El puente de Interceramic y por qué el gobierno no protege a los migrantes aquí ni a los propios en EEUU

**La disolución por la fuerza de un supuesto sitio «santuario» de inmigrantes en Chihuahua, puso al descubierto que la «era Trump» y sus órdenes ejecutivas se cumplen en Chihuahua y en México, sin discusión y sin tardanza. ¿Es esto cierto?


El puente de Interceramic y por qué el gobierno no protege a los migrantes aquí ni a los propios en EEUU

La Crónica de Chihuahua
13 de junio, 13:58 pm

Por Froilán Meza Rivera

Apenas consiguen para comer, y su aspecto inspira desconfianza a los vecinos de las colonias que atraviesan. Sin embargo, para los habitantes de las orillas junto a las vías del ferrocarril, el paso de estos hombres y muchachos es ya parte del paisaje. Se trata de los “trampas”, jóvenes y hombres que se echaron a “la aventura”, como se dice entre las familias muy pobres. Muchos son extranjeros, en tránsito rumbo a su destino ideal: el “sueño americano”, los Estados Unidos.

“¿Y de dónde vienen?”

Algunos, los menos, son mexicanos que transitan en el circuito de los mercados de mano de obra semiesclava de las plantaciones agrícolas de Sonora, Sinaloa, Baja California y Chihuahua. Los más numerosos son centroamericanos procedentes del llamado “Triángulo del norte”, formado por Honduras, El Salvador y Guatemala, y llegan a Chihuahua donde se toman un respiro antes de acometer su último trecho hacia la frontera norte, señaladamente los cruces fronterizos de Sonora y, eventualmente, Baja California.

Un punto de concentración de los migrantes centroamericanos que llegan a la ciudad de Chihuahua, había sido tradicionalmente el puente de la avenida Pacheco que cruza elevado sobre las vías del ferrocarril, en seguida de la planta de Interceramic, empresa transnacional de capital chihuahuense. Acá dormían ellos, descansaban, se alimentaban, convivían y planeaban sus posteriores trayectos hacia el norte. A este punto llegaban también ciudadanos a apoyarlos con comida y ropa; iglesias de diversa denominación los visitaban también para orar con ellos y desearles que llegaran con bien. La policía se daba sus vueltas, pero las patrullas del Instituto Nacional de Migración no. En medio de una supuesta ola de solidaridad para con los mexicanos que sufren en el vecino país del norte, algunos políticos llegaron a aventurar, como lo declaró una vez el secretario de Desarrollo Social del estado, que la ciudad de Chihuahua, y el mismo estado, se podían convertir en algo así como “ciudad o estado santuario” para los migrantes extranjeros, en un aparente gesto de hermandad de los pueblos.

Pero todo cambió. Los gobiernos municipal y estatal dejaron de fingir esa “solidaridad” que en el fondo nunca tuvieron ni sintieron para con estos peregrinos que, en nuestro propio territorio, eran el espejo de lo que sufren en los Estados Unidos los mexicanos en su calidad de inmigrantes ilegales, con la persecución y la discriminación feroz que, con la llegada del presidente Donald Trump, se vio no sólo alentada por el propio discurso del mandatario, sino agravada con nuevas disposiciones.

¿Y en Chihuahua, cómo se desencadenó la era Trump?

El 25 de noviembre pasado, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) en patrullas y armados, hicieron una redada en este puente de la avenida Pacheco y sus inmediaciones, donde “aseguraron” (así le llaman ellos al arresto, pero también les gusta decir que “rescataron” a los migrantes) a unas 30 personas, según vecinos y voluntarios que en ese momento acudían a llevarles alimentos. La “Migra” mexicana llegó en varios vehículos, apoyados por patrullas de la Policía Municipal, y los agentes comenzaron a someter a todos quienes se encontraban ahí con el aspecto del maltrato que les imprimen los viajes penosos y tortuosos. La mayoría era de origen hondureño.

El resultado fue que, a partir de entonces, en el mentado puente ya no hay ni sombra de los indocumentados, y en el ámbito político se supo, como un secreto a voces, que fue el propio dueño de Interceramic, el que presionó a la autoridad municipal para que interviniera para que la empresa ya no tuviera esa mancha de “delincuentes” y “malvivientes” en sus inmediaciones. La misma jefa de la Alcaldía dijo al respecto: “Si los migrantes están haciendo daño a la ciudadanía, qué bueno que la Dirección de Seguridad Pública Municipal haya actuado en tiempo y forma en acotar estos problemas”. Y es que, según la visión del Municipio, “Si tenemos personas que están traficando con drogas, si tenemos personas que están ejerciendo algún otro delito como prostitución o como el robo, por supuesto que los vamos a detener y más si son personas como estas, que son migrantes que pasan más de tres días en nuestra capital, y están generando estos daños”.

Ahora, nuestros visitantes del “Triángulo del norte” optaron por reunirse en otra parte de la ciudad, y encontraron que era mejor alojarse en La Casa del Migrante, un albergue en el norte, que seguir exponiéndose en el famoso puente, ahora “limpio” y “libre de plagas”.

Lo cierto es que las autoridades de los tres niveles están actuando ahora al unísono, en la misma sintonía, y de acuerdo a lo dictado por el gobierno federal, que recibió órdenes directas y de manera pública del mismísimo Donald Trump. Recuerde el lector que cuando recorría el territorio de México la caravana “Viacrucis migrante” hacia Estados Unidos, el mandatario estadounidense dijo en un tuit el pasado 1 de abril: “Se están volviendo más peligrosas”. “Las ‘caravanas’ vienen en camino”. Trump también advirtió por la vía de esa red social, que Estados Unidos “estaba siendo robado” por migrantes sin documentos, y culpó a los demócratas por las políticas fronterizas débiles. Pero –ojo- viene lo más importante: instó a México a mejorar su propia vigilancia fronteriza y a Honduras a frenar a los migrantes, so pena de perder ayuda financiera estadounidense. “México tiene el poder absoluto de evitar que estas grandes ‘caravanas’ de personas ingresen a su país”, publicó en Twitter.
¿Y cómo reaccionó el gobierno mexicano ante esa orden explícita?

Pues cuatro días después de su “orden ejecutiva”, es decir, el 5 de abril, el presidente del país del norte se regocijaba y celebraba la disolución de la caravana de migrantes en México. Dijo que el Viacrucis Migrante fue disuelto “gracias a las fuertes leyes inmigratorias mexicanas”. En efecto, los golpes de “La Migra” mexicana y una serie de amenazas distribuidas entre las autoridades civiles y organizaciones sociales en la ruta de la Caravana, permitió que ésta se desbaratara y que sólo pequeños grupos siguieran su camino al norte.

Pero al respecto, hay que preguntarse: ¿cómo es que, reacciones en apariencia tan de carácter local, como la disolución de la concentración de migrantes debajo del puente de Interceramic en Chihuahua, o la pérdida de apoyos a la Caravana por parte de municipios en el sur de México, se conecten de una manera tan asombrosa con la política real del gobierno federal mexicano (no hablamos de la política declarativa, de supuesta “defensa” de “nuestros connacionales en Estados Unidos”, como dicen tan seguido llenándose la boca de un humanismo que ni sienten ni ejercen), en los hechos? ¿Y cómo es posible que, ante un tuit del mandamás del mundo occidental, ante un simple guiño de ojo, la administración del presidente Peña Nieto haya reaccionado tan eficientemente para desbaratar la “peligrosa” caravana que “amenazaba” a Donald Trump?

Aquí no hay sorpresa. Esa política brutal e inhumana la hemos padecido los mexicanos a diario, cuando nuestros parientes y amigos nos relatan que son perseguidos por “La Migra” en el desierto, apresados y puestos en apestosas mazmorras durante meses, y fichados, y registradas sus 10 huellas digitales, y sus antecedentes, y el iris de sus ojos y todas sus características físicas traducidas a archivos digitales para que se facilite su identificación la próxima vez que se les sorprenda en el delito de cruzar la frontera para pretender trabajar allá. Todos son catalogados como peligrosos delincuentes y ¡ay de ellos si son atrapados una segunda o una tercera vez en el intento, porque en automático pasarán tres, cuatro o cinco años en la sombra!

El origen de estos sufrimientos y de estas políticas atroces no es otro que el papel que los países imperialistas le han impuesto históricamente a nuestros países latinoamericanos, de sumirnos en el subdesarrollo para que, a la vez que los proveemos de materias primas y de mano de obra barata y disponible, estemos dispuestos (nuestros gobiernos) a acatar en lo esencial, las políticas más antipopulares. México, junto con Centroamérica, el Caribe y América del Sur, tienen economías dependientes, y sus clases trabajadoras están sumidas en la pobreza, y hasta en la pobreza más espantosa. No es otra la causa de esas migraciones de fuerza de trabajo que busca colocarse en el mercado estadounidense, porque acá no se generan los empleos ni los niveles de salarios que la gente necesita, al mismo tiempo que lo que invierten los gobiernos en satisfactores sociales para la población: servicios urbanos, prestaciones, educación, salud, vivienda y alimentación, son casi inexistentes. La pobreza nos crece acá y se nos profundiza de manera ineludible, y con ella y a causa de ella, crecen los otros fenómenos marginales como el narcotráfico, los secuestros, el robo con violencia, los asesinatos, las extorsiones y, en consecuencia, la inseguridad y el terror que hacen huir a la gente en masa.

¿Cómo, entonces, acabar con estos males? Hay que cambiar el modelo económico, acabar con la dependencia de nuestros países del capital imperialista por la vía de buscar otros mercados y nuevas fuentes de financiamiento. Ponernos, de una vez por todas, en la vía del crecimiento económico, uno que privilegie el desarrollo social y la inversión en beneficio de la gente.

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