Cacicazgo asesino

EDITORIAL/ El número de víctimas fatales de los viejos señores de horca y cuchillo es incontable; la vida es el precio que suelen pagar quienes encabezan la inconformidad social.


Cacicazgo asesino

La Crónica de Chihuahua
Octubre de 2017, 09:30 am

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Buzos de la Noticia

La desigualdad ha alcanzado grandes dimensiones; y la violencia innata de este régimen social, disimulada con leyes al servicio del poderoso, se abate sobre la gente inconforme, sobre luchadores sociales, ciudadanos que reclaman la aplicación de alguna ley que los ampara; estudiantes, maestros, campesinos y obreros; o como en el asunto que nos ocupa esta semana, sobre gobernantes con amplio respaldo popular, como el joven alcalde huitzilteco Manuel Hernández Pasión, quien siempre luchó porque su pueblo contara con todos los servicios urbanos, de salud, educación y cultura para hacer su vida más digna.

Puebla es una de las entidades federativas con mayor número de agresiones contra líderes sociales incómodos para la clase del dinero, que ve sus ganancias en peligro y para los funcionarios venales, que temen perder sus puestos y privilegios.

Hoy toca otra vez el turno a uno de los municipios poblanos que forman la vanguardia de la lucha campesina, Huitzilan de Serdán, que ha logrado una transformación asombrosa creando una infraestructura urbana, educativa y de servicios tal, que se ha convertido en ejemplo de lo que puede lograr la lucha organizada; ejemplo que ha irradiado hacia otras entidades federativas hasta constituir unos de los movimientos más amplios y vigorosos de las últimas cuatro décadas.

La barbarie caciquil ha golpeado nuevamente al pueblo organizado; el 10 de octubre, un gobernante electo por su pueblo fue cobardemente asesinado. El número de víctimas fatales de los viejos señores de horca y cuchillo es incontable; la vida es el precio que suelen pagar quienes encabezan la inconformidad social.

Con este crimen, los antiguos amos de Huitzilan lanzan una nueva amenaza a todos aquellos que se atrevan a luchar por el progreso de su pueblo.

Agazapados en la sombra, siempre han esperando, taimados, la hora de su retorno; y sus aliados, los matones disfrazados de izquierdistas que un día sembraran el terror entre el pueblo huitzilteco, hoy festejan su crimen político, el artero asesinato de Manuel Hernández Pasión, y se aprestan a recuperar su perdido imperio, creyendo que el gobierno de Huitzilan ahora pasará fácilmente a sus sangrientas manos.

Pero olvidan que la sangre de los hombres de bien sacrificados por ellos siempre abonó el terreno de la lucha y fortaleció la voluntad y el coraje de un pueblo agraviado, que con cada golpe se levantó más unido y poderoso.

Es muy conocida la ferocidad de los caciques contra quien se atreve a levantar la frente encabezando a su comunidad en la lucha por mejorar sus condiciones de vida, por conseguir justicia, igualdad y respeto a sus derechos. Esta descarnada ferocidad se repite a lo largo y ancho del territorio nacional; es una característica inherente de quienes acaparan la riqueza producida por la clase trabajadora, despojada por ellos o sus antepasados mediante la fuerza o el engaño, pero siempre injustamente.

En su impotencia, los caciques de la Sierra Norte de Puebla han empleado una vez más el recurso del asesinato político, de la eliminación física de un líder popular; pero ni antes ni ahora han conseguido que las comunidades abandonen su guerra contra la pobreza y la injusticia; las balas homicidas segaron la vida de excepcionales luchadores sociales; el pueblo sabe el nombre de los asesinos y conoce los extremos a que puede llegar su ferocidad; pero ni la muerte de sus dirigentes ni el peligro real que se cierne sobre quienes luchan, logró nunca doblegar su espíritu; su unión y fidelidad permanece a pesar de todo, desquiciando al cacicazgo asesino, que hoy ha vuelto a golpear al pueblo mexicano.

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