El maíz dentro de la cultura rarámuri

**El maíz es su alimento, su religión, su vida, y en torno a él festejaron durante dos días consecutivos, para intercambiar semillas, para convivir y para fortalecer sus luchas.


El maíz dentro de la cultura rarámuri

La Crónica de Chihuahua
7 de mayo, 22:30 pm

kwira.org

Bacajípare, Urique.- “La semilla me la dio mi madrina a cambio de una ayuda que yo le hice. Ella me dijo: ‘va a sembrar ahora y de esa semilla vas a vivir. Ésta (otra semilla) la siembra mi mamá, la deja guardada un año y luego la siembra para que crezca. Hay otras semillas que sembramos y cuidamos entre todos”, explica Luis Pérez cuando muestra los tipos de maíz y frijol que lograron cosechar en el 2013 con su familia.

Luis participó en la Fiesta del Maíz, organizada por la comunidad de Bacajípare y la Consultoría Técnica (Contec), él radican en Repechike, municipio de Bocoyna, localizado en la Sierra Tarahumara, y participaron además por lo menos doce comunidades de municipios serranos como Urique, Guadalupe y Calvo, Guachochi, Bocoyna y Carichí.

Luis Pérez es un joven rarámuri de 29 años, sencillo y preparado para defender su tierra, el maíz, su vida y la de su comunidad

Son comunidades que se niegan a ser desplazados por proyectos turísticos, contra la competencia desleal de maíz y los últimos años, también contra grupos delictivos. Han aprendido a organizarse.

Actualmente, enfrentan juicios legales contra esos proyectos, para defender su propio territorio y principalmente, con la defensa del maíz nativo.

El maíz es su alimento, su religión, su vida, y en torno a él festejaron durante dos días consecutivos, para intercambiar semillas, para convivir y para fortalecer sus luchas. Cada comunidad tiene su propia problemática y todos se suman en una misma: la defensa de su agricultura y territorio, paisajes majestuosos que han cuidado, respetado y venerado durante siglos.

En la familia del joven expositor, tienen 10 variedades de maíz y 16 de frijol, de diferentes variedades y colores, como lo mostraron también otras familias de las diferentes regiones, que compartieron además, técnicas para sembrar y conservar sus semillas, su patrimonio.

“Este año sólo sembramos 6 variedades de maíz y las otras las guardamos para el otro año. A veces nos dice alguna familia: ‘ah pues dame semilla porque no coseché este año’. Y nosotros se la prestamos y el otro año nos la da, eso le decimos”, así es la confianza entre ellos.

Cada variedad de maíz pertenece a algún integrante de la familia de Luis Pérez. “Cada persona tiene su semilla según la dejó con quien convivió. Por ejemplo, mi hermana creció con tíos, yo con mi madrina, y así con otros parientes que heredan las semillas con la condición de que sigamos conviviendo con la semilla y cuando tengamos la comida, la podemos seguir sembrando para conservar la semilla”, explica en entrevista al tiempo que se jacta de su facilidad de palabra, puesta al servicio de los suyos .

Desde hace unos años, tal vez dos o tres, adolescentes y jóvenes principalmente, han comenzado a migrar de la comunidad de Repechique, pero cuando regresan, intentan sembrar marihuana, esa la mayor preocupación de los indígenas que luchan por conservar sus tradiciones.

“Muchos se fueron a las ciudades a la pizca de manzanas, andando allá utilizan el dinero, compran marihuana, regresan a las comunidades, ya no cuidan la tierra, ni la familia, llegan drogados y es un problema para muchas familias que siguen viviendo en las comunidades y siguen su vida normal. La gente que viene de fuera nos traen muchos problemas”, cuenta Luis.

Detalla que los adolescentes se van de la comunidad a partir de 12 años, cuando concluyen la primaria y luego regresan “mal”, porque no hay alguien que los cuide. “Ya muchas mamás no les reclaman, no tienen quién los proteja”.

Explica que la mejor manera de impedir que siembren marihuana, es conservar su semilla, sembrarla, cosecharla, vivir de ella.

“Muchos dicen que somos pobres, yo creo que más que pobres tenemos con qué comer, lo que sí queremos es ayuda de talleres de capacitación.

Y otro problema que Luis Pérez observa, es que el sistema educativo no les ayuda, porque no está enfocado a conservar sus tradiciones, y en el caso de Repechique, los maestros sólo acuden los martes y jueves, faltan bastante por diferentes causas. “Cuando salimos de las comunidades a estudiar fuera, ya no nos dejan ser tan libres, nos dan otras ideas, no regresamos con la misma mentalidad”.

“TODOS LOS REPORTEROS DECÍAN QUE ANDABA LA GENTE INDÍGENA MATÁNDOSE POR HAMBRE”

El 2013 fue un año favorable para las comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara, pero durante el foro celebrado en el marco de la Fiesta del Maíz, recordaron que el fin de reunirse es compartir semillas y técnicas para cosechar, aún en temporada de sequía, porque están acostumbrados a trabajar por su tierra.

Arturo Merino González, otro agricultor que habla con ante medios de comunicación, desde que el rumor de suicidio colectivo de indígenas se convirtió en noticia, y trascendió al país.

“Me puse nervioso (con la entrevista), porque luego los periodistas dicen mentiras. Después dijeron que iba a haber mucha ayuda y esa ayuda nunca llegó, le faltó a mucha gente. ¿Tú te diste cuenta? Todos los reporteros decían que andaba la gente matándose de hambre sola, la gente acá no se mata porque busca y trabaja”.

Entre los agricultores indígenas dijeron que ese año, 2013, levantaron mucha calabaza. “Estamos poniendo la prueba de que sí se puede.

Arturo Merino, de la comunidad de Tehuerichi ubicada en el municipio de Carichí, sembró y cosechó frijol y maíz y explica: “El maíz es nuestra vida, sin maíz no tenemos vida, y sin el agua. Otros años tuvimos que buscar ayuda en alguna institución, la iglesia, gobierno, unos tres años porque sí levantaba poco maíz pero les faltaba para todo el año, luego conseguían empleo temporal para comprar harina o en Liconsa, pero este año (2013) fue mejor”, expresa con convicción, característica de su gente.

Explica que el agricultor necesita trabajar, deshierbar el terreno porque de otra manera, no cosecha. “Para cosechar, iniciamos en los últimos de octubre, mucho comienzan como a mediados de noviembre, los que siembran tarde. También se barbechar para aflojar la tierra como en enero o marzo”.

En la exposición de los agricultores, que se hace al aire libre, muestran los diferentes tipos de maíz y cada uno tiene diferente sabor, se utilizan para platillos distintos. “El frijol mantequilla por ejemplo, dura poco tiempo para cocer pero dura poco tiempo cocido, el ojo de cabra dura más tiempo cocido, no se hace agrio. Para comer hay diferentes usos, muchos se revuelven con nopal, otro se usan para hacer pinole, para tortillas y para otras cosas”, explica.

ENTRE LA INSEGURIDAD, LUCHAN POR CONSERVAR EL MAÍZ

“Ahorita estamos tranquilos, pero ya se sabe que en todos lados está la violencia, sabemos que hay unos delincuentes que molestan. Últimamente se acercan, pero parece ser que ya están muy cerca de la comunidad. En otros ranchos sí está lleno de gente de ahí mismo y de fuera, que se involucran y ya, se reúnen”, describe Guadalupe Prieto Núñez.

Guadalupe Prieto vive en la comunidad de Agua Amarilla en el municipio de Guadalupe y Calvo, colinda con el municipio de Durango, justo en el Triángulo Dorado.

Él es padre de familia en Agua Amarilla, municipio de Guadalupe y Calvo y es uno de los hombres que más participa en la organización de la Fiesta del Maíz: toca el violín, ayuda a sacrificar la vaca que llevaron en ofrenda a Onorwame (Dios padre y madre para los rarámuri).

En su comunidad, ha trabajado como auxiliar de salud, le gusta participar en cursos y pertenece a Contec .

“Desde niño siembro y en mi terreno actual desde hace como 30 años, y pues el maíz es la vida de uno, es la resistencia de uno, es lo que nos da la vida”, detalla.

Guadalupe Prieto presentó su cosecha de maíz azul, blanco, cristalino y dulce. “La diferencia es que el maíz azul se utiliza para el tesgüino, el blanco para tortillas y el maíz dulce nos gusta más para el pinole, aunque también cuando queremos el tesgüino más dulce.

El pinole lo utilizan como energético principalmente en las carreras de resistencia. Lo preparan a base de maíz tostado y molido, luego lo disuelven en agua. “Da energía, te quita el hambre para cuando tienes sed, lo utilizan principalmente los corredores”. Para él, como para los agricultores que participaron, los primero es su tierra y luego pueden a ir a trabajar a donde quieran, es la regla para sus familias.

MUJERES, PILAR DE SUS COMUNIDADES

María Rascón López es una de las agricultoras más conocidas y carismáticas de su comunidad Cuiteco, del municipio del municipio de Urique. Además, ella es curandera, fabrica jabones y es experta en medicina tradicional.

Comenzó a sembrar maíz cuando tenía 12 años, cuando murió su abuela que la crió.

Se sienta en el piso con gran facilidad y cuenta: “Yo le ayudaba a barbechar a la abuelita, a sembrar, a limpiar el maíz. De ahí me fui encariñando de la tierra. Cuando comencé a sembrar me decía que es cuestión de trabajar a beneficiar el maíz cuando el maicito grande, arrimarle la tierra, carrillar y empezábamos a arrimar la matita del maíz, usábamos la boñiga de chiva no usábamos fertilizante. Nos duraba mucho el maíz aquellos años, con pura boñiga de chiva, no se perdía el maíz”, recuerda María.

Estudió hasta la secundaria y ha trabajado como voluntaria en el sistema de salud también. Durante doce años ha trabajado para Contec, en la organización de foros para fortalecer sus cosechas y la defensa de sus territorios.

Carmela Jacobo es una de las agricultoras rarámuri más reconocidas. Es mamá de la gobernadora indígena de Huitosachi, municipio de Urique, María Monarca.

Desde que era niña, Carmela siembra maíz y frijol con su familia y actualmente sus diez hijos también lo hacen. “Tenemos toda la vida con la siembra”, comenta en pocas palabras porque no domina el idioma español, pero es pilar en su comunidad para impulsar la siembra.

LA FIESTA DEL MAÍZ

Los productores del maíz llegaron a Bacajípare, en el municipio de Urique, donde se concentraron para intercambiar semillas, ofrecer productos y una vaca a Onorwame.

Durante dos días y una noches, convivieron, intercambiaron experiencias, yúmari (ceremonia para dar gracias a onorwame por la cosecha de maíz, haba, calabaza y chícharo, donde se bailó matachín y pascol al compás del violín), música, juegos y alimentos, con el fin de ofrecerlo para que este año, sea mejor.

Lorenzo Moreno Pajarito, gobernador de Bacajípare, dio la bienvenida a los integrantes de las diferentes comunidades. Al aire libre y junto al altar que levantaron con palmas y flores, les explicó que el motivo de la reunión era para compartir experiencias y técnicas que les ayuden a cuidar su tesoro más preciado: el maíz.

“La Fiesta del Maíz la hacemos para fortalecernos y para fortalecer a la tierra”, expresó en rarámuri y posteriormente en español, Pedro Turoseachi Sevorachi, coordinador de la Fiesta del Maíz explicó que si no encuentran nuevas técnicas, porque si no se sigue sembrando las semillas nativas de maíz, éste se va a acabar y lo van a sustituir con semillas patentadas que no han desarrollado los campesinos rarámuris.

Cada asistente saludó uno a uno a los otros, dando vueltas alrededor del altar y así dieron inicio a su fiesta. Durante aquella mañana, realizaron un foro para analizar la situación.

Las mujeres cocinaron para los cientos de asistentes y luego de realizar el trueque de semillas entre los agricultores participantes, los hombres tocaron sus instrumentos para iniciar el yúmari.

Hombres y mujeres convivieron durante toda la noche, bailaron a Onorwame con los atuendos coloridos de cada región.

Un grupo de hombres sacrificaron una vaca, la ofrecieron ante el altar con otros alimentos y productos. Al mediodía, acompañaron el ritual los danzantes de pascol y matachín, para instaurar el momento en armonía con el universo.

Otro grupo de mujeres se encargó de moler el maíz, mientras otras desmenuzan la carne de la vaca, otras más preparan el maíz en grandes ollas, con el apoyo de algunos hombres.

Las apuestas comenzaron a media mañana a favor de una u otra comunidad de corredores de bola, o de mujeres participantes en el juego de la arigüeta.

Los hombres corren con una vara atrás de una bola que llevan hasta la meta, luego de largos recorridos entre terrenos irregulares.

Las mujeres hacen lo propio, detrás de una arigüeta – dos aros entrelazados y forrados con hojas de palma-. Más que un juego, es una apuesta que distribuye entre los integrantes de sus mismas comunidades.

Antes de comer el pozole, tamales sólo de maíz, las tortillas de maíz hechas a mano y la carne, oran en un acto de gratitud a Onorwame y durante toda la fiesta, su acto central es el yúmari.

EN CONTRA DEL MAÍZ TRANSGÉNICO

Pedro Turoceachi Sevorachi explica que tienen información de que el maíz trangénico, es un maíz híbrido que están trabajando genéticamente empresas agroindustriales y les afecta en la medida que contamine a sus semillas.

“El maíz transgénico está hecho a base de cambiar genes, de introducir genes de especie vegetal cruzado con otras especies, que no son de la misma naturaleza, con estas modificaciones por ejemplo, el maíz transgénico es resistente a herbicidas, como el glifostato que es un plaguicida que mata no sólo la plaga sino todos los organismos benéficos para el cultivo de maíz y a la larga, las plagas se hacen resistente al glifosfato”, comenta Pedro, quien ha asistido a cursos en diferentes partes del país, para aprender a defender sus tierras y al maíz de los indígenas rarámuris.

Para ellos, el riesgo es que la semilla nativa pueda ser contaminada por este tipo de semillas que se ha demostrado, afecta la salud de humanos, insectos y animales.
Advierte que el maíz los hace pueblo: “representa todo, la vida de la comunidad, nuestra historia, todas las tradiciones que la comunidad vive, representa la alimentación, la salud, la vida. Con maíz se hace escuela, se hace conocimiento, se practica la agricultura, en realidad es la vida de un pueblo”.

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