El diablo y buenas…

** “La dama, el cotorro, el valiente". Y como si lo estuviéramos escuchando en cámara lenta, oímos cuando salió la siguiente carta: “el diablo y...” En ese momento se apagó la luz del foco...


El diablo y buenas…

La Crónica de Chihuahua
22 de octubre, 19:44 pm

Por: Jaime Gómez Grado

El tradicional juego de la lotería es sin duda uno de los juegos de azar más acostumbrado por las familias mexicanas. Ya sea que se juegue de mentiras, como dicen por ahí, o de apuesta.

En esta ciudad de Ojinaga son varios los casos que se han presentado en torno a este juego, pero el que trataremos en esta ocasión le sucedió a un grupo de niños y adolescentes allá por la década de los años 90.

Juan, como se llama el joven que nos contó esta historia, tenía alrededor de 12 años cuando se daban las grandes jugadas de lotería por un barrio de la Colonia Constitución; en esas reuniones, que se daban tarde a tarde en las diferentes casas, se juntaba gran cantidad de señoras, señores, jóvenes y hasta abuelitas.

Era tanta la euforia que se había provocado en esas jugadas, que ya se les había hecho vicio a quienes participaban en ellas.

Lógicamente que los niños presenciaban eso y se habían aficionado de igual manera al juego de la lotería, y claro que ellos lo hacían sin apostar nada, “de mentiras”.
“Recuerdo bien que esa tarde éramos como diez, entre niños, niñas y adolescentes. Salimos todos a juntar piedritas, frijoles y fichas para ponerlos sobre los cartones de la lotería. En lo que acomodamos todo y andábamos a media jugada, se nos hizo noche y solo un opaco foco iluminaba ese viejo y derruido cuarto de adobe”.

“La dama, el cotorro, el valiente". Y como si lo estuviéramos escuchando en cámara lenta, oímos cuando salió la siguiente carta. “El diablo y...”

En ese momento se apagó la luz del foco quedando los presentes en medio de la oscuridad. Acto seguido, se cerró con fuerza la puerta del cuarto, con un fuerte estruendo.

Cuando eso sucedió, los jóvenes jugadores salieron corriendo del lugar de juego, como alma que llevaba el mismísimo demonio.

“Yo me quedé afuera de mi casa que estaba enseguida de donde estábamos jugando, ya que se había ido la luz en toda la colonia. Ahí espere hasta que volvieran mis padres, y ya cuando llegaron les conté lo que había sucedido”. El chisme corrió como reguero de pólvora en todo el barrio y las jugadas de lotería cesaron por un tiempo, ya que este hecho se consideró como un acontecimiento del más allá.

“Lo bueno de todo esto fue que la vida del barrio volvió a la normalidad y la gente se alejó del este adictivo juego de azar que se había convertido en vicio”, concluyó Juan.

Hay que recordar que ningún juego es malo y no satanizamos a un juego tan tradicional como lo es la Lotería, lo malo son los excesos y más aún cuando empiezan a fanatizarse las personas que los practican, a tal grado de dejar las cosas importantes de lado, por el juego.

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