Breve bosquejo de la historia de Huitzilan y de su actual fortaleza

**Antorcha fue quien tendió la mano a los huitziltecos en el año de 1984, cuando eraun pueblo semiabandonado por sus habitantes y olvidado por la federación y el Estado.


Breve bosquejo de la historia de Huitzilan y de su actual fortaleza

La Crónica de Chihuahua
Marzo de 2016, 19:20 pm

Por Josué Elías Velázquez
Director de la primaria Carmen Serdán

Huitzilan de Serdán, ubicado en la Sierra Nororiental de Puebla, fue fundado en el Siglo V por descendientes directos de los mexicas que llegaron a estas tierras y desplazaron a sus vecinos los totonacas. Tierra de encinos y pinos que echaron raíces entre el accidentado relieve de los cerros que forman la cañada y que se decoran con el rojo del tulipán silvestre, rodeado por colibríes que le revolotean en busca de paladear su néctar y en donde, poco a poco, se fue poblando de hogares indígenas hechos de horcón, madera, carrizo y con techos de zacate principalmente.

“Lugar de colibríes”, Huitzilan fue colonizado por segunda vez a principios del Siglo XX por mestizos que venían de Tetela, un municipio vecino. Llegaron, dicen, con una mano adelante y la otra atrás; pero en pocos años, a base del engaño y el despojo, fueron posicionándose de gran parte de las tierras que cultivaban los indígenas, establecieron un férreo control en la totalidad del comercio, en la región, las costumbres y en toda la vida de este pueblo. Tiempos de dolor, carencia, sufrimiento y humillación, corrieron para los “indios”, como solía llamárseles en tono y sentido despectivo. Pasaron los años y en la década de 1970, un grupo político foráneo, la UCI, llegó para, dijeron, hacer frente al cacicazgo; armaron a muchos indígenas y realizaron acciones como la invasión de tierras de cultivo. Pero no hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria, aquel intento por liberar al pueblo huitzilteco pronto fracasó convirtiendo a nuestro pueblo en un verdadero campo de batalla, en el que muchos hombres, mujeres y varios niños, perdieron la vida o lloraron el asesinato de algún familiar. Alrededor de 150 decesos en poco más de cinco años según los registros oficiales.

Así corrieron los años y nadie podía estar satisfecho con lo que aquí se vivía, muchas familias abandonaron sus hogares y se establecieron en pueblos vecinos, otros salieron a las ciudades y otros tantos, al no tener otra opción, se quedaron a vivir el calvario de su pueblo. Esta imagen de tristeza corrió y la conoció todo el país. “Allí vienen otra vez los huitziltecos con su muertito”, murmuraban los pueblos de paso obligado rumbo a Tetela. “No vayas a Huitzilan porque allí matan”. Fue tan dura la masacre, tan horribles los crímenes que cometieron la UCI y los caciques, que ronda, aún en nuestro días y todavía de después de tres décadas de pacificación y progreso, la fama del clima aterrador de aquellos años. Nadie, absolutamente nadie, hizo nada por Huitzilan. Ni los gobiernos federales ni estatales, ni las famosas ONGs que hoy merodean por montones, tuvieron entonces oídos para el sufrimiento de este pueblo.
Pero como la historia la hace el movimiento, las cosas por necesidad tenían que cambiar y para los primeros años de 1980 un grupo de campesinos inteligentes, valientes y decididos a dejar de ver a su pueblo postrado, se organizaron y buscaron ayuda. En esta búsqueda llegaron a la mixteca poblana, al municipio de Tecomatlán, allí fue que encontraron la Antorcha y sólo Antorcha, bajo la dirección del Maestro Aquiles Córdova Morán, fue quien tendió la mano a sus hermanos huitziltecos en el año de 1984 y de allí, de un pueblo semiabandonado por sus habitantes y olvidado por la federación y el Estado, en el que no existía obra pública de ningún tipo que beneficiara a la población indígena; es en este momento de la historia en el que Antorcha prende en Huitzilan y es este el punto de partida en el que nuestro pueblo, fundido con Antorcha, ha construido la obra que asombra a propios y extraños y que bien serviría de ejemplo de lucha y progreso para los pueblos de este país.

Sólo tres décadas han pasado y en este tiempo se nos ha devuelto la paz, la tranquilidad y una libertad verdadera, en estos años se ha construido una infraestructura asombrosa en el municipio con la que se cubren las necesidades más elementales en materia de vivienda, salud, energía, eléctrica, drenaje, agua potable, comunicaciones, educación, arte y deporte, todo, gracias a que en Huitzilan Antorcha le ha entregado el gobierno al pueblo pobre y trabajador, fenómeno que muy poco se ve en nuestro país, de 1984 a la fecha, el pueblo organizado que camino bajo la luz de Antorcha ha sabido seguir el rumbo de progreso, prosperidad y bienestar social para los que menos tienen y no sólo eso, a través de los años, se han ido permeando los ideales de nuestra organización, de tal suerte que en esta etapa de la historia de Huitzilan no sólo se logra apreciar la obra material, sino además la consolidación de un pueblo que lucha con orientación de clase y con cierto grado ya avanzado de educación política.

Tan sólo en el aspecto educativo se han potenciado cambios cuantitativos y cualitativos: de tres primarias que existían en el municipio en la década de los 80 -una de las escuelas permanecía cerrada- a una infraestructura impresionante, compuesta por 19 preescolares, 18 primarias, siete secundarias, cinco bachilleratos y una Escuela Normal Superior, incorporando a este servicio a más de cinco mil niños y jóvenes. Además, en nuestras instituciones, se busca en primer lugar formar alumnos académicamente competentes, con un profundo conocimiento de las ciencias; amantes de la disciplina, de la limpieza, del arte, del deporte y del trabajo, especialmente del trabajo manual, pero lo más importante es que en ellas se recibe orientación política, para que nuestros jóvenes sean progresistas, patrióticos y solidarios, dispuestos a dar la batalla por su pueblo.

Gracias al desarrollo sorprendente de esta infraestructura educativa, al esfuerzo familiar y personal, muchos jóvenes, hijos del pueblo pobre y trabajador, han sabido salir adelante. En los años 80 la cabecera no tenía más de 10 profesionistas, en la actualidad se cuentan ya más de 100 profesionistas y otros tantos cursan en este momento su carrera en distintas instituciones del país. De éstos, más del 80 por ciento militan o simpatizan con nuestra organización, reconocen el trabajo que ha realizado por este pueblo, repudiando los ataques que se han orquestado en nuestra contra por varios frentes y están dispuestos a dar la lucha para defender lo que sus padres, abuelos y hermanos de clase han construido organizados en Antorcha.
Desde hace 32 años, el poder ejercido por la clase humilde y trabajadora organizada, cohesionada en Antorcha ha sido blanco de ataques mediáticos fundados en la calumnia y en la mentira, ha sido blanco también de amenazas e intimidaciones, muchas de ellas materializadas, por el empeño de recuperar el poder en beneficio de unos cuantos. Los hijos de este pueblo sabemos que “quienes olvidan su historia están condenados a repetirla”; nosotros, los antorchistas huitziltecos, ya hemos vivido nuestra tragedia y no estamos dispuestos a repetirla, hoy más que nunca estamos más atentos, más unidos, más combativos para defendernos de nuestro legítimo enemigo, hoy caminamos firmes con esta Antorcha que brilla más que nunca. ¡Que viva Huitzilan de Serdán! ¡Que viva Antorcha Campesina!

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