El horror nuestro de cada día (304)

ENREDADA LEYENDA LOCAL, LA DE PASCUALITA


El horror nuestro de cada día (304)

La Crónica de Chihuahua
22 de julio, 16:37 pm

Por Froilán Meza Rivera

Fíjate que mi novia casi se desmayó cuando supo que el vestido que se iba a probar, lo había modelado durante dos semanas un maniquí al que se le atribuye una vida secreta nocturna, y sobre la que se han contado tantas y tantas historias. Fíjate si no es atractivo el tema: no le falta misterio, muerte, sangre... no le faltan maldad y sentimientos encontrados, represión materna, rebeldía... si no te duermes, hasta una novela puede salir de aquí.

Yo sé que te has resistido a hacerle el juego al anuncio comercial que es la leyenda oficial del monigote de la tienda de vestidos de novias. Pero si me atrevo a enviarte esta historia es porque, según yo, es importante que el pueblo rescate su identidad, y ésta de las leyendas es una parte importante de la cultura de nuestra gente.

El relato, contado por un turista que vino del Distrito Federal, va así:

Una noche andábamos paseando por una de las calles del núcleo urbano. De repente, mi amiga me pidió que me detuviera en una esquina, frente al escaparate de una tienda. Allí se encontraba una hilera de maniquíes con vestidos nupciales. Pretendió que fijase la mirada en uno en especial. Debía observar sus ojos y luego sus manos. Seguidamente, ante mi asombro, me explicó que esa figura, con su extraño parecido a un ser humano, escondía varias leyendas estremecedoras. Carmen había oído decir que su cabello, parte del rostro, ojos y manos, pertenecían al cuerpo embalsamado de «La hija de la Pascualita». Entonces empecé a contrastar las diferentes versiones de aquella fascinante leyenda urbana.

El 25 de marzo de 1930, día de la Encarnación, arribó a la ciudad de Chihuahua, al popular aparador de la casa de novias, un maniquí que parecía la imagen viviente de su propietaria, y de su hermana. La gente murmuraba especulaciones acerca de que podría tratarse del cuerpo embalsamado de la hija de Pascualita, que así se llamaba la dueña. Ella jamás lo desmintió, y la prensa se hizo eco del asunto. La misma Pascualita exhibía recortes de diario en el aparador de «Chonita», como originalmente bautizaron a la figura, por haber llegado el día de la Encarnación.

La gente venía de diversas partes del estado para contemplar a la «Pascualita», como se generalizó el nombre con el que definitivamente se la conoció. En ocasiones, debido a la extrema aglomeración de gente, el tráfico de la Calle Libertad llegó a suspenderse. La dueña de la tienda recibía numerosas acusaciones por teléfono, pues aquello iba en contra de la moral, le decían. También recibía numerosas visitas que ante el menor descuido, clavaban sus uñas en la cara del maniquí y le dejaban huellas que permanecerían durante décadas.

Ante las amenazas, Pascualita optó por hacer público que no se trataba de un cuerpo embalsamado.

Cuenta la raza que en una ocasión llegaron al establecimiento unos agentes judiciales con la orden de realizar una investigación sobre un posible asesinato. Pascualita les pidió que volviesen más tarde, ya que «Chonita» se encontraba en su baño. Los policías acumularon más dudas e insistieron en verla, con lo que el maniquí fue sacado envuelto en una bata, y con una toalla cubriendo su cabello. Sólo se les permitió revisar el rostro, por una cuestión púdica, habiéndose marchado los agentes todavía más confundidos.

El maniquí no se encuentra en un museo, sino en una calle principal, en un comercio de aspecto común, junto a otros maniquíes de novias, con absoluta normalidad. La luz de la luna hace resaltar el blanco de su vestido y la naturaleza de su aspecto... Leyenda o no, es una imagen fascinante, que observada en la noche, aun sin conocer la siniestra crónica, produce espasmos de miedo, ¿a poco no?

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