Emma Encinas, chihuahuense, primera mujer con licencia de piloto en México

**Cuentan sus hijas que cuando hizo su examen en la base Balbuena, el 20 de noviembre de 1932, fue mucha gente, “Pero era para ver si se estrellaba la piloto”.


Emma Encinas, chihuahuense, primera mujer con licencia de piloto en México

La Crónica de Chihuahua
5 de mayo, 11:11 am

Emma Catalina Francisca Guadalupe Encinas Aguayo, nació el 24 de octubre de 1909, era muy pequeña cuando su familia salió huyendo de las tropas del general Francisco Villa. El movimiento devastó sus propiedades en el mineral de Dolores, municipio de Madera, Chihuahua, su tierra natal.

Sus primeros contactos con los aviones fueron por una amiga, cuyo novio era hermano del coronel Roberto Fierro y era un as en la aviación mexicana y creador de la primera escuela de aviación que operó en la República mexicana.

En el Distrito Federal, Catalina se presentó ante el coronel Roberto Fierro Villalobos, también chihuahuense, héroe de la aviación, en la colonia Balbuena, al frente del primer Regimiento Aéreo. El militar la mandó con el jefe de Aeronáutica Militar, general Leobardo C. Ruiz, quien le autorizó recibir instrucción de vuelo.

Al comunicar a sus padres sus deseos de estudios él se negó, pero su madre le dio sus ahorros para que se preparara. Ella misma se costeó sus gastos trabajando como profesora de inglés de los pilotos, y hacía traducciones para una revista de aviación. Uno de sus instructores fue el capitán Ricardo González Figueroa: Vuelos rectos, nivelados, “ochos”, “latigazos” y “picadas” eran las suertes que aprendió en el aire.

Cuentan sus hijas que cuando hizo su examen en la base Balbuena, el 20 de noviembre de 1932, fue mucha gente, “Pero era para ver si se estrellaba la piloto”. Su nave “Tormenta”, era un Spartan biplano, monomotor de 85 caballos de fuerza.

Su vuelo fue un éxito, Emma salió en hombros hasta el Zócalo capitalino. Una semana después obtuvo la licencia número 54, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en recibir ese documento oficial y la segunda en toda América Latina.

Sus años de vuelo terminaron cuando decidió seguir a su esposo médico a Las Choapas, Veracruz. “Todo pasa por algo, tú ten paciencia”, era una de sus frases más comunes. Ella decía que era una mujer que nació antes de su tiempo.

Fue reconocida a nivel latinoamericano. Sus nietos la recuerdan como una mujer que “todo el tiempo estaba sentada frente a la máquina de escribir, mujer trabajadora”. Tocaba el piano como maestra y tuvo su propia escuela de ballet.

Después de haber viajado por todo el mundo y haber librado dos paros cardiacos, un derrame cerebral le limitó el habla a decir sólo “gracias”. Murió el 15 de noviembre de 1990.


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