El decálogo de un farsante

**El Presidente no es una persona honesta; miente de manera deliberada y solamente le importa ganar las elecciones de 2021.


El decálogo de un farsante

La Crónica de Chihuahua
7 de julio, 15:38 pm

Columna. Capitán Nemo/
Buzos de la Noticia

Es sabido que muchos de los personajes que viven del presupuesto público suelen conducirse sin mucha ética. La ética, según la Real Academia Española (RAE), es un conjunto de normas morales que rigen la conducta de una persona en cualquier ámbito de su vida y le permiten discernir entre el bien y el mal.

Entre los principios éticos más importantes destacan la justicia, la libertad, la honestidad, la responsabilidad y el respeto a otras personas. Estos valores son necesarios para la sana convivencia social y los gobernantes son los primeros obligados a preservarlos, defenderlos y exigir su cumplimiento a los ciudadanos. Pero esto, como veremos, no sucede en nuestro país respecto a la aplicación de estos principios. Antes y durante la pandemia, familiares de desaparecidos, secuestrados y asesinados han exigido justicia sin que nadie los atienda y solo han recibido baldes de agua fría en la cara, mientras los victimarios reciben el perdón porque las autoridades aplican la estrategia presidencial de “abrazos y no balazos”.

Con relación al principio ético de la libertad, la Presidencia de la República está torciendo a su conveniencia las leyes para silenciar las voces disidentes, ya sea con amenazas directas o mediante el uso no muy sutil de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) dirigida por un enfermo mental que tiene órdenes de perseguir a todo aquel que pudiera ser un peligro para el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T). Y para contener el descontento social del pueblo, que está aumentando debido a la crisis económica en marcha, el gobierno tiene a la Guardia Nacional en las calles. De ahí que la palabra libertad en labios de la 4T suene tan lejana.

El gobierno de López Obrador (AMLO) ha actuado con enorme irresponsabilidad al desmantelar el sistema de salud y provocar su acelerada caída con la llegada del Covid-19, que está cobrando demasiadas vidas; al dejar de lado los proyectos de infraestructura productiva y básica; al reducir los presupuestos de educación, ciencia y tecnología y al debilitar la economía nacional con su negativa a apoyar a las empresas pequeñas y medianas, hoy a punto de extinguirse por la pandemia.

El Presidente no es una persona honesta; miente de manera deliberada y solamente le importa ganar las elecciones de 2021; por ello aun en plena contingencia sanitaria, salió a realizar sus giras en los estados. Ha mentido un silencio criminal respecto a las cifras del coronavirus e incita a la población a no cuidarse. La ciencia y el sentido común no forman parte de su verborrea, prefiere sus chistecitos y mentiras aunque cobren vidas; además, con su forma de conducirse, le falta al respeto a los mexicanos. En lugar de oír, analizar y resolver, sus únicas respuestas son los ataques contra quienes no comulgan con sus ideas, contra quienes se atreven a señalar sus fallas y contra quienes solo esperan ser escuchados. Criminaliza a todos ellos y se mofa utilizando epítetos despectivos; les dice abiertamente que le hagan como quieran, cerrando así los canales legalmente establecidos para conciliar intereses y resolver los problemas.

Con esta actitud, AMLO violenta la Constitución y debilita el Estado de Derecho. Sus traspiés y dislates son tantos y cotidianos, que su comportamiento empieza a resultar patológico a tal grado, que algunos psicoanalistas deben estar realizando ya su diagnóstico psiquiátrico. Entre los muchos elementos que deben estar analizando se halla su reciente “decálogo para enfrentar la pandemia y salir a la nueva normalidad”, que representa un regalo de su criminal y monumental ineptitud. No tiene mucho sentido comentar sus 10 puntos; varios analistas han ensalzado o criticado ya lo suficiente su contenido, carente de valor alguno; solo puedo agregar que se trata de un listado de frases vacías y atropelladas con el que ni siquiera un párvulo de primaria cumpliría a satisfacción su tarea escolar.

Sin embargo, este libelo queda como constancia escrita de la baja capacidad intelectual del Presidente de México; de la forma absurda, como está conduciéndose ante la trágica situación que vive el país, y su único valor relativo consiste en explicar por qué el pueblo mexicano no puede esperar de AMLO respuestas concretas para salir de las crisis económica y sanitaria que hoy lo agobian.

Un farsante sabe que tarde o temprano la verdad sale a la luz, pues el Sol no se puede tapar con un dedo. Si el pueblo se equivocó en 2018, ese mismo pueblo bueno y sabio será el que, por vía del voto directo, lo haga morder el polvo.

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