Ciudad perdida de Zakintos, en Grecia, son formaciones naturales

** «Este tipo de fenómeno es bastante raro en aguas someras. Los descubrimimentos más similares suelen darse en aguas situadas a cientos o miles de metros de profundidad».


Ciudad perdida de Zakintos, en Grecia, son formaciones naturales

La Crónica de Chihuahua
3 de junio, 18:00 pm

Grecia.- En 2014, un grupo de nadadores estaba practicando buceo con snórkel cerca de la isla de Zakinthos (en español, Zante o Zacinto), a apenas unos kilómetros de la ciudad griega de Pirgos. La casualidad quiso que en el fondo, bajo una capa de 2 a 5 metros de agua verdosa, aquellas personas vieran las bases circulares de lo que parecían ser columnas sumergidas. En otros lugares, también creyeron ver restos de suelos pavimentados, pero curiosamente, en ningún lugar aparecieron monedas o restos de cerámicas.

Los buceadores tomaron fotografías y subieron las imágenes a Google Earth. ¿Habían descubierto una ciudad perdida de la Antigua Grecia? Una sección especial del Ministerio de Cultura y Deportes de Grecia, especializada en arqueología submarina, se propuso averiguarlo, aunando sus esfuerzos con la Universidad de Atenas y la Universidad de East Anglia. Después de examinar en detalle la composición mineral y la textura de los restos, a través de técnicas de microscopía, de rayos X y de análisis de isótopos, los investigadores han concluido este jueves, en un artículo publicado en la revista «Marine and Petroleum Geology», que los restos no fueron creados por el hombre. Su origen está en un proceso geológico natural ocurrido hace 3 millones de años y gracias a la actividad de unos arquitectos inesperados: las bacterias.

«Investigamos la zona, que está a dos o cinco metros de profundidad, y descubrimos que en realidad es una formación geológica», ha explicado en un comunicado Julian Andrews, primer autor del estudio e investigador en la Universidad de East Anglia, Reino Unido. «Las formas de disco y de donut que se encontraron, y que se confundieron con las bases de columnas, son el típico producto de un fenómeno de mineralización de hidrocarburos, que aparece tanto en fondos marinos modernos como antiguos».

El origen de las extrañas formaciones, que en algunos casos estaban alineadas como si formaran parte de antiguas edificaciones, parece estar en las profundidades del subsuelo marino. «Son resultado de una falla (de ahí la distribución más o menos recta) que no rompió por completo el fondo marino. Esa falla liberó gases, en especial metano, desde las profundidades».

Pero ese metano no se liberó en el agua sin más. Enseguida, un tipo particular de bacterias marinas, las sulfatorreductoras, comenzaron a crecer y a aprovecharlo. «Los microbios de los sedimentos usan el carbono del metano como combustible (fuente de alimento). Oxidan el metano y provocan cambios en la química que crean unos sedimentos con aspecto de cemento, que los geólogos llaman «concreciones»», ha proseguido Andrews.

En concreto, gracias a los análisis de rayos X, microscopía y de composición de isótopos, se ha averiguado que estas «concreciones» están hechas de «dolomita», un producto que no suele aparecer en el fondo del mar, pero que es bastante común en los sedimentos ricos en vida microbiana, tal como han informado los científicos.

Esas «rocas» de dolomita, están compuestas por carbonatos ricos en manganeso, y pueden tener un aspecto muy similar al de rocas pavimentadas cuando la salida de gases (metano) desde el suelo es difusa. Pero si la salida está más localizada, las bacterias pueden crear formas similares a las de ruedas o a las de bases de columnas. En todo caso, los investigadores creen que esto ocurrió hace unos 3 millones de años, y que hicieron falta cientos o miles de años para que estas formaciones aparecieran.

«Este tipo de fenómeno es bastante raro en aguas someras. Los descubrimimentos más similares suelen darse en aguas situadas a cientos o miles de metros de profundidad», ha recordado Julian Andrews.

Actualmente, pueden encontrarse formaciones similares en reservas de hidrocarburos. Por ejemplo, en el Mar del Norte, donde las petroleras se afanan por fracturar las entrañas del subsuelo para sacar combustibles a través del «fracking», los humanos aceleran de forma natural la salida de gases desde el lecho marino. Finalmente, los gases llegan a la atmósfera y se convierten en agentes causantes del efecto invernadero. Son una prueba de que no solo las bacterias pueden transformar la química del planeta.

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