El horror nuestro de cada día (338)

CHIHUAHUA: APARICIONES EN EL ARROYO DE LA MANTECA


El horror nuestro de cada día (338)

La Crónica de Chihuahua
31 de julio, 16:42 pm

Por Froilán Meza Rivera

La visión más atemorizante que hubieran vivido los vecinos del Arroyo de la Manteca, fue aquélla cuando, en una noche reluciente de luna redonda y plateada, vieron aparecer a “la bruja maldita” con su jauría del demonio.

“Híjole, pues yo qué le voy a decir, pues claro que todos la vimos... estaba ‘El Pato’ junto conmigo, y en la banqueta estaban varios malandros poniéndose bien marranos con resistol, y nosotros jugábamos pelota a media noche, porque estábamos de vacaciones”.

José Víctor recordó precisa la aparición. El Arroyo de la Manteca, famoso por el entorno sobrenatural en medio del cual discurrían sus aguas sucias en tiempos de lluvias, no estaba todavía canalizado, y corría a la intemperie. Sin embargo, en lo que hoy es la esquina de la calle 17 y la Irigoyen, estaba la boca del túnel de un puente. De ahí emergió la bruja con su acompañamiento.

“Salieron del túnel cuatro perros de pelaje oscuro, de aspecto infernal”.

El “aspecto infernal”, según José Víctor, se los daban a aquellas fieras de tamaño descomunal sus ojos rojos que chispeaban como si tuvieran luz propia, así como aquellos pares de colmillos temibles y el lomo arqueado como de hiena. Una mata de pelos les erizaba el lomo, como sucede con los gatos asustados.

Agarraron los canes un trote veloz, como si tuvieran prisa por recorrer el arroyo a todo lo largo, desde la Mariano Irigoyen hasta la Degollado, que era el trayecto en el que siempre se aparecían. Los aullidos eran “desaforados”, según el relator de esta estampa de terror. “Es que todos sabíamos que eran espíritus de brujos que se posesionaban de cuerpos de perros muertos, en descomposición”.

La jauría causaba una oleada de pánico entre el vecindario, y la mayoría de la gente no se aventuraba a andar fuera de sus casas pasando las doce de la noche, por el temor de presenciar estos horrores. A los ladridos y gruñidos de los perros diabólicos, se agregaba el olor fétido que iban despidiendo esos cadáveres andantes.

“Y lo peor estaba por llegar, ya que atrás de estos cuatro perros, en esa ocasión vimos muy claro que venía la “bruja maldita”, una vieja repugnante, harapienta, de cara llena de granos reventándose de pus. Me fijé en que la bruja traía sujetos a los canes con largas cadenas que colgaban de arneses que llevaban en el cuello”.

Era el año de 1985, y Víctor ya no supo cuándo fue que canalizaron el Arroyo de la Manteca en esta parte de la ciudad, porque él se fue a estudiar a Monterrey, y al barrio sólo ha regresado en calidad de visita. “Nunca se me va a olvidar esa experiencia que me dejó marcado para toda la vida, y que me provocó que desde entonces tenga yo una pesadilla todas las noches, en la que aparecen aquellos seres del averno sembrando miedo entre los mortales, en aquel arroyo que desde entonces se me hizo odioso para siempre”.

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