Con estremecedora carta, maestra apela casi agónicamente a la caridad de Cuarón y Corral para el pago de salario adeudado

**Pues sepan que los maestros tenemos hambre, no sólo hambre fisiológica por no tener dinero, tenemos hambre de prepararnos más, de vivir mejor, de que se reconozca nuestra labor, que se dignifique nuestro trabajo.


Con estremecedora carta, maestra apela casi agónicamente a la caridad de Cuarón y Corral para el pago de salario adeudado

La Crónica de Chihuahua
5 de abril, 18:30 pm

Por Francisco Milla/ elpuntero.com.mx

Chihuahua, Chih.- El Puntero recibió una carta desesperada remitida por una maestra de secundaria apelando casi agónicamente a la caridad del secretario de Educación y Deporte, Pablo Cuarón Galindo, y del gobernador, Javier Corral Jurado, para recibir lo que es suyo, el sueldo de siete meses de trabajo y dedicación que se le adeuda, incumplimiento por parte de las autoridades que le impiden atender como debiera a su familia. Una carta «terrorífica», como el propio Cuarón calificaría -como hizo durante su comparecencia en Congreso ante la lectura del testimonio de otra afectada- en la cual la víctima de esta injusticia espeta a las autoridades cosas como «seguramente ustedes no saben lo que es tener hambre: nacieron y han crecido teniendo todo». También pide a las autoridades que además del adeudo dejen de reirse en sus caras con excusas como que les falta algún trámite administrativo que bloquea la salida del pago de sus salarios. «Los maestros tenemos hambre, no sólo hambre fisiológica por no tener dinero, tenemos hambre de prepararnos más, de vivir mejor, de que se reconozca nuestra labor, que se dignifique nuestro trabajo… tenemos hambre de justicia y respeto... capacidad sino de voluntad», asevera en su dura y conmovedora misiva que El Puntero reproduce a continuación:

Estimados (por alguien) señores Cuarón y Corral:

Escribo esto como una medida desesperada, ya no desde el enojo sino desde la impotencia…

Trato de apelar no a su capacidad de trabajo, sino a su caridad.

No les envío un oficio, solicitud o los requisitos de un trámite que tiene meses en sus oficinas, les mando una carta que espero que refleje mi desesperación por recibir lo que es mío, que me ha costado trabajo, mucha dedicación y un gran amor por mi labor.

Soy una maestra de secundaria, con pocos años de servicio, 20 horas base y otras tantas interinas, trabajo 6 horas frente a grupo cada día y algunas en mi casa preparándome para dar lo mejor a los más de 300 alumnos que atiendo a diario.

Mi sueldo base no llega a los 4,000 pesos quincenales, tengo hijos, compromisos y aspiraciones cuyo costo no cabe en esa cifra, por eso fue que acepté trabajar horas interinas con la esperanza de vivir un poco más holgada.

Seguramente ustedes no saben lo que es tener hambre: nacieron y han crecido teniendo todo.

Pues sepan que los maestros tenemos hambre, no sólo hambre fisiológica por no tener dinero, tenemos hambre de prepararnos más, de vivir mejor, de que se reconozca nuestra labor, que se dignifique nuestro trabajo… tenemos hambre de justicia y respeto...

Desde el inicio de ciclo he estado esperando, quincena tras quincena un pago que no llega de un trabajo que está por demás hecho.

No me cuenten que faltan papeles o está incompleto el proceso administrativo porque algo estoy haciendo mal ¡NO ES CIERTO! Los grupos extra que atiendo están proyectados y presupuestados desde el ciclo escolar pasado, mis papeles están guardando polvo en sus oficinas desde hace al menos 7 meses.

Y me enoja, me enoja mucho cada que veo mi nómina y otra vez no llegó el pago, al preguntar me dicen “la próxima quincena sale” y sé que no es cierto.

Y me enoja saber que las llamadas, visitas, protestas, reclamos, etc. sirven de poco si ustedes no tienen la voluntad de soltar los recursos… por eso ahora, dejando el enojo a un lado, apagando mi coraje, les pido como pordiosera que se apiaden de mí, que su alma se ablande y dejen de dar largas a los pagos... Ustedes y yo sabemos bien que esto no es por falta de capacidad sino por falta de voluntad.

Por caridad, nada más por caridad.

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