El Yúmare, ancla cultural de los rarámuris avecindados en la ciudad

**Acá en las faldas del Cerro Grande, en la capital del estado, la comunidad rarámuri tiene ya trece años que ha estado celebrando los rituales tradicionales de su raza, en lo que han llamado el Festival de las Artes y Tradiciones “Gabriel Teporaca”, que va ahora en su décima tercera edición, de la mano de la organización Antorcha Campesina


El Yúmare, ancla cultural de los rarámuris avecindados en la ciudad

La Crónica de Chihuahua
9 de marzo, 22:32 pm

Chihuahua, Chih.- El Yúmare es para que la gente no pierda su identidad, es una agarradera, un ancla que permite que la comunidad se detenga y no caiga víctima de la vorágine del consumismo y de las mañas y costumbres adquiridas que destruyen a las familias rarámuris emigradas a la ciudad.

El Yúmare es un ritual tradicional, que es una petición, un ruego a Dios Padre y Madre, Onorúame, y al mismo tiempo un sacrificio con el que el hombre retribuye a su creador la gracia recibida. Se pide que se les bendiga con una buena temporada de lluvias, ya que el resto viene del rarámuri, que se encarga de la siembra, de la cosecha y de proveer a la familia de la sal y del maíz, del sustento para el año, con abundancia que debe durar incluso para los duros meses del invierno serrano.

Acá en las faldas del Cerro Grande, en la capital del estado, la comunidad rarámuri tiene ya once años que ha estado celebrando los rituales tradicionales de su raza, en lo que han llamado el Festival de las Artes y Tradiciones “Gabriel Teporaca”, que va ahora en su décima primera edición, de la mano de la organización Antorcha Campesina. Primero fue en la colonia Granjas La Soledad, y luego, con la conformación de una comunidad de 400 familias, el festejo se trasladó a la colonia vecina Vistas Cerro Grande.

El mito del yúmare o awíwame obedece a un mandato divino en el que Onorúame ordena dos cosas que conforman la esencia del ritual y de la identidad rarámuli: el sacrificio y el baile. El baile es una danza repetitiva acompañada de cantos igualmente repetitivos, a cargo de un anciano; la danza agota a los participantes, y esto es una parte del sacrificio. La otra parte es que la ofrenda de carne es un guiso sin sal, y así se lo tienen que comer los indígenas, aunque no así sus invitados mestizos, para quienes se prepara una versión con sal y especias.

Y acá, desde la noche del sábado en la cancha de usos múltiples de Vistas Cerro Grande, comenzó el Yúmare, con el juego de Arihueta o Roheliami, que es básicamente una carrera competida exclusivamente por mujeres: en un centro dejan sus apuestas que pueden ser desde mantas, telas, sus tradicionales faldas y vestidos, o animales incluso; se pueden formar equipos de 4 a 10 corredoras y cada uno lleva una vara y dos aros ceremoniales, con la vara lanzan el aro consecutivamente durante el recorrido marcado, y gana el equipo que haya llegado primero al lugar más cercano a la meta donde el aro cayó. Ocasionalmente se realiza en la festividad el juego de pelota, esta vez por hombres con una pelotilla hecha de madera de encino, y bailan por supuesto, el Yúmare, que aunque menos seria que la otra danza tarahumara, el Tutuburi, igualmente es usada para hablar con Onorúame. Ambas se bailan para el Sol y la Luna, el Tutuburi es para llamar al Dios Padre y Madre, y el Yúmare para despedirlo.

Martín Chávez Ramírez, miembro de la comunidad y migrante de la Sierra Tarahumara, habla de que la necesidad de no perder la raíz ancestral es primordial, “se maneja que la raíz principal es danzar para nosotros: danzar es orar a nuestro Dios para quitar el espíritu malo, conseguir una salud, lo bueno, el danzar es un pedir y un agradecimiento a la vida que el mismo padre creador pues nos da ¿no? Entonces, este es el punto importante, que la gente que vengamos, o que vivimos en la ciudad, tengamos ese conocimiento ancestral y seguirlo haciendo para no perder lo que somos como pueblo Rarámuri”.

“Enhorabuena, adelante con este esfuerzo por conservar intactas las tradiciones y por mantener unida y luchando a la comunidad indígena, que junto con sus hermanos mestizos, habrá de llegar a conquistar la justicia social y el bienestar para todos”. Así despidió la edición de este año, el dirigente del Movimiento Antorchista en la zona sur de la capital, el profesor Iván Leo Tepatzi Ramírez.

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