Denuncia de una guerra sucia, de una campaña anónima anticipada

Por Abel Pérez Zamorano


Denuncia de una guerra sucia, de una campaña anónima anticipada

La Crónica de Chihuahua
7 de febrero, 16:00 pm

(El autor es un chihuahuense nacido en Témoris, Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor-investigador en la División de Ciencias Económico- Administrativas de la Universidad Autónoma Chapingo, de la que es director.)

A la Comunidad Universitaria:

Escribo este documento en legítima defensa ante una campaña que se ha desatado en mi contra en los días recientes. El lunes 28 de enero, en la entrada principal de la Universidad fue colocada una vinilona en contra de mi persona con un mensaje intimidatorio, falso y anónimo (era firmado solo con la leyenda “Profesores de la DICEA”). También en los días que corren han menudeado, en diferentes páginas y “perfiles” (varios de ellos notoriamente falsos) de las redes sociales, una serie de injurias con la clara intención de desprestigiar mi imagen ante la Comunidad universitaria.

Los años me han enseñado que los ataques, por disparatados, falaces y carentes de sustento que sean, nunca son un error involuntario o una confusión de quien los escribe, sino que responden a compromisos de personas (de esas que dicen que no pertenecen a ningún grupo político). En el contexto actual, ya en pleno proceso de elección de rector, es claro que ataques de esta naturaleza son hechos por encomienda para debilitar a quien consideran el adversario a vencer y, obviamente, para allanar el camino a otro, al suyo; ¿a quién? Eso solo los autores de los panfletos y “memes” lo saben, por lo pronto; pero llegada la campaña formal se verá para quién trabajan, y será aquél por quien llamen a votar, a quien acompañen a salones, con quien hagan reuniones; ahí aparecerá con nombre y apellido el autor del encargo, y se hará evidente que se trataba de una guerra sucia, de una campaña anónima anticipada.

Y sobre cómo responder a la diversidad y coincidencia de tan variados ataques en contra de mi persona, la experiencia y la elemental sensatez enseñan que cualquier intento de aclaración, refutación respaldada con hechos verificables, el atento llamado a que demuestren sus afirmaciones o a que rectifiquen en caso contrario, no solo son inútiles sino, además, peligrosamente contraproducentes. Los aludidos siempre responden con nuevas y más groseras imputaciones, aumentando su nivel de agresividad y, casi siempre, acaban quejándose de haber sido amenazados por quien los interpela. Es decir, uno debe soportar todos los insultos que se les vengan a las mientes sin protestar, pues se trata de su “libertad de expresión”, en este caso, la libertad de insultar, la libertad de ofender. Sin embargo, tampoco sirve polemizar directamente con el o los autores firmantes, si es el caso. Jamás aceptarán su error. En su lugar, es mejor dirigirse al público lector dándole elementos suficientes para que pueda formarse su propio juicio.

Después de estas reflexiones, me permito manifestar lo siguiente. Es claro que, detrás del ataque en mi contra, existe un grupo con intereses políticos, interno o externo, que teme un cambio en la Universidad y que no escatimará recursos para enlodar mi imagen ante la Comunidad, infundiendo temor y amenazando a un servidor. Es falso e imposible que yo pretenda “apoderarme” de la Universidad. Todos sabemos que el modelo democrático de nuestra institución permite a profesores y estudiantes participar en la toma de decisiones. No hay, pues, manera de que alguien se apodere de algo que, en principio, no se puede apropiar.

Compañeros universitarios, nunca he participado ni participaré en este tipo de actos difamatorios así como tampoco caeré en provocaciones. Les invito a reflexionar y rechazar estas actitudes que generan enconos y denigran la vida democrática de la Universidad. Chapingo no se merece este ambiente de insultos y agresiones.

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