El horror nuestro de cada día (302)

LA CUEVA DEL DIABLO, O LOS CRÍMENES EN LA GRUTA DE EL MORTERO


El horror nuestro de cada día (302)

La Crónica de Chihuahua
15 de junio, 17:41 pm

Por Froilán Meza Rivera

De la cueva pavorosa salían chispas, y las llamas en su interior y el juego de sombras y luces rojizas y anaranjadas, daban al lugar un aspecto terrible, como si fuera un respiradero del infierno.

Aquellos dos chamaquitos sólo pasaban por ahí, y pensaron vadear el río Chuvíscar por este punto para evitarse la caminata hasta el puente de la calle Talavera, más seguro, pero más lejano. Así, pues, al atravesar el jarillal y salir al otro lado de la corriente, sólo les quedaba trepar al barranco.

Pero al divisar la cueva del Mortero y las formas vacilantes que se proyectaban en la pared rocosa, les entró un súbito miedo.

Para su mala suerte, las vagas expresiones vociferantes que escucharon primero como murmullos y como gritos después, tomaron cuerpo en cuatro siluetas que ahora se dirigían decididamente hacia ellos.

Los paseantes salieron disparados y no pararon hasta llegar a la alumbrada seguridad de la avenida Zarco.

Antiguos relatos de crímenes, apariciones y del hallazgo de cadáveres entre las jarillas de aquellas ahora desaparecidas playas del Chuvíscar, por donde está ahora la Cruz Roja, cobran en la actualidad tintes de leyenda.

Hará apenas unos siete meses que fue encontrado aquí el cuerpo descompuesto de un señor de edad, quien estuvo desaparecido por siete días, sin que a nadie se le ocurriera asomarse al barranco que está exactamente atrás del asilo de ancianos. Resulta que este señor, quien padecía de ataques epilépticos, cayó al barranco desde el patio del asilo, aparentemente por una puerta mal cerrada.

El cadáver estuvo oculto detrás de la alta maleza.

Este fue el último caso, pero se cuentan muchos más.

Hace tres décadas el río Chuvíscar formaba una playa en este sitio, donde se encontraba la famosa Noria del Mortero, convertida hoy en un parquecito que renta el Gobierno del Estado para fiestas infantiles.

Y unos 40 años atrás, el Ayuntamiento mandó tapar aquí la pavorosa Cueva del Diablo, en vista de que en su interior se congregaban numerosos vagos y malvivientes que molestaban a los paseantes y a las familias que acudían a disfrutar del paisaje campestre.

Las leyendas que se tejieron en la imaginación de la gente en torno a este tétrico lugar, se conservan en la memoria y en la boca de los vecinos y de los ocasionales pobladores de las alcantarillas, vagabundos y parias que se refugian durante la temporada seca en los desagües de los arroyos.

LA TERMINAL DE LOS TUNELES

Algo que excitaba la imaginación de los capitalinos era la leyenda que hacía referencia a que en El Mortero estaba una de las terminales de la fabulosa red de los túneles que, decían, atravesaban la ciudad y que comunicaban por la vía subterránea con los principales templos.

Y aunque hace 40 años el paraje del Mortero era todavía hermoso y atractivo, de noche las cosas eran muy diferentes, porque eran muy pocas las personas que atravesaban por aquí, temerosas de con alguno de los aparecidos que eran personajes de las fábulas. O bien, por el temor también de ser víctimas de ataque de los facinerosos que tenían su refugio en las covachas y barrancos.

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