El horror nuestro de cada día (339)

LA ENFERMERA FANTASMA DEL HOSPITAL CENTRAL. UN NUEVO TESTIMONIO


El horror nuestro de cada día (339)

La Crónica de Chihuahua
2 de agosto, 19:35 pm

Por Froilán Meza Rivera

Ciudad Delicias.- Hace tres años estuve internada con una trombosis en el Hospital Central de Chihuahua, después de que me cansé de tanto sufrir en mi tierra y decidí ser atendida bien y por un especialista.

Sin haber leído nada ni escuchado yo nunca acerca de la famosa enfermera fantasma que ayuda a la gente en el Central, sin saberlo tuve contacto diario con ella durante seis días seguidos. Y tengo testigos de su presencia bienhechora.

Yo soy de Delicias, vivo en la Colonia Terrazas, tengo 63 años y el problema que me estaba matando era un coágulo en una pierna.

Llegué a Chihuahua muy enferma, con la pierna toda inflamada, y el doctor que fui a ver, Sergio Piña Marshall, me dijo que si no me lo atendía, el coágulo se me iba a ir al cerebro y ya no la iba a contar.

“Doctor, oiga, yo no tengo muchos recursos, me salí del Seguro por falta de atención, pero no me puedo internar en el hospital que usted me dice”. -Le dije a Piña.

Y por suerte, una señora que no estaba programada para salir, se dio sola de alta y se fue a su casa, con lo que quedó un cuarto disponible, y lo tomé.

En Chihuahua vive una hija mía, Judith, que es casada. Ella me daba mis vueltas y me ayudó con el papeleo y todo. El día que me internaron, mi hija se fue a surtir la primera receta, y me dejó sola en la cama. En eso llegó una enfermera que me llamó por mi nombre y me hizo plática:

“Señora Amparo Gutiérrez Moreno, ¿cómo está, cómo se siente?

“Pues la mera verdad, bien amolada” -Le dije.

“Sea fuerte, no tenga miedo, usted es más fuerte con la oración a Dios”.

La mujer, quien era blanca, delgada de buen cuerpo, estatura mediana, con una muy agradable presencia, se portaba muy amable y sus palabras eran para mí muy reconfortantes, porque me parecían salidas del corazón.

Me llamó la atención el gorrito que traía: un gorrito como el que usaban antes las enfermeras, cuando tenían una vueltecita para atrás esos gorros.

Me sonrió, como adivinando mis pensamientos. Siempre sonreía.

Me visitó durante seis días seguidos a la misma hora, como a las 6 de la tarde, que en noviembre ya era oscuro.

Era curioso que la enfermera nunca me administrara ningún medicamento.

En una ocasión, mi hija me preguntó que quién me había visitado, y yo le dije que mi tía Lala, mi tío David, una prima Ema de mi mamá.

“¿Y quién más?”

“M’ija, me está visitando una enfermera” -Y le conté de la amabilidad de la mujer.

Esa vez Judith vio a mi visita, pero no se fijó en ella porque estaba muy entretenida leyendo una revista en el sillón que estaba en un lado del cuarto.

Cuando fue a verme mi hija Griselda de Delicias, también se entretuvo con la revista, pero ella sí vio a la enfermera con su sonrisa y con el gorrito que le llamó la atención.

Griselda recuerda haber escuchado lo que me dijo la enfermera:

“Señora Amparo, usted me prometió pedir por mí a Dios en sus oraciones”.
“Pero no me dijo su nombre”.

“Me llamo Gloria...” -Me dijo ella. Yo ahorita no recuerdo el apellido, pero sí me lo dijo, y entonces le pregunté que qué iba yo a pedir para ella en mis oraciones, y ella me contestó que lo que más deseaba era llevar bien su vocación.

Dejó de visitarme unos dos días antes de que me dieran de alta, pero ahora que lo he pensado mejor, hubo varias cosas extrañas con mi bienhechora.

Además ¿por qué nunca me revisaba? ¿Por qué nunca me preguntaba cuestiones de mi tratamiento? ¿No se suponía que trabajaba ahí?

¿Por qué no me cambiaba ella la botella cuando se me acababa el suero?

Cuando estaba yo ya aliviada en Delicias, mi hija de Chihuahua y su esposo se dedicaron a averiguar todo acerca de la misteriosa y amable enfermera, y en la Dirección les dijeron que nadie con ese nombre trabajaba ahí.

Judith supo que yo no he sido la única que me he beneficiado con la presencia de la enfermera fantasma, porque cuentan historias diferentes de casos en que ha intervenido para ayudar a pacientes y a sus familiares.

Yo no la recuerdo con el miedo que se le tiene a los fantasmas, para mí es como si fuera de mi familia.


2 comentarios de los lectores.

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  • Una versión parecida, pero no igual a la que había leído. Saludos, amigo Froilán

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  • Pues yo, como santo tomas de aqui no y alla si: ver para creer. Ya me han contado muchas historias de esa clase, incluso mi papä me las contaba, pero era muy imaginativo. y yo por mi parte nunca he visto ni oido nada que no pueda ser explicado razonablemente de un modo natural. Recalco eso ultimo porque si he visto cosas extrañas, pero no al grado de no poder ser explicadas por algun cientifico, ya o algun dia.
    Al grano. Pues resulta que una noche, acompañado de otra persona, iba ya llegando a mi casa aislada en un llano, junto con nuestro perro, cuando este se adelanto ladrando furioso, ladrando a alguien invisible, para mi nosotros. Misterio sin resolver. en otra ocasion estaba yo sentado tranquilamente en el patio de mi casa, viendo las etrellas, cuando si se veian (no habia tanta contaminacion luminica) cuando divise una estrella que se me figuro rarita, me parecio que oscilaba. La mire fijamente, y en efecto, tenia cierto movimiento, y ademas, para mi asombro, crecia de tamaño, al principio no mucho, pero segundos despues llegue a una conclusion logica, se estaba acercando, y directo en mi direccion. sin pensarlo, brinque de lado casi un metro, sin saber ni como.
    bajaba relativamente despacio por el aire, como lo haria una bola esponjosa de algodon de unos 10 ctms. de diametro; debilmente luminosa, amarillenta. Cuando toco el suelo, alumbro apenas un circulo de un mto. de diametro, rodo dos vueltas, y se detuvo. luego se empezo a a apagar, a desaparecer de afuera hacia adentro, exactamente a desaparecer, haciendose chiquita y mas y mas, hasta quedar una migaja, y luego oscuridad absoluta. Prendi la luz, pero nada, ni cenisas. usted opine.

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