El poder detrás de AMLO

Por Brasil Acosta Peña


El poder detrás de AMLO

La Crónica de Chihuahua
25 de julio, 19:45 pm

(El autor es Doctor en Economía por el Colegio de México (Colmex) con estancia en Investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.)

El Movimiento Antorchista Nacional (MAN), como escribió el ingeniero Aquiles Córdova Morán, no pondrá obstáculos artificiales al nuevo gobierno de la República. Eso no quiere decir que no se le diga al pueblo libremente nuestro punto de vista, que puede o no coincidir con el del nuevo gobierno.

Eso no significa renunciar a la crítica. Hemos argumentado, en más de una ocasión, nuestras diferencias específicas sobre los planteamientos del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sobre sus acciones.

Lo decimos con responsabilidad porque lo hemos vivido y sufrido en Texcoco y no hay razón para callar cuando el pueblo de México necesita una educación política profunda para distinguir quiénes son sus verdaderos líderes y quiénes se aprovechan de su nobleza e ignorancia para hacerse del poder sin que las cosas cambien de fondo.

El pueblo debe organizarse para construir un futuro verdaderamente luminoso y ésa es la tarea de Antorcha, educar y organizar al pueblo para provocar un cambio profundo en México; por ende, el pueblo no debe extrañarse si el MAN hace críticas al nuevo gobierno, pues lo hace para educar al pueblo, para que voltee a ver a sus verdaderos líderes, a los líderes del MAN.

Una crítica reiterada que hemos hecho, por ejemplo, es la relacionada con lo que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) considera el mal de males: la corrupción. Hemos dejado por escrito que eso es falso y que la corrupción tampoco es la fuente de la creación de la riqueza, sino solo un mecanismo más de concentración y distribución inequitativa de la riqueza creada; hemos dicho claramente que el modelo económico es el verdadero problema de México y que mientras no haya cambios profundos en éste, las condiciones de vida de los mexicanos no mejorarán sustancialmente.

Hemos dicho también que el salario debe aumentar con controles inflacionarios; que debe haber empleo para todo aquel que quiera trabajar; que la política fiscal debe ser progresiva, pues hoy pagan impuestos los que menos tienen y los que más tienen, aunque pagan impuestos, no lo hacen en proporción a sus ingresos reales y, finalmente, hemos dicho que el gasto social debe sufrir una profunda redistribución, de forma tal que favorezca a los más desprotegidos de México y no a los que hoy todo lo tienen y buscan seguir aprovechándose del presupuesto público para seguirse enriqueciendo.

Así, por lo que alcanzamos a ver, no habrá un cambio de modelo económico; solo habrá un cambio de clase administradora del poder público en favor de los poderosos y la clase trabajadora de México seguirá en el desamparo, manipulada por los medios de comunicación, de tal suerte que, con cambios cosméticos, crea que todo va bien, cuando en el fondo todo sigue igual. Veamos.

No llegó al poder un partido de izquierda. ¿Pruebas? El saludo de Donald Trump y la “luna de miel” con los sectores ricos de México. Si fuera Nicolás Maduro, no lo saludarían con tanto entusiasmo aunque hubiera ganado la elección con tanto margen; más bien buscarían desestabilizarlo; y si se tratara de Daniel Ortega, la prensa internacional ya estaría destacando que su triunfo, con el 72 por ciento de los sufragios, fue resultado de un fraude y de la manipulación del pueblo; pero como se trata de AMLO, que según algunos analistas cuenta con el respaldo del expresidente Ernesto Zedillo, lo que puede comprobarse, entre otros indicadores, con la presencia de Moctezuma Barragán en la Secretaría de Educación, los medios internacionales le dan la bienvenida a la gran fiesta “democrática” de México; todos parecen haber olvidado aquello de que en México habría otro Venezuela y que AMLO era “un peligro para México”.

¿Qué sucedió? Nada extraño. Como he señalado ya en colaboraciones anteriores, la burguesía puede amoldarse a diferentes formas de gobierno y no tiene una en particular; de tal suerte que puede convivir con monarquías constitucionales, democracias pluripartidistas, democracias bipartidistas, gobiernos autócratas e, incluso, con gobiernos autoritarios impuestos por ella, como en el caso de la dictadura militar de Chile; puede convivir con gobiernos “socialistas”, como el de Chile, siempre que éstos respeten la propiedad privada y las ganacias del gran capital.

En ese contexto, las declaraciones de Trump en torno a la victoria de AMLO son un signo de que la burguesía mexicana y la norteamericana, en términos generales, no se oponen a ese gobierno, sino que lo respaldan. ¿Por qué? Por que al poder llegó la pequeña burguesía semiradicalizada y con ella puede convivir el gran capital, por eso la respalda.

En segundo lugar, es cierto que la burocracia mexicana es muy grande y costosa, que equivale al PIB de Uruguay; sin embargo, descentralizar las secretarías, lejos de ser una brillante idea, representa un error, por los altos costos que semejante medida implicaría; como reza el dicho: saldría más caro el caldo que las albóndigas. Alcanzo a ver, en cambio, que dicha reubicación es en realidad una maniobra para obligar indirectamente al personal a renunciar al no querer trasladarse a la nueva sede; sin embargo, eso no va a suceder.

Auguro una cascada de amparos y un altísimo costo económico al erario que, lejos de resolver los problemas de México, los va a agravar. Los funcionarios despedidos o arbitrariamente reubicados ¿quedarán conformes? Y, si como asegura AMLO, va a reducir los salarios de los burócratas y las prestaciones que éstos reciben, como el pago de choferes y viáticos, ¿quién va a querer hacerse cargo de esos puestos?

Y los choferes despedidos, ¿dónde encontrarán trabajo en una economía que casi no crece? Ya veremos. Es muy posible que el nuevo jefe del Ejecutivo se retracte de esa errónea idea de descentralizar las secretarías.

Tercero, el Fondo Monetario Internacional (FMI) parece aprobar las políticas fiscales que plantea el nuevo gobierno; y cómo no va a estarlo, si los personajes propuestos para ocupar los cargos de Secretario y Subsecretario de Hacienda y Crédito Público se educaron, uno en Wisconsin y otro en Harvard; si ninguno de los dos tienen una formación revolucionaria marxista de izquierda; por supuesto que el FMI dará su aval a una política fiscal que, a lo más, será neokeynesiana.

Finalmente, las amenazas de concentración del poder y de las decisiones de manejo de los recursos públicos no han tardado en presentarse; ejemplo de esto son la desaparición de las delegaciones y la concentración de un inmenso poder de decisión en algunas figuras que ya empiezan a conocerse como “virreyes”.

No existe un criterio definido para las determinaciones de distribución del gasto público. ¿Se distribuirá a favor de los más necesitados?, ¿esta manera de distribuir los recursos no encubre fines proselitistas?, ¿y la Constitución?

Si los ahorros por concepto de recortes a salarios y prerrogativas de funcionarios públicos se van a gastar en descentralizar las secretarías y los recursos públicos quedarán en manos de los más ricos, entonces, la pregunta obligada es: ¿cómo le hará AMLO para cumplir sus promesas de campaña? El tiempo nos lo dirá.


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