El Reliz y la mentira del «rescate ecológico», 17 años de engaño oficial

**En 2001, el gobierno del estado forzó a los colonos de El Reliz, a entregar sus lotes para realizar un “rescate ecológico” de la zona, que fue falso: la tierra terminó en manos de constructores de fraccionamientos de alta plusvalía.


El Reliz y la mentira del «rescate ecológico», 17 años de engaño oficial

La Crónica de Chihuahua
Julio de 2014, 09:13 am

Por Froilán Meza Rivera

Chihuahua, Chih.- Atrás quedaron los días de confrontación, cuando hasta acá venían policías judiciales a amedrentar a los colonos rebeldes, con tal de que vendieran su tierra y abrieran paso al “rescate ecológico” que el Gobierno del Estado tenía planeado para la zona de El Reliz.

A diecisiete años ya de aquella crisis, hoy en día, algunos, muy pocos de los colonos de El Reliz continúan gozando de la posesión de sus terrenos, y el tal “rescate ecológico” terminó revelándose como una gran mentira. “Fíjese nomás si no era mentira”, dijo Vicente Herrera Fernández, uno de aquellos rebeldes que se mantuvieron hasta el final.

“…Fíjese nomás, y dígame si ve usted alguna acción de rescate ecológico por aquí… no hay nada de eso, pero lo que sí sabemos es que el entonces gobernador, y el que era el presidente municipal, lo que querían era dar la tierra a los fraccionadores”, aseveró tajante, como a quien los hechos confirman que tiene la razón.

Y en efecto, parece que tiene toda la razón, a 17 años ya de aquellos sucesos.

Hoy en día, el Reliz y toda la zona entre las tres presas en el área suburbana de la capital: la Chihuahua, la Chuvíscar y El Rejón, están plagados de fraccionamientos residenciales, privados, de alta plusvalía y que han surgido y que crecen –como se dice- como hongos después de la lluvia. Hay dos edificios de cámaras empresariales, hay también un complejo religioso en proceso de construcción, una gasolinera con Oxxo y plaza comercial, un Super Gelos con plaza comercial también, varias universidades… todo muy floreciente, excepto el parque El Reliz, que quedó abandonado y que se encuentra en el casi total descuido.

Muy aparte se cuece el proyecto recreativo de la Presa El Rejón, a la que decidieron dar el carácter de Circo Romano con todo tipo de espectáculos, pistas de carreras, áreas de carnes asadas, lanchas, grandes estacionamientos, todo tan alejado de un rescate ecológico, que miembros de la asociación ambientalista El Nido del Zenzontle advirtieron que, con tanta actividad humana, tanto ruido y afluencia de vehículos, la presa quedó impedida, por poner sólo un ejemplo, como fuente de abasto de agua para las más de 45 especies de mamíferos salvajes que existen –o existían- en su derredor.

Pero hay que ver los antecedentes de este desastre para conocer cómo se desarrolló la historia.

Antecedentes necesarios

En noviembre de 2001, con una decisión que provocó la inmediata protesta de los afectados, el gobernador del estado acordó la expropiación de 75 hectáreas de terrenos del Ejido Labor de Terrazas, a un precio promedio de 11 centavos el metro cuadrado. Los habitantes del lugar señalaron que, muy cerca de aquí, existían fraccionamientos donde el valor de un metro cuadrado se cotizaba hasta en 3 mil 500 pesos.

El gobierno del estado expuso, entre los motivos de la expropiación, que pretendía “preservar y cuidar que no sean contaminados los cuerpos de agua como la presa El Rejón y Chuvíscar, por lo que se hace necesario impulsar la reforestación y construcción de áreas verdes con eminente visión ecológica”. Así, textual, se lee en el decreto. Firmaron el documento Patricio Martínez García y el secretario de Gobierno, Sergio Martínez Garza.

Así quedó prácticamente deshecha la colonia suburbana que habían levantado pocos años antes, algunos habitantes que se vinieron a vivir acá para poder tener animales, o para tener tranquilidad. El resto fueron tierras ejidales que el gobierno no tuvo necesidad de expropiar, sino que arrancó el acuerdo al Ejido Labor de Terrazas para obtener el terreno para la Tercera Ampliación de la Avenida Teófilo Borunda.

Lo que siguió, es decir, comprar más tierra barata, ya dependió de las habilidades de los fraccionadores al negociar en bloque con los ejidatarios, con grupos de éstos o con campesinos individuales.

El camino estuvo desbrozado, una vez que el último ejidatario, don Víctor Minjárez, quien se negaba a vender su parcela para el derecho de vía de la Ampliación Teófilo Borunda, falleció asesinado junto con su hijo, del mismo nombre.

En mayo de 2002: El gobierno regaló 50 hectáreas de El Reliz a la empresa que administra la Universidad La Salle, para construir su campus.

El 25 de marzo de 2003, seguía el discurso “ecologista” y “conservacionista: En la zona de El Reliz se construirá un parque ecoturístico y familiar, donde serán sembrados cientos de árboles y se buscará convertir el lugar en un vergel para beneficio de los chihuahuenses, dijeron los directores de Obras Públicas y de Ecología del Municipio, Luis Fernández Casillas y Roberto Cháirez Almanza, quienes señalaron que también se rescatarían y rehabilitarían los vestigios del Acueducto Colonial.

Se destapan las intenciones

El 15 de junio de 2003, el secretario de Desarrollo Urbano y Ecología del Gobierno del Estado, Roberto Cano Hermosillo, habló por primera vez de que las reservas territoriales de La Haciendita y Labor de Terrazas, en la zona de El Reliz, serían entregadas al Municipio para desarrollos habitacionales.

Y de ahí p’al real, los hechos dieron la razón a los colonos rebeldes.

Por todo esto, la preocupación de la asociación El Nido del Zenzontle, es que si no se configura y se legaliza por parte del Ayuntamiento una zona de parques municipales, las presas de la ciudad serán historia.

Ésa es nuestra propuesta, dijo el ecologista Raúl Trejo Domínguez, quien funge como vocero de este grupo de ambientalistas y quien manifestó que su organización apoya la creación del proyecto del Parque Tricentenario, pero a condición de que se realice un saneamiento integral de los cuerpos de agua.

Nosotros estamos preocupados, apuntó el representante, “por el futuro de la presa El Rejón, que si bien se conserva más o menos limpia ahora que impuso su ley sobre todas las construcciones que sepultó con la subida natural de sus aguas, en un futuro no muy lejano es de temerse que lleguen acá las aguas de desecho de los fraccionamientos que llegaron a establecerse como moscas sobre un pastel”.

Se desata la especulación

El triángulo formado entre las presas Chihuahua, Chuvíscar y El Rejón es el área clave, gracias a los terrenos arrancados a punta de ofertas de todo tipo, acciones violentas y amenazas contra los antiguos propietarios, que eran humildes colonos suburbanos, granjeros y ejidatarios.

Estos desarrollos habitacionales, que son ya casi 20 fraccionamientos en el área, son punta de lanza de un proyecto urbanístico que se está abriendo paso a sangre y fuego. La ampliación de la avenida Teófilo Borunda y la probable apertura del Libramiento 5 Poniente como un nuevo periférico, desataron ya una especulación de terrenos como no se veía desde los tiempos en que se abrió el Periférico de la Juventud.

“Es que este proyecto, en la práctica, ya le dio la puntilla a los ejidos Labor de Terrazas y Labor de Guadalupe, que se están disolviendo por la vía de vender la tierra ejidal, ya sea de grado o por la fuerza”, señaló Trejo.

“Y lo único que puede salvar a las presas Chihuahua, Chuvíscar y El Rejón, así como al río y a la parte boscosa del río Chuvíscar que atraviesa esta zona, es que estos cuerpos de agua sean declarados como reservas ecológicas, y que se establezcan en ellos verdaderos parques municipales, no circos romanos, como se pretendió en El Rejón, para protegerlos de la destrucción junto con sus entornos ecológicos, y de la voracidad de los desarrolladores urbanísticos”, sentenció.


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