Desolado panorama en San Francisco del Oro

**El reloj había avanzado y las manecillas se encontraban anunciando la llegada de las 12:00 del mediodía, el repique de las campanas de la iglesia retumbó entre los callejones vacíos, la postal de una ciudad convertida en pueblo fantasma.


Desolado panorama en San Francisco del Oro

La Crónica de Chihuahua
29 de junio, 15:00 pm

Francisco Cisneros/
El Diario

San Francisco del Oro.- Bajo un panorama desolador, se encuentra este municipio, ante los recientes despidos en la empresa Frisco y el conflicto sanitario ocasionado por el COVID-19, generando temor entre los habitantes y comerciantes, ante la posibilidad de que pudiera ocurrir un colapso económico.

El reloj marcaba las 11:00 de la mañana del domingo, la principal calle de la ciudad minera reflejaba poca actividad, situación que se apreciaba ante las nulas personas que caminaban por el lugar.

Dos adultos-mayores se observaban a lo lejos, caminaban en dirección a las instalaciones de la Presidencia Municipal, edificio que se encontraba cerrado, ya que sus días laborales son de lunes a viernes.

Entre ellos, platicaban la situación actual del municipio descubierto en el año de 1658 por un minero español de nombre Francisco Molina, quien localizó la mina que dio vida a la antigua cabecera.

“Están muy solas las calles”, comentó uno de ellos, al momento en que respondió su acompañante, “le pegó duro al pueblo el recorte de los mineros, agrégale a eso el conflicto provocado por la enfermedad”, citó.

Ambos, con un gesto de amabilidad, se despidieron al llegar a su destino final y tomaron caminos diferentes, sin embargo, justo a pocos metros del lugar de partida, se localiza un pequeño comercio de abarrotes, los años de su antigüedad se ven reflejados en los desperfectos de su fachada.

Justo en su interior, quien pareciera la propietaria y un cliente, mantenían la misma plática que aquellos viejos amigos que caminaban minutos bajo los intensos rayos del sol, sin embargo, el punto central era la economía.

“¿Cómo van las ventas?”, preguntó el cliente, a lo que la mujer encargada de atender el establecimiento respondió, “cada vez peor, hoy era para que se viera más movimiento, pero no es así desde hace una semana”, lamentó.

El reloj había avanzado y las manecillas se encontraban anunciando la llegada de las 12:00 del mediodía, el repique de las campanas de la iglesia retumbó entre los callejones vacíos, la postal de hace una hora era la misma, una ciudad convertida en pueblo fantasma ante los estragos de una pandemia y la falta de empleo.

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