginadas.

“Por ello aquí llega más VTV, SKY y la Coca Cola que los servicios”, dice Luis N., joven estudiante que todos los días debe caminar entre lotes baldíos y tierras de cultivo para llegar a la parada donde toma el transporte colectivo que lo lleva a la Ciudad de México.

Una rutina similar sigue la mayoría de los vecinos de una favela asentada a un costado de la carretera Huexoculco-Miraflores, en la periferia de Chalco. A esta colonia no llega ninguna ruta de combis, salvo en horarios muy limitados y sus habitantes deben caminar medio kilómetro para llegar a la parada donde deben esperar entre media hora o una hora el vehículo que llevará al Aeropuerto de la Ciudad de México.

Muchas de estas colonias ni siquiera tienen nombre. Alguien les vendió la tierra y ahí levantaron sus viviendas al menos 500 o más familias. No tienen servicios de luz eléctrica, agua potable ni alcantarillado, porque las autoridades municipales de Chalco se niegan a reconocerlos dentro de su territorio.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ha integrado en Chalco una lista de 20 localidades de este tipo, que además de sus altos grados de subdesarrollo urbano, se caracterizan por contar con el mayor número de personas en situación de pobreza en México.

Por ello, Chalco ocupa el lugar número 15 en pobreza en el Estado de México, solo por debajo de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Toluca, y su situación de extrema marginalidad en desarrollo urbano contrasta con la de los municipios vecinos de Ixtapaluca y Chimalhuacán, cuyos gobiernos locales han logrado disminuir notoriamente estos rezagos con base en inversiones públicas.

Para el sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Javier Oliva, la causa fundamental de los altos índices de pobreza y marginación en la zona oriente del Estado de México es la forma desordenada y descoordinada de hacer política de las autoridades gubernamentales y los partidos políticos.

“El problema que se observa en el Estado de México es la ausencia de coordinación y en algunos casos voluntad política para poder coordinar acciones en unas zonas donde evidentemente existe la necesidad de establecer programas comunes y afines, por ser la entidad que más zona conurbada comparte con la capital del país”, dijo el académico especializado en temas urbanos, movilidad y seguridad pública.

En el marco del proceso electoral de este año –con el que se renovarán la gubernatura, el Congreso local y las alcaldías– grupos políticos que antes militaron en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y ahora lo hacen en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), han criticado a los gobiernos priistas de Chimalhuacán e Ixtapaluca por la especial atención que éstos brindan a las comunidades sociales con mayores problemas de pobreza y marginación urbana.

Lo más curioso y contradictorio en la actitud de estos grupos y sus líderes, es que la mayoría de ellos, con posiciones gubernamentales en otros municipios del oriente mexiquense –Texcoco, Nezahualcóyotl– utilizan los recursos financieros de programas sociales y obras de infraestructura urbana para comprar votos y abanderar las campañas políticas de sus candidatos.

Morena y su campaña en las “ciudades perdidas”

En Chalco es recurrente que ante la falta de una red completa de servicio de agua potable, las familias tengan que protestar ante la carencia del vital líquido.

Lo hacen mediante el corte de las carreteras Chalco-Cuautzingo y Chalco-Mixquic o incluso tomando la caseta de cobro que da acceso al distribuidor vial Ixtapaluca-Chalco. Estas acciones se realizan tradicionalmente cuando la escasez de agua se prolonga durante 15 días o hasta un mes.

En fecha reciente, brigadistas de Morena han volteado a ver a las familias del predio de la carretera Huexoculco-Miraflores –la mayoría habitantes de casas en obra negra y sin servicios urbanos básicos– con la intención de convertirlas en la “carne de cañón” de las campañas electorales de sus candidatos a las elecciones de junio de este año.

La mañana del miércoles 19 de abril, por ejemplo, brigadas de Morena tocaron a las puertas de los vecinos de esa comunidad para invitarlos a que asistieran a un mitin que encabezaría el dirigente nacional de ese partido, Andrés Manuel López Obrador, quien entonces andaba de visita en Chalco para promover el voto de la candidata morenista al gobierno del Estado de México.

En la mayoría de esos hogares, la única respuesta que los activistas de Morena tuvieron fue el ladrido de los perros, porque sus ocupantes estaban ausentes trabajando en la CDMX o en algún otro municipio del Valle de México.

En la casa de Ángela, el promotor del voto que la invitó a asistir al mitin fue la misma persona “que quiere ser delegado de Morena en Chalco”; esta persona intentó convencerla mediante los mismos recursos vulgares con que la mayoría de los partidos quieren “comprar el voto” de los electores: despensas alimentarias y promesas de campaña que jamás se cumplen.

Pese a la extrema precariedad de su vivienda, construida con residuos de madera y plástico, y la presencia cercana de una zanja en la que corren aguas negras, en el rostro requemado de Ángela, de 45 años, resalta una mirada en la que brilla su espíritu de lucha contra las condiciones de extrema pobreza en la que viven ella y su familia.

Este mismo estado de ánimo se refleja tanto en el orden y la limpieza de sus pobres y escasos enseres domésticos, como en los cuidados que ella y su marido han tomado para que la vereda que funge como “calle principal” de la colonia no se convierta en un pantano en la próxima temporada de lluvias.

“No tenemos ni los servicios más básicos. La luz la jalamos de la carretera hacia acá. La mayoría de los vecinos resuelven sus problemas de iluminación con velitas, pero los problemas de inseguridad son muchos y se agravan con la falta de alumbrado”, dice Ángela, quien imputa la agudeza de este último asunto, el más grave y riesgoso, a la negativa de las administraciones municipales a regularizar y reconocer su colonia.

En la forma como las autoridades municipales anteriores y los partidos políticos abordan sus problemas sociales más acuciantes –la carencia de servicios urbanos básicos, entre ellos el de la seguridad pública, en extremo crítico en los últimos años– los vecinos han empezado a cobrar conciencia de quiénes realmente tienen propuestas reales e inmediatas de solución.

Ya no se dejan engañar ni enganchar con promesas de campaña electoral ni con regalitos de ocasión y discursos demagógicos.

“Está entrando un grupo de Morena, pero únicamente han traído unas despensas. El agua prácticamente la están condicionando a que les demos nuestras credenciales de elector. ¡Tampoco se vale que vendamos el voto por 200 litros de agua! Yo creo que tenemos la necesidad y todo, pero mejor la pagamos, que vender nuestro voto”, dijo Rosa Ceja Campos, también ama de casa.

Con respecto a los graves problemas de inseguridad, Rosa Ceja dijo que de “no ser por las mujeres y por los perros, este asentamiento no solo sería una ciudad pérdida, sino fantasma”, ya que su colonia carece en absoluto de seguridad pública y en sus calles no hay la mínima presencia de la ley.

En la carretera Huexoculco-Miraflores se prenden algunas luminarias, pero casi no alumbran y los delincuentes acechan ahí desde la penumbra.

“El otro día vinieron a tirar a una muchacha asesinada y la semana pasada vino un carro a arrojar tres cadáveres... y pasaron tres días para que las autoridades vinieran a recogerlos”, dijo Rosa mientras señala el lugar donde estuvieron –a unos pasos de su vivienda– y en el que que aún se pueden ver las cintas amarillas y las leyendas de “precaución”.

Esta mujer vive con su esposo y sus hijos, Ángel y Brandon, de cuatro años de edad. Brandon Martínez, el esposo, dice que la falta de trabajo en Chalco obliga a la mayoría de las personas a emigrar o a laborar en áreas urbanas distantes de sus casas. Por ello, han sido “muchos los que se han ido, todos desesperados, porque aquí no hay nada”, dice con énfasis.

La familia Martínez Ceja, con ocho años de residencia en Chalco, se sustenta con un puesto de nieve que Brandon atiende en un local de la estación del Metro San Lázaro de la CDMX.

Aunque Chalco cuenta con una zona industrial, que alberga a 30 empresas corporativas fabriles y comerciales que dan empleo a buena parte de los 257 mil habitantes de esta demarcación, e incluso de delegaciones del oriente de la CDMX, el desempleo y la pobreza abundan en la población.

“Aquí el uso político de la pobreza no ha redituado en favor de nadie y sí en contra de todos, incluso de las propias autoridades; de tal manera que en el corto plazo el tema que a mí me parece fundamental e inmediato son las condiciones salariales y las condiciones laborales”, afirma el doctor Riva Ruiz, de la UNAM.
La falta de apoyos a familias como las de Ángela y Rosa es general, al igual que la desatención de la mayoría de los políticos, salvo en tiempos de campaña electoral. Tal es el caso de la diputada federal Susana Osorio Belmont, hija del ex alcalde de Chalco, Francisco Osorio Soberón, quien jamás se ha presentado en este paraje.

La única organización social que actualmente les ofrece una alternativa de solución real a sus problemas es el Movimiento Antorchista Nacional (MAN). Este año, la diputada federal Maricela Serrano Hernández anunció el inicio de un proyecto integral para rehabilitar y construir nuevos espacios públicos en el municipio de Chalco.

A un año de su trabajo en la Cámara de Diputados, Serrano Hernández logró que se destinara una inversión total de 100 millones de pesos para concretar 35 obras públicas de utilidad social y urbana en ese municipio. Esta acción es, sin duda, la más importante de los últimos años.

Entre las obras financiadas con esta inversión destaca la construcción de un centro de desarrollo comunitario, de 15 techumbres de plazas cívicas escolares y un gimnasio polivalente en las colonias Marco Antonio Sosa y Unión de Guadalupe y la pavimentación del Camino San Marcos-San Martín, que se estima quedará concluido en tres meses.

Lejos de estos esfuerzos concretos y palpables, todas las demás soluciones supuestamente destinadas a los pobres de los próximos dos meses serán palabrerías baratas de políticos vulgares y mentirosos.

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