Destruyen y saquean ciudadelas prehispánicas similares a Paquimé

**Restos de una floreciente cultura urbana en el municipio de Namiquipa.


Destruyen y saquean ciudadelas prehispánicas similares a Paquimé

La Crónica de Chihuahua
Septiembre de 2015, 20:08 pm

Por Froilán Meza Rivera

Namiquipa, Chih.- Nadie diría, ante la vista de aquellos terrones, de aquellos montecillos de tierra parda en medio de potreros y huertas, que casi a flor de tierra se encuentran varios conjuntos de construcciones prehispánicas, en forma de ciudadelas en todo similares a las de la monumental Paquimé.

Es, en verdad, una nueva Paquimé que está esperando a que alguien se interese en su rescate y en su conservación, antes de que desaparezca por completo ante los embates de la erosión y el saqueo. El grave estado de deterioro de estas ruinas, que en otros países serían consideradas como un tesoro nacional, pide a gritos que alguien se ocupe de ellas.

Se trata de una zona que está situada dentro de un triángulo formado por las poblaciones de Santa Ana, Colonia Independencia y Colonia Ruiz Cortínez, en el municipio de Namiquipa.

Aquí, la indiferencia de las autoridades municipales, estatales y federales, ha permitido que, con el paso de los años, las llamadas «moctezumas» hayan sido saqueadas y destruidas. Manos ignorantes han hurgado con palas, picos y azadones, sin ningún respeto y sin tener la idea más remota de lo que está bajo tierra, ni de su importancia, en busca de supuestos tesoros.

Así, los campesinos de los alrededores se han llevado a sus casas infinidad de ollas y jarras, cántaros y platos, fabricados hace más de 600 años por expertos artesanos indígenas, en el más puro estilo de la alfarería paquimense. Estas vasijas, decoradas en variados tonos de ocre y negro sobre fondo claro con variadísimos trazos y motivos geométricos, así como otras en color rojo natural sin decoración, adornan los rincones de las casas de los alrededores. Distintivas de la alfarería de esta zona son también las vasijas de barro negro con acabado de esmalte, de acuerdo a los fragmentos que se pueden encontrar todavía entre la tierra de las ruinas.

Ha habido incluso quienes se han encontrado collares de turquesa y de cuentas de calcedonia, que es un tipo de cuarzo de formas concoidales en colores variados y que aquí se encuentran en variaciones de rojos, naranjas e incluso con rayado concéntrico del tipo del ágata. Asimismo, los habitantes del municipio -aunque es raro que alguien acepte públicamente conocer siquiera los sitios de las ciudadelas-, se han hallado diferentes ornamentos de jaspe pulido, así como accesorios de perla, de madreperla, de concha y de caracolitos.

En estos alrededores, todo el mundo posee puntas de flecha, puntas de lanza y diferentes instrumentos y armas de piedra tallada, provenientes de las «moctezumas».

Pero aparte de estas destructoras incursiones, hasta cierto punto naturales, de los lugareños, las ciudadelas han sido víctimas de profesionales del saqueo, quienes muchas veces, a petición de coleccionistas extranjeros, se han llevado esqueletos, ofrendas mortuorias, así como morteros tallados en piedra volcánica, molcajetes, estatuillas y quién sabe qué tanto más.

1.- EL POTRERO EN SANTA ANA

Justo en la entrada sur de Santa Ana, Namiquipa, el viajero se topa a mano izquierda con unas instalaciones comerciales que tiene unas bodeguitas anexas, y atrás de estas construcciones está un potrero. En medio del potrero, a unos 400 metros de la carretera por un camino vecinal y a unos 150 metros antes de un arroyito, se pueden ver varios montículos de tierra, casi sin vegetación. «Si el pasto no crece aquí, es porque la gente se mantiene escarbando, buscando tesoros», explica Carmelo Ruiz Armendáriz, un residente de Cuauhtémoc que fungió como el gentil guía de la expedición.

Estas son las «moctezumas», como les llama la gente a los montículos que cubren las construcciones de tierra, que son los restos de las ciudadelas prehispánicas. Nadie vio nunca a sus constructores, aunque se sabe que algunos sitios similares en otros municipios fueron ocupados por los indios conchos, muchos años después de haber sido abandonados por sus habitantes originales.

El término «moctezumas» tiene su origen en la leyenda histórica del tesoro del emperador azteca Moctezuma, de quien los españoles sospechaban que había enterrado un tesoro inmenso; a miles de kilómetros de distancia, la gente aplicó el nombre a estos conjuntos arquitectónicos de misteriosos y desaparecidos constructores.

En este primer sitio se pudieron apreciar, a través de las excavaciones que ha hecho la gente, algunas paredes de tierra. Si el parecido con las ruinas de Casas Grandes no es casual, las habitaciones estaban originalmente semienterradas, y sobresale la parte más alta. Los techos fueron los primeros en desaparecer, por estar construidos con materiales perecederos, como maderos y ramaje. Las paredes fueron hechas con barro del mismo lugar, que es fundamentalmente arcilla.
Asimismo, se pudieron distinguir algunos rincones donde los muros forman ángulo recto.

Fue evidente que el pico y el azadón dieron cuenta de mucho de lo construido. Esparcidos en el suelo como si se tratara de desperdicios en un basurero, se encuentran metates, morteros, manos de mortero y millares de fragmentos de alfarería: roja esmaltada sin ornamentación, negra esmaltada, pedazos de lo que pudo haber sido un cazo grande, con casi 2 centímetros de espesor, y otros pedazos con los restos de la decoración estilo Paquimé, fundamentalmente en rojos, naranjas y negros sobre fondos blanco, crema y amarillo, tonos y colores conservados a través de los siglos. Piedras redondeadas de roca volcánica porosa, de basalto liso, sobre toda la superficie. Fragmentos de hueso tallado, así como miles de piedrecillas de calcedonia y de jaspe -evidentemente originarias del lugar-, que pudieron haber sido coleccionadas por quienes se encargaban de elaborar los ornamentos personales y los adornos rituales o ceremoniales.

2.- LA HUERTA DE DON JOSÉ ALARCÓN

Al preguntársele al presidente seccional de Santa Ana si conocía las «moctezumas», extrañado, sólo atinó a fingir malamente y se dirigió al comandante de la policía seccional: «¿Tienes alguna referencia del Moctezuma ese?», como si se tratara del expediente de algún maleante.

  • No, no sé qué es eso -respondió de manera inocente el jefe policiaco.

Los campesinos participan también de esta «amnesia», y casi nadie da razón, tal vez porque saben que el saqueo de sitios arqueológicos es un delito, y tienen cola que les pisen.

De todas maneras, el señor José Alarcón, cuya huerta está en un punto intermedio entre Colonia Independencia y Colonia Ruiz Cortínez, no tuvo inconveniente en permitir el paso a unas ruinas que están en su propiedad. En medio de huertas de manzanas, un extenso baldío señala el sitio. «Aquí han venido gentes a sacar cosas -relata-. Una vez vino un gringo dizque a estudiar el lugar, venía con unas personas que traían un aparato, y lo ponían sobre el suelo y decían»aquí hay, acá no«, quién sabe qué detectaba el aparatito ese, pero se fueron y ya nunca regresaron».

De acuerdo a Don José, debajo de la tierra están muchos cuartitos como de dos metros por dos, «y en las esquinas estaban unos esqueletos, eran como tumbas». En una ocasión, dijo, alguien desenterró un cráneo que se hizo polvo al contacto con el aire.

Aquí también hay metates, y se aprecia un solo gran montículo, de unos 600 metros cuadrados. Hay ceniza por doquier, entreverada en la tierra, así como también restos de cerámica, prácticamente igual a la de Santa Ana, que está a más de 15 kilómetros.

3.- UNA NUEVA PAQUIMÉ

A varios kilómetros hacia el sureste del sitio de la huerta del señor Alarcón, se encuentra otro sitio con muchos montículos, repartidos en unas 6 o 7 hectáreas, y este es un lugar cuyas ruinas pudieran estar en un estado de mejor conservación.

Por su extensión, este lugar bien pudiera ser considerado como una nueva Paquimé. A simple vista se aprecian por lo menos unos 16 montículos, unos mayores que otros.

Como quiera que sea, la destrucción es evidente, aunque hay una mayor cantidad de objetos sueltos y a flor de tierra que en los otros. Se pudo ver una rueda de barro con base plana y terminada en punta truncada con un agujerito, como si fuera una tapa de olla, o como si se tratara de la base de algún objeto de ornato o un juguete.

Si el lector ha escuchado acerca de las llamadas «puntas Clovis», que son unas hermosas puntas de flecha y de lanza con la forma de hojas de laurel y que son características de una cultura paleolítica del sur de los Estados Unidos, podrá entender que una punta encontrada aquí tiene esa forma, aunque sin la muesca característica que las de Clovis tienen en la base, la cual es aquí plana. Esta punta, tallada en forma excepcionalmente virtuosa por un artesano local, está hecha de jaspe rojo, que es una variedad de cuarzo y que fue de los materiales favoritos de los indígenas chihuahuenses antes de la Conquista.

Al final, los asistentes al recorrido desearon que el presente material sirva por lo menos para que las autoridades correspondientes tomen medidas para empezar a proteger estas construcciones.

Esta cultura, que fue hermana de la de Paquimé, merece que se le rescate, que se le investigue, que se le conozca, porque entre las numerosas tribus que poblaron el estado de Chihuahua antes de la llegada de los europeos, éstas del noroeste llegaron a un estadio en su desarrollo que se caracterizó porque superaron las costumbres nómadas y porque empezaron a desarrollar la agricultura. Gracias a que arribaron a esa nueva etapa histórica, fue como pudieron desarrollar también la alfarería y otras artesanías. Y alcanzaron cumbres históricas dignas de que se les conozca y estudie.


1 comentario del lector.

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