El pésimo manejo de la economía y el futuro de la 4T

**Pero la contracción y el crecimiento negativo no se dieron en México originalmente por la llegada de la pandemia: sólo recuerde el lector que ya había un crecimiento menor al 1 por ciento antes del Covid-19 y de sus secuelas desde el 2019.


El pésimo manejo de la economía y el futuro de la 4T

La Crónica de Chihuahua
21 de junio, 12:46 pm

Por Froilán Meza Rivera

En México, la economía se va a contraer en alrededor del 8 y 9 por ciento, la disminución más drástica de que se tenga memoria en los gobiernos de la época posrevolucionaria del país. Obvia y lógicamente, este retroceso en el crecimiento obedece a la presencia de la pandemia del Coronavirus Covid-19 en nuestro país y en el mundo, que con las restricciones a las actividades productivas y el confinamiento de la población en su casa, empujó a una monstruosa pérdida de empleos y al cierre temporal o definitivo de cientos de miles de pequeñas empresas, registradas e informales, y a una contracción de la producción de bienes esenciales y no esenciales, sobre todo éstos últimos, que son de la categoría de lo que no se permitió que siguiera abierto en el marco de la llamada Campaña Nacional de Sana Distancia. Diez millones 700 mil mexicanos se sumarán a las filas de la pobreza este año (así lo dio a conocer el Coneval en su último informe, sobre la base de una caída prevista de -6 por ciento de la economía, menor a la que maneja el Banco de México). Doce millones de personas dejaron de recibir ingresos entre abril y mayo. Un millón de trabajadores formales fueron dados de baja del Seguro Social. México es el país latinoamericano en que más se incrementará la pobreza (así lo dice la Comisión Económica para la América Latina, la CEPAL). Diez mil empresas formales han cerrado tan sólo en estos dos meses, según datos del IMSS.

En la presentación, por videoconferencia, del Informe Trimestral de Banco de México, el gobernador de la institución, Alejandro Díaz de León, explicó que el PIB de este año podría registrar una contracción de 8.8%, la mayor desde 1932, con una recuperación de 4.1% para el 2021. Bajo este marco, la curva de recuperación económica tendría forma de V profunda, cuya representación gráfica significa que el fondo de la V está en ese previsto casi 9 por ciento de caída.

Pero la contracción y el crecimiento cero y menor al 1 por ciento no se dieron en México originalmente por la llegada de la pandemia: sólo recuerde el lector que ya había un crecimiento negativo antes del Covid-19 y de sus secuelas, porque se llegó en 2019 (el primer año completo de la administración de López Obrador, a casi menos 1. El producto interior bruto de México en el primer trimestre de 2020 ha caído un -1.2% respecto al cuarto trimestre de 2019. Sin coronavirus, el escenario que se contemplaba desde inicios del 2020, era de crecimiento negativo. ¿En qué contexto se da esto? El 2019 y los inicios del 2020, fue la primera vez en diez años que el crecimiento de ésta, que es la segunda economía de América Latina, se presentaba en términos negativos, algo que no había ocurrido desde 2009, cuando México se recuperaba de la crisis económica global.

Esta caída del crecimiento económico marcó el primer año del gobierno de López Obrador, quien había dicho que buscaba, en los últimos meses del 2019, “herramientas para impulsar las actividades económicas”. En noviembre, el presidente anunció un plan de infraestructura de 42,000 millones de dólares para los próximos cinco años; además, creó un “gabinete de crecimiento económico” encabezado por Alfonso Romo, jefe de la oficina de Presidencia, para “acelerar las inversiones que llegan al país”. Pero en contradicción con sus manifiestas intenciones de ayudar a una recuperación, López Obrador ha despreciado y minimizado reiteradamente la información que, respecto a la economía y el crecimiento económico, proporciona de manera periódica el Instituto de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), y ha señalado que, aunque no exista crecimiento, las familias mexicanas tienen “más capacidad de compra”. Como siempre, él tiene otros datos. Así lo expresó: “Están cambiando los parámetros para medir si tenemos bienestar en México. Como tengo otros datos, puedo decirles que hay bienestar. Puede ser que no se tenga crecimiento, pero hay desarrollo y hay bienestar, que es bien distinto”, dijo en su conferencia matutina en Palacio Nacional el 30 de enero pasado.

Pero hay que ver qué opinan de estos “otros datos” los interlocutores del presidente de México, los grandes empresarios dueños del país. Durante todo ese ya muy preocupante año de 2019, los grandes burgueses señalaron al Gobierno mexicano como el responsable de la desaceleración económica. Explicaron que López Obrador dejó de impulsar proyectos de infraestructuras, y lo acusaron de que generó “un ambiente de incertidumbre” por haber cancelado el nuevo aeropuerto de Ciudad de México en Texcoco. En su análisis, el think tank “México ¿Cómo vamos?”, apuntó que en ese inicio de sexenio, igual que en otros anteriores en México, se observaba “que… se da una desaceleración económica, ya sea por la curva de aprendizaje en los primeros meses del nuevo presidente, por la incertidumbre de nuevos funcionarios públicos, o por las decisiones de inversión y gasto público”.

Pero ahora, a mediados del segundo año franco de la administración lópezobradorista, el declive se profundizó por las razones que ya conocemos, y salen a relucir en grandes magnitudes, sus malos manejos de la crisis económica y social. Pero López Obrador nunca escucha a nadie, más que al susurro de su trastabillante parla. Un grupo de empresarios le recordó que los gobiernos del mundo han optado por inyectar dinero a las economías en la crisis para evitar una catástrofe. Por segunda vez en un mes, los principales líderes empresariales de México se reunieron con el presidente para implorarle que hiciera más por la economía, advirtiéndole que decenas de miles de personas estaban perdiendo su trabajo; que las pequeñas y medianas empresas, que emplean a más del 70 por ciento de la fuerza laboral mexicana, estaban quedándose sin liquidez. Ellos sostienen que el gobierno tiene que intervenir. De acuerdo con dos empresarios que tuvieron acceso directo a esa conversación en abril, el presidente solo se encogió de hombros y les espetó su famosa frasecita de “Yo tengo otros datos”. “Ustedes hagan lo que crean que tienen que hacer y yo haré lo que tenga que hacer”. Punto.

López tampoco –menos- le hace caso a las decenas de miles y millones de mexicanos pobres que se quedaron sin comida en la contingencia y que le han exigido, con el Movimiento Antorchista en su representación, que ponga en práctica un plan de distribución de alimentos entre los mexicanos más vulnerables y vulnerados en la crisis, para evitar estallidos sociales y una muy previsible hambruna. Muchas decisiones del gobierno de la llamada “cuarta transformación” (que nadie ha explicado en qué consiste y a dónde se dirige) han provocado que se hayan levantado voces dentro incluso y fuera de Morena, que se declaran partidarios de que se modifique de raíz el presupuesto de egresos de este año, para que el siguiente contemple los rubros de apoyos y gasto social que en el de este período, el vigente ahora, fueron borrados para dejarlos sin dinero; se han formado también grupos, coaliciones, movimientos que dicen que pretenden sacar al partido Morena del poder, y han salido a manifestarse. Intelectuales y escritores comunicadores, también pretenden agruparse con el mismo propósito. Y hasta la derecha anticomunista se encuentra activa en una cruzada anti- obradorista.

Sin embargo, el desplome y la desaparición del mínimo de bienestar que había en el país, el desempleo, el hambre, la economía en crecimiento negativo, el malestar por el pésimo manejo de la pandemia, no auguran nada bueno. La desorganización y la rivalidad entre las fuerzas antigobiernistas, también, no son buenos signos. De aquí en adelante, lo que se impone es la conformación de una coalición de fuerzas políticas y sociales que incluya a las organizaciones y los intereses del pueblo trabajador, a las masas desposeídas, que habrán de ser el único motor de un movimiento nacional que tenga probabilidades de éxito. El futuro de la 4T está sellado, pero lo que no está sellado todavía es el futuro del país. Estamos a tiempo todavía, aunque cada día que pasa es valioso tiempo perdido, para levantar un gran frente popular que se proponga cumplir con todo lo que el lópezobradorismo no pudo y nunca quiso cumplir. Adelante.

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