Cómo vive y sufre una obrera de carne y hueso

UN DIA EN LA VIDA DE...


Cómo vive y sufre una obrera de carne y hueso

La Crónica de Chihuahua
20 de abril, 12:06 pm

Por Lily Dueñas

El monstruo industrial engulle diariamente a miles y miles de obreros y obreras chihuahuenses. A la salida de cada turno en los parques industriales, la multitud no permite apreciar en detalle lo que es cada vida, porque convierte las individualidades en anonimatos.

El siguiente es un ejercicio de observación que nos permitirá acercarnos a una obrera de carne y hueso.

Son las 7 de la mañana y Elizabeth Arzaga se levanta para despedir a su esposo e hijos, Víctor Manuel de 9 años y Elizabeth, de 15, quienes cursan la primaria y la secundaria, respectivamente.

Inmediatamente después de eso, Elizabeth empieza a realizar las tareas del hogar, porque sabe que a las 2 y media de la tarde ella tendrá que estar lista para tomar el transporte hacia su maquiladora, que está en el parque industrial Impulso.

La situación económica del hogar no es fácil, ya que aunque su esposo también trabaja, el gasto familiar sobrepasa su salario en muchas ocasiones. Ahora la familia enfrenta con angustia el aumento de las tarifas eléctricas y la elevación de todos, todos los productos de consumo de primera necesidad.

Elizabeth es una empleada ejemplar que lleva más de 4 años trabajando para la misma maquila, no ha faltado una sola vez, y aunque ha pasado desavenencias con sus hijos y ha sufrido con su propia salud, ella tiene un alto sentido de responsabilidad. Y sabe que faltar a su trabajo significa menos dinero que recibir a la semana.

De lunes a viernes, Elizabeth trabaja de 3:30 pm hasta las 12:30, y piensa constantemente en cómo estarán sus hijos, si estarán haciendo su tarea o si han hecho caso a su padre, quien se incorpora al hogar desde las 7 de la tarde.

Elizabeth cuenta que antes, en su trabajo les daban horas extras, bien pagadas, y que con eso ganaba más para cubrir las necesidades de su hogar. Hoy que se encuentra consciente de la situación que se vive dentro de su empresa, ha decidido seguir adelante y ser más “competitiva” (así le dicen a ser matada), para que tanto ella como la maquiladora logren sobrevivir a las rudezas del mercado.

Piensa constantemente en lo que pasaría si la despidieran, o si el trabajo disminuyera, o si la empresa se declarara el quiebra o en “paro técnico”, y aunque no entiende esos terminajos que la confunden, sí les tiene un profundo pavor. Le da por pensar mucho acerca de si entonces el dinero le alcanzaría para cubrir todos los gastos de la escuela de sus hijos y para comprar el mandado.

Son las 12:30 p.m., hora de salir del trabajo y llegar a casa.

Elizabeth Arzaga tiene todavía que ver si sus hijos tienen ropa para el día siguiente y si ya cumplieron con sus tareas.

Al final de la jornada agradece a Dios y se dispone a dormir, porque mañana es un nuevo día que vivir...

Otro día en la vida de Elizabeth Arzaga.