El horror nuestro de cada día (319)

EL CERRO GRANDE Y EL MITO DEL VOLCÁN DE AGUA


El horror nuestro de cada día (319)

La Crónica de Chihuahua
27 de enero, 18:30 pm

Por Froilán Meza Rivera

En las peores pesadillas de los habitantes de las faldas del Cerro Grande, éste se convierte en una amenaza que trae una catástrofe de proporciones bíblicas y que se lleva a la ciudad de Chihuahua en medio de olas gigantescas que lavan toda la superficie en kilómetros.

En la imaginación de la gente, esta amenaza pareció cercana a cumplirse con la publicación de una serie de notas periodísticas en enero de 1986. Esas versiones daban cuenta de que una cierta adivina predijo que de esta montaña surgiría un volcán de agua que destruiría las poblaciones cercanas.

¿Cómo influyeron esas notas?

Se convirtieron en un rumor que, débil al principio, cobró gran fuerza conforme pasaba de boca en boca, y ya se hablaba del peligro inminente y hasta de fechas de la catástrofe.

Por ejemplo, una nota del 8 de febrero de 1986, reflejaba el tamaño de la sicosis colectiva: “Cerca del 35 por ciento de los colonos de la Unidad Proletaria está abandonando sus hogares, a raíz del rumor de que se va a derrumbar el Cerro Grande los días 14 ó 15 de febrero, según lo predijo una “clarividente” estadounidense”.

El 10 de febrero de 1986, las notas prosiguieron: “Ante el rumor de que se va a derrumbar los días 14 ó 15 de febrero, la morbosidad convierte al Cerro Grande en atractivo turístico”.

Y ya para el 16 de febrero de 1986, todo se había desinflado: “Confirmado, que todo lo dicho acerca de una posible explosión del Cerro Grande fue un infundado rumor”.

El maestro Carlos García Gutiérrez, quien era coordinador del Departamento de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ingeniería de la UACH, dijo que: “Es completamente falso el rumor sobre la supuesta inundación de la capital causada por el Cerro Grande”.

Pero el mito que asegura que el Cerro Grande es un volcán de agua, no se originó en la mentirosa campaña periodística que tres individuos fraguaron expresamente para atraer lectores a un cierto periódico en la década de los ochenta y que provocó una ola de pánico entre la población.

No.

Los pobladores de las inmediaciones de esta montaña de 2 mil 300 metros de altura, vivieron desde siempre en el temor de que el Grande se deshiciera en un estallido. El Cerro Grande, dicen los viejos, es el tapón de un mar interior.

El origen del mito se remonta a una partida de ingenieros estadounidenses que, contratados por la American Smelting and Refining Company (ASARCO), hicieron unos estudios hidrológicos encaminados a traer agua a la planta de beneficio de metales de Avalos.

Entre 1933 y 1935, los ingenieros le echaron el ojo al manantial Orizaba, que está al pie del Cerro Grande, del lado poniente.

Asegura don Juan Refugio Portillo Ruiz, quien actualmente vive en Villa Juárez, que los técnicos americanos hicieron exhaustivos estudios en aquel lugar, y que mejor se rajaron de perforar allá un pozo.

Resulta, según este señor, que las prospecciones hidráulicas revelaron que el Cerro Grande es un volcán de agua, que de alguna manera es el “tapón” de los remanentes de un mar que quedó atrapado en el subsuelo, y que si se practicara una perforación, se desencadenaría la catástrofe y una serie de pavorosas inundaciones.

“A mí me dio mucho miedo y mucha lástima, el otro día que recorrí las faldas del Cerro, de que haya tanta colonia alrededor, es que esa gente no sabe del peligro en que se encuentra”, dijo, angustiado.

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