Centro escolar “Maestro Aquiles Córdova Morán”

Por Omar Carreón Abud


Centro escolar “Maestro Aquiles Córdova Morán”

La Crónica de Chihuahua
31 de agosto, 10:00 am

(El autor es ingeniero Agrónomo y luchador social en el estado de Michoacán. Articulista, conferencista y autor del libro: Reivindicar la verdad)

Son incontables las pruebas del trabajo fecundo del Movimiento Antorchista Nacional. Solo no las ve el que no las quiere ver ni las escucha el que no las quiere oír.

La historia no es más que la historia de la lucha de clases y, como consecuencia precisamente de ella, si el teorema de Pitágoras afectara intereses de clase, ya habría una legión de “matemáticos” dándole cabal refutación, así como una vez los infinitesimales, que recordaban inoportunamente la fragmentación causada por la reforma protestante, fueron considerados como “improbables” y “desaprobados y prohibidos en nuestra sociedad”.

En fin, para todas las personas de buena fe y auténticamente interesadas en el progreso de la educación de nuestros niños, informo con satisfacción y orgullo –no arrogancia- que una fase muy importante de la lucha en defensa de la comunidad de estudiantes, maestros y padres de familia expulsados violentamente hace tres años de la escuela primaria “Juan Ortiz Murillo” de la ciudad de Morelia, culmina con gran éxito el próximo lunes 21 de agosto con la inauguración de unas formidables instalaciones nuevas: el Centro Escolar “Maestro Aquiles Córdova Morán”, el conjunto de educación básica más grande, más moderno y más hermoso de todo el estado de Michoacán.

Lo logró el pueblo organizado, consciente, abnegado, valiente, convencido de que, así como es el creador indiscutible de toda la riqueza es también, como consecuencia, el poderoso escultor de la sociedad más justa que tanto necesitamos.

No fue fácil. Hubo que llevar a cabo tres gigantescas marchas en la ciudad de México antes de alcanzar un compromiso gubernamental: salieron a la calle como hermanos, más que muchos hermanos de sangre, 50, 100 y 150 mil antorchistas a quienes hoy, con estas líneas, a nombre de toda la comunidad agredida que se mantiene unida, y a nombre de todos los antorchistas michoacanos que eran y siguen siendo la primera línea de la lucha y la solidaridad, extiendo mi más sentido y emocionado agradecimiento. Sin ustedes, compañeros, no seríamos nada.

Antorchistas modestísimos de todo el país nos dieron el ánimo y el apoyo indispensables para soportar siete meses de plantón, siete meses de clases, de vacaciones y de domingos y días festivos en los que los niños, sus maestros y sus padres no se movieron de la Plaza Melchor Ocampo del centro de Morelia.

Si ese año no llovió más fuerte, si no hubo granizadas terribles, si solo hizo calor como lo impone el cambio climático, a la intemperie, con niños que cuidar porque el secretario de Educación de aquella época de cuyo nombre ya nadie se acuerda, tenía “compromisos” que cumplir con los poderosos, a nosotros, a todos, los golpes de la naturaleza, sí se nos hicieron más duros y preocupantes.

Al frente de la comunidad escolar estuvo y sigue estando una mujer valiente y decidida quien, de entre el alud de basura y calumnias que se lanzan a diario sobre los antorchistas, supo descubrir sus cualidades extraordinarias y confió en ellos, la Maestra Carmen Olvera Cárdenas, sin ella la lucha ni siquiera habría iniciado.

Brazo derecho suyo, maestro prestigiado por su trabajo y entrega y protagonista principal del triunfo, el maestro Miguel Olvera Mendoza; y entre los arriesgados padres de familia nombro a Diego Ortiz Delgado y a su esposa, Rosa Isela Cruz, quienes tuvieron la atingencia de encontrar el predio en el que hoy se levanta el centro escolar.

La lista de combatientes es muy larga y no cabría en este espacio, por tal razón, la comunidad acordó grabar los nombres de los niños y sus maestros en una placa alusiva para recuerdo y ejemplo de lucha de las generaciones futuras.

La comunidad acordó también, de manera unánime, que el nuevo Centro Escolar llevara el nombre del Maestro Aquiles Córdova Morán. Es él, con su vida admirable, quien ha construido la formidable organización popular que prestó la ayuda necesaria e hizo posible la victoria.

El Maestro Aquiles Córdova Morán es un revolucionario, un héroe civil que, sin haber ocupado jamás un puesto público –no he sido ni regidor de mi pueblo, dijo una vez- al frente del Movimiento Antorchista Nacional ha logrado transformar, lanzar a una nueva vida a los habitantes de decenas de miles de comunidades campesinas y urbanas, pues son ya centenares de miles las obras y acciones de gobierno, pequeñas, medianas, grandes y enormes que ha logrado y que hoy sirven a los mexicanos más necesitados y desamparados.

Obras y acciones de gobierno que, sin su intervención decidida y eficaz, nunca hubieran llegado a esos sectores de la población.

El Maestro Aquiles Córdova es un constructor del México moderno. Pero no solamente en el terreno material. Desde el punto de vista ideológico y moral, ha logrado amalgamar una organización singular que preconiza el fin de la pobreza y, unida, fraterna y consecuente, lucha por ella con extraordinarios resultados. Muy difícilmente la comunidad escolar habría podido escoger a otro mexicano como protección y numen para su futuro.

La importante celebración nos halla en lucha, como siempre, en defensa de otra parte del pueblo agredida desde las esferas del poder público. Esta vez se trata de un grupo de cien comerciantes que han sido parte del mercado municipal de Ciudad Hidalgo desde hace la friolera de 60 años, pero que nunca han tenido las influencias necesarias para estar en el interior y contar con un local y se han tenido que conformar con vender en el exterior, al aire libre y bajo las inclemencias del tiempo durante tres generaciones, muchos de ellos nacieron ahí mientras sus madres vendían.

Pues ahora, al presidente municipal priista, Rubén Padilla Soto, se le ha metido en la cabeza que su legado histórico de gobierno consiste en “mejorar la imagen de la cabecera municipal” y, sin consultar a ninguno de los afectados, se puso a gastar el dinero público construyendo un mercado a las afueras de la población. Y como resultó lo que tenía que resultar, o sea, que los comerciantes no se quisieron ir a donde era evidente que no venderían, al frente de policías uniformados y de policías vestidos de civil, en horas de la madrugada, les destruyó sus puestos y les robó sus mercancías.

Al momento de escribir estas líneas se encuentran en plantón en el centro de Ciudad Hidalgo junto con centenares de antorchistas que los apoyan y reclaman solución a sus propias demandas. No hay diálogo ni soluciones y sobre los michoacanos que protestan pacíficamente se cierne la amenaza de otra agresión violenta.

Cuando ya tenía adelantado mi trabajo, nos cayó como un rayo a todos los antorchistas del país la noticia de la muerte de la señora Sarita Aguirre de Celis (perdón, señora Sarita, pero ya nunca me acostumbré al Espinoza, su apellido materno). Estoy consciente de que esperar que el tiempo no pase es una transgresión al realismo muy difícil de perdonar, pero ¿quién está libre de culpa?

En alguna parte leí que un personaje de Thomas Mann, refiriéndose a un momento de felicidad y reconociendo su desliz, quiso decir: ¡Detente, eres tan hermoso! Cobijado con la condescendencia del escritor, con motivo de la mala nueva, me permití escribirle a Juanito Celis Aguirre, cariñoso hermano, compañero de toda la vida y afortunado hijo de doña Sarita: “Estamos llorando, pensamos que se quedarían con nosotros para siempre”.

No fue así. No será así nunca. Seguiremos nuestra marcha, los ejemplos de Sarita y el Doctor Celis, de Margarita Morán y de Wences, nos darán la fuerza necesaria para llegar a exterminar la pobreza de nuestra patria.

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