El hambre, la paradoja de la producción de alimentos en México

**El problema del hambre en México no está en la poca disponibilidad de alimentos, sino en la falta de ingresos monetarios que impide a las familias adquirir la canasta básica (un problema de acceso).


El hambre, la paradoja de la producción de alimentos en México

La Crónica de Chihuahua
25 de agosto, 17:08 pm

Por Jorge López Hernández/
Economista por la UNAM e investigador
del Centro Mexicano de Estudios
Económicos y Sociales (CEMEES).

En pleno siglo XXI, el hambre sigue siendo un problema que azota a una parte importante de la población mundial. En la era del gran avance tecnológico y de las telecomunicaciones, en los tiempos en que la sociedad ya explora Marte en busca de recursos naturales y condiciones para habitarla, hay millones de personas en la Tierra que no pueden satisfacer la necesidad más elemental: comer. De acuerdo con el último informe de la FAO sobre alimentación, en 2020, entre 720 y 811 millones de personas padecieron hambre[1], el 30.4% de la población mundial sufrió inseguridad alimentaria, y 3 mil millones de personas no pudieron acceder a una dieta saludable. Como consecuencia de esto, el informe menciona que el 22% de los niños menores de 5 años sufrió retraso del crecimiento y 45.4 millones de niños padecieron emaciación[3]. A escala mundial, se estima que el 29.9% de las mujeres entre 15 a 49 años padece anemia a causa de la mala nutrición.

El hambre frena el desarrollo pleno de millones de personas que la padecen. En la niñez, pone en riesgo su futuro, pues al no ingerir los nutrientes necesarios para su sano crecimiento, les impide un pleno desarrollo físico y mental que determinará la salud y las condiciones materiales de su vida adulta; a los adultos les impide, por un lado, desarrollar su potencial en su etapa productiva y, así, no pueden acceder a trabajos bien remunerados, además de que el hambre siempre genera y detona enfermedades que deterioran constantemente la salud.

El hambre es una de las peores catástrofes que ha padecido la humanidad y que no se ha podido erradicar no porque no se produzcan los alimentos suficientes para alimentar a la población sino por la mala distribución de la riqueza. En el sistema capitalista, la clase trabajadora accede a la riqueza que genera a través del mercado y solo en el equivalente a su salario. De esta manera el mercado decide quién puede satisfacer sus necesidades y quién no. Está claro que bajo este sistema económico los pobres de la tierra no podrán alimentarse aunque el planeta esté inundado de alimentos.

Y México es un fiel representante de la tesis enunciada. Es uno de los países que producen más alimentos a nivel mundial y, sin embargo, el año pasado 10.8 millones de personas padecieron hambre[4] y 28.6 millones tuvieron carencia alimentaria. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, en 2020 la producción de alimentos en nuestro país superó las expectativas, con lo cual México se colocó en el lugar 12º de los principales productores a nivel mundial. Además, desde el 2015 la venta de alimentos al exterior ha superado a las compras, es decir, vendemos más alimentos de los que compramos. Nuestro país produce frutas y verduras; carne de res, cerdo y pollo; huevo y leche; pescados y mariscos; maíz, trigo y sorgo; etc., en cantidad suficiente para alimentar a la población mexicana. De hecho, el país produce el 92% de sus necesidades alimentarias.

Vemos, pues, que el problema del hambre en México no está en la poca disponibilidad de alimentos, sino en la falta de ingresos monetarios que impide a las familias adquirir la canasta básica, es decir, es un problema de acceso. México sufre lo que Tántalo padeció, pero no por castigo divino, sino por acción del todopoderoso capitalismo, que prohíbe su disfrute quienes crean la riqueza.

El pueblo de México debe exigir a sus gobernantes que, de una vez por todas y para siempre, acaben con el tormento del hambre. ¿Es posible? Sí, es posible. Siempre y cuando el Estado se comprometa en serio a erradicar el problema. Simular el papel de gran benefactor, regalando dinero en efectivo al pueblo pobre y hambriento, en vez de acabar con el problema lo eterniza. Para desarrollar todo el potencial de México como nación se necesita eliminar el hambre de raíz. No se podrá construir una nación más justa y próspera si el sector agropecuario sigue produciendo casi en exclusivo para alimentar a los países ricos mientras que un tercio de su población padece hambre continuamente.