Einstein tenía razón

Por Omar Carreón Abud


Einstein tenía razón

La Crónica de Chihuahua
18 de julio, 18:40 pm

(El autor es ingeniero Agrónomo y luchador social en Michoacán, donde es dirigente estatal del Movimiento. Es articulista, conferencista y autor del libro Reivindicar la verdad.)

“Las últimas generaciones nos han puesto en la mano un regalo inmensamente precioso: una ciencia y una técnica tan desarrolladas, que nos ofrecen posibilidades de liberar y enriquecer nuestras vidas como no lo pudieron realizar las generaciones anteriores… Es posible conseguir en menos horas de trabajo la cantidad y de bienes que la gente necesita.

Por el contrario, el problema de la distribución de esos bienes y del trabajo se ha vuelto más difícil. Todos sentimos que el libre juego de las fuerzas económicas, así como la irresistible pasión de riqueza y poder por parte de los individuos no ofrecen soluciones al problema.

Se precisa una planificación en la producción de los bienes, en la utilización de las fuerzas de trabajo y en el reparto de los bienes para evitar el empobrecimiento, así como la miseria de la mayor parte de la población. El desarrollo de la técnica militar es tal, que la vida de las gentes será insoportable si no se encuentra con rapidez un camino para impedir las guerras”.

La productividad, la producción de bienes con el mismo desgaste de energía humana, había crecido enormemente en la época de Albert Einstein, ahora, el científico quedaría estupefacto con los progresos logrados.

La riqueza producida con el trabajo humano es inmensa: presas, líneas eléctricas, autos y autopistas, aviones y aeropuertos, edificios portentosos, todo ello producido por gente que se sostiene, come y se viste con productos elaborados por otra gente, los excedentes son inmensos.

Los pobres, los miserables, también; tres cuartas partes de la humanidad apenas sobreviven, pasan hambre, no se curan, no tienen acceso a la cultura ni a la ciencia y desconocen absolutamente lo que es el descanso y el recreo.

Quienes gobiernan el mundo y nuestro país no han hecho ningún esfuerzo por planificar la producción de bienes. No se produce lo que se necesita sino lo que arroja ganancia e, infinidad de veces, ganancia para los señores de más arriba en la escala del poder.

El empleo, la planificación en “la utilización de las fuerzas de trabajo” también sigue sin atenderse, continúa respondiendo únicamente a los criterios de la obtención de la máxima ganancia y como la demanda efectiva se ha debilitado en Estados Unidos y en Europa, el empleo en el vecino del norte sigue cayendo.

En junio sólo se crearon 80 mil empleos de 150 mil que necesita cada mes Estados Unidos, y este déficit mensual ya lleva seis meses continuos; a pesar de un crecimiento constante de la población, Estados Unidos emplea a la misma cantidad de personas que en 2005 y, por otro lado del mismo régimen, en España, 53 por ciento de los jóvenes no tienen empleo y en casi dos millones de hogares no trabaja ninguno de sus integrantes.

Y “el libre juego de las fuerzas económicas, así como la irresistible pasión de riqueza y poder por parte de los individuos no ofrecen soluciones al problema”. Así es. La crisis actual es nada más y nada menos que la octava recesión oficialmente admitida desde 1960 y es la más devastadora, entre enero de 2008 y febrero de 2010 se perdieron en EU 8.779 millones de empleos, más de tres veces lo perdido en cualquiera de las crisis sufridas desde 1960 y lo peor es que para mayo de este año sólo se había recuperado el 43 por ciento de los empleos perdidos.

¿Y la guerra? Estados Unidos ha estado en guerra desde octubre de 2011 cuando George W. Bush inventó un pretexto para invadir Afganistán. Esa guerra y la de Irak han costado a los causantes norteamericanos 6 mil millones de millones de dólares que han venido a sumarse a una deuda gigantesca que se quiere que paguen las generaciones futuras de norteamericanos. Todo en aras de la exportación de capitales para sostener y aumentar la ganancia.

Albert Einstein tenía razón y muchos años después de su muerte, los poderosos de la tierra, como se constata, sólo actúan para mantener su modo de producción y acrecentar sus ganancias. Menos salarios, más impuestos, menos gastos de los estados para beneficio social, esas son las recetas que se repiten por todo el mundo.

Albert Einstein tenía razón y muchos años después de su muerte los poderosos de la tierra como se constata sólo actúan para mantener su modo de producción y acrecentar sus ganancias. Menos salarios, más impuestos, menos gastos de los estados para beneficio social, esas son las recetas que se repiten por todo el mundo.

“La irresistible pasión de riqueza y poder” que ya veía Einstein no permite abrigar ninguna esperanza de que sean los poderosos económica y políticamente los que cambien, los que se compadezcan del destino de los pueblos, sólo el pueblo mismo –y esto ya lo digo yo- puede entender cabalmente su desgracia, sólo el pueblo mismo puede remediarla. Está sonando la hora de los pueblos. A diferencia de lo que ahora se pregona, no será con líderes mesiánicos o con estallidos espontáneos, el cambio tendrá que ser con organización y con conciencia o será cambio para encumbrar más a los encumbrados.

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