El mejor revolucionario del siglo y una lucha preludio del movimiento del 68

**Fuimos los primeros en crear un Comité Nacional de Huelga con todas las escuelas de agricultura del país, incluido Chapingo. Logramos no que se nacionalizara, pero sí crear la Escuela de Agronomía de la Universidad de Chihuahua. De varias maneras, en varios aspectos, el 68 se inspiró en nosotros.


El mejor revolucionario del siglo y una lucha preludio del movimiento del 68

La Crónica de Chihuahua
2 de octubre, 08:36 am

Fragmento de una entrevista a Aquiles Córdova Morán

Dirigí –junto con otros compañeros– la lucha contra el carácter privado de la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar, de Chihuahua. Ése fue el preludio del 68. Así lo afirman investigadores como Jorge Carrión. Queríamos que el gobierno hiciera pública esa escuela, porque los compañeros se quejaban de los bajísimos salarios de sus profesores, bajísimos niveles académicos y de los malos servicios –pues era internado, como Chapingo–, a cambio de pagar muy altas cooperaciones.

Esto estallaría en el 67; muy mal momento pues ya era Presidente Díaz Ordaz. En una reunión, él esgrimió este argumento: “¿Ese portafolio es suyo? A ver ¿qué le parece que el Gobierno llegue y se lo quite? Eso es lo que me piden que yo haga con la Escuela. ¿Yo por qué se las voy a quitar?” ¡El presidente comparaba un maletín con la situación de esa escuela!

Fuimos los primeros en crear un Comité Nacional de Huelga con todas las escuelas de agricultura del país, incluido Chapingo. Logramos –no que se nacionalizara–, pero sí crear la Escuela de Agronomía de la Universidad de Chihuahua. De varias maneras, en varios aspectos, el 68 se inspiró en nosotros.

Al estallar el Movimiento del 68, yo había egresado de Chapingo y trabajaba en el Inmecafé, en Xalapa. Conocía bien a algunos líderes que luego se destacarían: Tomás Cervantes Cabeza de Vaca y José Tayde Aburto, ambos próximos a don Heberto Castillo. Otros se me acercaron, lo supo el gobierno y me enviaron a los altos de Chiapas. Era un exilio que me alejó del Movimiento del 68 y mi participación no pudo ser directa.

Dejamos en el Movimiento a compañeros ya organizados; algunos en el Consejo Nacional de Huelga; a través de ellos dábamos una opinión disidente. Señalábamos que era un error querer darle al Movimiento un papel que lo rebasaba y planteamos que la Universidad no podía ser vanguardia de una revolución socialista, pues nunca jugará el rol de un partido creado para eso.

A eso se debió el fracaso del Movimiento. Ese sobrevalorar sus dimensiones, abrió la puerta a provocadores como Sócrates Campos Lemus que propuso citar a Díaz Ordaz a dialogar en la Universidad. Nos opusimos a esas exageraciones ultraizquierdistas, pero éramos minoría. Si el Movimiento Antorchista sobrevivió, y está de pie frente a todos los demás, es porque a tiempo vimos que no se podía seguir por ese camino.

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