El ritual del lavado de huesos en el Valle de Allende

**Antigua costumbre funeraria en Talamantes, de origen prehispánico. «Mi abuela residía en la Hacienda de Talamantes, y no recuerdo que alguien más, aparte de ella, realizara ese tipo de prácticas funerarias».


El ritual del lavado de huesos en el Valle de Allende

La Crónica de Chihuahua
28 de octubre, 20:04 pm

Por Froilán Meza Rivera

Valle de Allende, Chih.— Lo que hace la mujer de mis recuerdos, es un ritual prehispánico, que a los ojos de la gente de hoy resultaría macabro, de mal gusto y, para muchos, hasta asqueroso. Sin embargo, mi abuela Angelina, a quien guardo en la memoria como entre sueños, y de quien tengo una imagen muy borrosa en casi todo lo demás, sí aparece muy claramente en mis recuerdos lavando huesos en el panteón. Entiendo que esto era para ella un acto de amor, pues su expresión era de alegría y de éxtasis.

(El testimonio es de Rita Soto, historiadora y guardiana del Archivo Histórico de Allende, habitante y propietaria además, de una casona del Siglo XVII catalogada como patrimonio histórico en este histórico distrito)

Mi abuela residía en la Hacienda de Talamantes, y no recuerdo que alguien más, aparte de ella, realizara ese tipo de prácticas funerarias.

Con agua, cal, brocha y pincel en mano, la mujer lavaba y blanqueaba los huesos de sus antepasados. Procedía primero a abrir la urna de cantera en el pequeño mausoleo de piedra. La tapa de la urna era de cantera también, y se deslizaba longitudinalmente por entre una ranura labrada a manera de riel.
Continúa Rita:

Esta es la imagen más fuerte que tengo de ella, y de la que fui testigo seguramente en mi más temprana infancia, a mis dos o tres añitos.

Mi madre, hija de la abuela Angelina, me habló de esto una vez que, siendo yo ya adolescente, afloró en mí aquella escena de los huesitos en el cementerio y le pregunté. Ella me ayudó a completar la imagen que me había perturbado por muchos años, de la anciana sentada tranquila, manipulando los restos de los muertos. Uno a uno sacaba Angelina los huesitos apilados en el interior, y con gran paciencia procedía a efectuar el ritual de cada año. Dice mi madre que esto lo hacía desde una semana antes del 2 de noviembre, y que la abuela llevaba a toda la familia. De hecho, como era de esperarse, la mujer enseñó a sus hijos este modo de honrar a los muertos.

Entiendo que se trata de un ritual de origen prehispánico. Uno a uno, aquellos despojos eran pasados por un cepillo untado con cal: cráneos, fémures, costillas, tibias, peronés, en completo desorden. El trabajo de limpieza podía durar horas, o días, dependiendo la minucia o destreza que se tuviera.

Nadie más, creo, hacía esto en Talamantes, ni tampoco tengo referencia de que se haya hecho en el Valle de Allende. ¿Era mi abuela depositaria de una tradición muy anterior a la llegada de los españoles a la región? Hay quienes afirman que nuestros antepasados mestizos heredaron costumbres venidas del Centro de la República con los indios tlaxcaltecas que acompañaron a los conquistadores en calidad de colonos.

Prácticas así, están registradas en la región maya, y son tradiciones milenarias.
(Dic. 30, 2010)

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