El Cerro Montezuma y El Pueblito, encrucijadas de la cultura Paquimé

**La ruta de partida de los antiguos habitantes de Paquimé hacia la costa del Golfo de California para traer conchas y caracoles.


El Cerro Montezuma y El Pueblito, encrucijadas de la cultura Paquimé

La Crónica de Chihuahua
10 de enero, 13:27 pm

Por: Miguel Méndez García

Casas Grandes, Chihuahua.- Hacía varios días que no realizaba caminata, así que cuando mi amigo Javier Pedraza, dirigente del Comité del Pueblo Mágico de Casas Grandes, del cual soy parte, publicó que al día siguiente se efectuaría un ascenso al Cerro Montezuma, (Charles Di Peso le llama Cerro Moctezuma) inmediatamente confirmé que lo acompañaría.

La noche del viernes preparé lo necesario en mi mochila para partir al día siguiente a las 7 de la mañana: alimento, agua y un bastón para apoyo en el ascenso. Es emocionante escalar el cerro Montezuma, llegar a su cima, disfrutar la vista a su alrededor en 360 grados y contemplar los restos de la torre que está en la parte central de la cima.

Así que temprano por la mañana, viajé al pueblo de Casas Grandes, hoy Pueblo Mágico, (uno de los tres que hay en el estado de Chihuahua) y ahí me encontré con Javier Pedraza y José Carlos González, titular del Departamento de Turismo en el ayuntamiento de Casas Grandes. Abordamos la camioneta de Javier y viajamos por carretera al oeste rumbo a la Colonia Juárez; esa carretera también nos lleva al poblado de Juan Mata Ortiz, pueblo de alfareros, tradición que iniciara don Juan Quezada (Premio Nacional de las Artes en el sexenio de Ernesto Zedillo).

A mitad del camino nos detuvimos en el Puerto de la Cal, donde estacionamos el vehículo y nos preparamos para ascender a esa montaña con una altitud de 2,000 msnm. La montaña tiene dos sitios arqueológicos muy importantes, El Pueblito y la torre en forma de caracol que está en lo más alto de la cima.

Iniciamos a las 9:00 a.m., comenzamos a avanzar cuesta arriba caminando en seguida del cerco que divide dos predios, elaborado con postes de táscate y pino y con 4 hilos de alambre de púas. En esa primera parte del ascenso, el predio particular tiene tierras abiertas al cultivo a pesar de que está compuesto por lomeríos bajos. El ejidal es terreno rustico pastal. De los cerros que se encuentran antes del Montezuma, nacen y corren varios arroyos que son tributarios al Arroyo de la Tinaja, que desemboca en el Río Piedras Verdes.

La primera parte del sendero es subida, el camino es llevadero, el cuerpo se va aclimatando y entrando en calor. Llegamos a un punto donde nos dirigimos al lado izquierdo y donde realmente empieza la subida fuerte, caminamos a la vera de un arroyo. Javier me comenta que esa pudo ser la ruta de los antiguos habitantes de Paquimé en su camino hacia la costa para traer las conchas y caracoles y el intercambio de mercancías. Lo confirmo al llegar a la cima de ese cerro, pues en el puerto se encuentra una barda elaborada con piedras en sus extremos y en el centro un espacio a manera de puerta para pasar la cima del cerro.

De ese puerto, se puede apreciar el camino de bajado hacia el oeste y que llegaba al arroyo de la Tinaja, seguramente para internarse al flanco Este de la Sierra Madre Occidental y continuar hasta Sonora y Sinaloa. Al lado Este se aprecia también, por un cañón, un camino bien trazado igual que el de subida que desde el puerto, llega a la antigua ciudad de Paquimé. Parte también de ahí el camino que nos lleva a la cúspide del cerro Montezuma.

De este lugar partimos a una pendiente más difícil, caminando a la orilla de un cerco interior dentro del predio del Ejido Casas Grandes, hasta llegar a unos peñascos grandes con encinos a su alrededor. Ahí termina el cerco. Cansados, pero alegres por el maravilloso día que nos tocó: un sol radiante, sin aire, y un clima excelente. El termómetro nos marcó 19 grados.

Al subir esos peñascos, nos encontramos con una meseta grande a la que se le ha llamado El Pueblito, debido a los restos arqueológicos que ahí se encuentran. Ahí se pueden apreciar restos de viviendas iguales a las de la antigua ciudad de Paquimé, con paredes de tierra que se pueden observar semienterradas por el paso de tiempo. Además cuenta con unas 20 viviendas construidas con piedras en esa meseta, de tamaños diferentes. También se encuentra una estructura de piedra similar al monumento de la serpiente que se encuentra en Paquimé. Es una hilera de piedras con una altura de hasta dos metros, que asemeja la figura de una serpiente. Encontrarse en ese lugar es gratificante, aproximadamente a 1800 msnm. Se puede apreciar en todo su esplendor toda la parte Oeste del inmenso valle y sus alrededores; la Colonia Juárez, los huertos frutales que serpentean, el arroyo La Tinaja, el campo de Golf Moctezuma, la Colonia Cuauhtémoc, el cerro de la “J”, y observamos también la impresionante vista del flanco Este de la Sierra Madre Occidental con sus montañas cubiertas con blanca nieve. Observamos en la parte baja del cerro de la “J”, tres huertos frutales que habían sido regados durante la noche y que por el clima tan frio, el agua se congeló y se observa la línea blanca del hielo que cubre a los árboles. En medio de las huertas de una casa de algún ranchero se aprecia una columna de humo de alguna chimenea o estufa a leña que se eleva al cielo. Por el lado contrario se observa toda la parte Este en toda su extensión: Colonia Anchondo, Colonia Madero, El Puerto del Chocolate, El Rio Casas Grandes, Las dos lagunas que construyeron los Mormones, Casas Grandes Pueblo Mágico, Nuevo Casas Grandes, La Sierra La Escondida y El Cerro del Pajarito entre otras cosas, pues se tiene una vista de 360 grados en toda su magnitud. Ese lugar además de ser ceremonial era un punto de observación, pues se podía observar si el enemigo avanzaba.

Llegamos entonces al momento más crítico, el ascenso más difícil, caminar por entre piedras no es fácil, aunque el camino está trazado desde hace muchos años, existen muchas piedras en él. Advierto que no son veredas que efectúa al ganado cuando sale a pastar, esas son muy conocidas, este camino fue transitado en la antigüedad y se sigue conservando. El camino partía de Paquimé hasta el puerto, de ahí se bifurca en dos; uno hacia la cima del Cerro Montezuma y otro al Oeste para llegar internarse en la Sierra Madres Occidental, rumbo a la costa.

Charles Di Peso, en su Colección de 8 volúmenes Casas Grandes, s Fallen Trading Center of the Gran Chichimeca, auspiciada por The Amerind Foundation, Inc. / Dragoon Northland Press / Flagstaff, menciona que El Pueblito fue un importante punto de convergencia de todos estos senderos que conducen a la cresta del cerro, donde se encuentra la torre de piedra. La ruta más directa para continuar a las aldeas del Rio Piedras Verdes que servían seguramente como estancias en su camino a la costa del Golfo de California o Mar de Cortés. Menciona los comentarios de Bandelier y Lumholtz: “A lo largo de esos caminos, que penetraron en las montañas, construyeron algunas habitaciones que debieron ser casas de paso. Los senderos que recorrían para comunicar alertas de ataques de enemigos, se comunicaban entre si desde las diferentes provincias y lugares. Se comunicaban mediante columnas de humo y comunicándose uno con otro enviando advertencias hasta comunicar los mensajes. Los que habitaban El Pueblito eran residentes permanentes y estaban al pendiente de las actividades llevadas a cabo en la Atalaya. Podían transmitir fácilmente las señales visuales dirigidas a una ventana de observación inclinada hacia la pared oeste de La Casa de los Cráneos y al Montículo de Los Héroes”. (Charles Di Peso, Vol. 2 Pag. 81-84. (el Montículo de los Héroes fue nombrado así, porque en La Batalla de Casas Grandes del 6 de marzo de 1911, todos los revolucionarios que resultaron muertos, fueron sepultados en ese lugar)

He subido el cerro Montezuma muchas veces y reconozco que ahora me cuesta más trabajo subirlo, me siento más fatigado, la subida se pone difícil, es una brecha muy “empinada” y se mantiene así por muy buen tiempo, así que me quedé atrás de mis amigos Javier y José Carlos. A pesar de todo es un día maravilloso, sin aire y un sol radiante no muy fuerte. Al estar cerca de la cúspide, la subida parece interminable y se mantiene así hasta el final, pero finalmente se llega a la parte más alta del Cerro. Ahora estamos a 2,000 msnm.

Es fabuloso contemplar la atalaya de piedras acomodadas una sobre otra, aunque ya no están en su forma original. El camino termina e inicia un sendero de aproximadamente 2.5 metros, que va avanzando en subida en forma de caracol, hasta llegar a la parte más alta de la torre. Aún existe una pared con una altura aproximada de 3 metros donde nos tomamos fotografías, para compararlas con las de visitas anteriores. A pesar del cansancio, al final viene la recompensa, es tan grande que el sacrificio vale la pena. Es el momento de apreciar el hermoso paisaje. Un paisaje fascinante, una vista única que hace que ese viaje valga la pena. Momento de reflexión y de contemplación de la naturaleza vista desde lo alto.

Luego viene la hora de comer; muy merecido, compartimos nuestros alimentos y en ese momento vemos a un grupo de 11 personas que están llegando a la cima, nos saludamos con agrado y les preguntamos si están ahí por la convocatoria de Javier en la red social y nos dicen que no, que han subido por iniciativa propia, lo cual me alegra mucho. Ya ha partido otro grupo de 7 jóvenes que sí visitaron el lugar siguiendo la convocatoria de Javier. En total subimos 21 personas (y 8 perros), dos de Javier, uno que llegó sin ser llamado y 5 más que llevaban los otros dos grupos.

Conversamos agradablemente, comimos y llegó el momento de tomar fotografías. Javier me sorprende cuando saca una bolsa de basura y empieza a recoger lo que otras personas han dejado en el lugar. Empiezo a hacer lo mismo mencionando una máxima del escultismo: “Como hacen los Boy Scouts. Dejar el lugar más limpio, que como se encontraba cuando llegamos”. Un pequeño descanso y emprendimos el regreso. Hay que tener cuidado con el descenso ya que la piernas están ya cansadas y es más fácil dejar de pisar con la firmeza que se requiere. A pesar de ser bajada, el cansancio se siente más pesado y la noche nos alcanzó. Nos guiamos con linternas para seguir el sendero y finalmente llegamos sin contratiempos a nuestro destino. ¡Una experiencia maravillosa! ¡Seguiremos investigando y promoviendo la cultura y la historia regional del Noroeste de Chihuahua!

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