Brasil: el neoliberalismo ataca de nuevo

Por Omar Carreón Abud


Brasil: el neoliberalismo ataca de nuevo

La Crónica de Chihuahua
31 de mayo, 22:14 pm

La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, fue separada de su cargo para el que fue electa por 54 millones de brasileños a causa de una decisión de la Cámara de Diputados, integrada por 513 gentes que se proponen someterla a juicio porque, dicen, alteró las cuentas públicas, fea responsabilidad que todavía no ha sido demostrada pero que me lleva a pensar que si esa acusación se les hiciera a todos los presidentes del mundo, muy pocos quedarían en el cargo. Pero la burda imputación es lo de menos, aquí y allá, de lo que se trata es de parar en seco un proyecto progresista que estaba trabajando en favor de los pobres de Brasil, que trataba de sacudirse el yugo del mayor imperio del planeta, se trata, en fin, de derrocar a un gobierno que había tenido la osadía de asociarse con Rusia, India, China, Sudáfrica, países también desafectos a Estados Unidos y formado con ellos el ya famoso grupo de los BRICS.

El sujeto que sustituyó a la Presidenta en el cargo, de nombre Michel Temer, es todo un pájaro de cuenta. Era el vicepresidente, anduvo pidiendo el voto junto con Dilma Rousseff y, bajo su sombra, durante cinco años promovió la política económica de la que ahora abjura. El acuerdo para juzgar a la Presidenta defenestrada consiste en que deberá quedar separada del cargo 180 días mientras transcurre el proceso para encontrar las pruebas (hasta ahora no se ha presentado ninguna) y declarar si es o no culpable de los delitos que se le imputan, en caso de que sea hallada culpable, Temer completará el mandato hasta finales de 2018. No obstante, con la orden de sus superiores, el tal Michel Temer, ya la dio por juzgada y sentenciada, no entró a ejercer un puesto interino, como se supone que señala la ley que tanto dice defender, llegó para quedarse. Apenas se sentó, se alió con la oposición a la que antes combatía, procedió a nombrar a un nuevo gabinete que, para sorpresa solamente de los que no lo conocían ni sabían hasta dónde llegaba su correa, resultó integrado por multimillonarios, reaccionarios y enemigos del pueblo, de los cuales, 12 de 22 flamantes ministros, están acusados de haber recibido sobornos de empresas que estuvieron involucradas con la corrupción en Petrobras (empresa gubernamental de petróleos), todo un racimo de horca. Destacan entre los nombrados, el economista Ilan Goldfajn, nuevo presidente del Banco Central de Brasil, quien ha sido jefe y socio de Unibanco, la entidad financiera más poderosa del país y ha trabajado bajo las órdenes del FMI y es su consultor en funciones y, destaca también, Henrique Meirelles, expresidente del Banco de Boston, muy bien relacionado con las instituciones de Wall Street.

Ya no hay protestas ni escándalos en la prensa, ni en la de allá ni en la de acá, ni en la de los países occidentales, ahora ya gobierna Brasil quien garantiza los intereses del imperialismo, quien va a aplicar escrupulosamente el modelo económico que se está imponiendo de grado o por fuerza en todo el mundo: el siniestro neoliberalismo, ese que ha logrado que el uno por ciento de la población mundial posea más riqueza que todo el 99 por ciento restante. La historia enseña, aclara y no pocas veces, sobrecoge. En el no tan lejano año de 1975, alrededor de dos años después del golpe de Estado y asesinato del Presidente Salvador Allende en Chile, líder que también trabajaba con un proyecto de beneficio social, la pugna por el poder entre los golpistas debilitó a Gustavo Leigh, un importante miembro de la Junta de Gobierno, el más represor, quien era un simpatizante de la política económica keynesiana y, por tanto, un estorbo para la imposición de la nueva política económica para la que se había derrocado violentamente al gobierno de la Unidad Popular y asesinado a tanta gente.

En tal circunstancia, Augusto Pinochet llevó a los economistas conocidos como los Chicago boys a su gobierno y, bajo su dirección, se empezaron a gestionar créditos con el Fondo Monetario Internacional, se cancelaron las nacionalizaciones del gobierno de Allende y se privatizaron las empresas del gobierno, se abrieron a la explotación de la iniciativa privada, sin ninguna regulación, importantes fuentes de recursos naturales, se privatizó el seguro social, se facilitó la inversión extranjera y la importación libre de mercancías del extranjero, se garantizó el derecho de las empresas extranjeras a llevarse a sus países las utilidades, se privilegió el modelo de producción de artículos para la exportación y se abandonó la idea de sustituir importaciones; el único sector que se mantuvo en poder del Estado, fue el sector clave de la producción de cobre.

Unos años después, cuando ya las políticas neoliberales de Margaret Tatcher y George Bush, se enseñoreaban por el mundo, el 19 de septiembre de 2003, Paul Bremer, el jefe de la fuerza invasora en Irak, el procónsul, mientras los cañones todavía disparaban y había cadáveres insepultos, promulgó unas órdenes terminantes que incluían, precisamente, la privatización total de las empresas públicas, la garantía de protección total a las propiedades de las empresas extranjeras, la garantía completa para repatriar las utilidades por parte de las empresas extranjeras, la apertura de los bancos al control extranjero y la eliminación de todas las barreras a la libre importación de capitales y mercancías; sólo se mantenía en poder del Estado, el medio de producción más importante: el petróleo. ¿Alguna similitud con el caso chileno?

No se cumple todavía una quincena de la salida de Dilma Rousseff del poder y ya Michel Temer y su pandilla, demostrando al mundo para qué querían hacer a un lado a Dilma Rousseff, se aprestan a vender acciones en empresas controladas por el Estado, a privatizar las estatales de correos, del transporte, energía y seguros, se disponen a hacer recortes de gastos y a abaratar y a hacer cambios al sistema de pensiones y jubilaciones, promueven la eliminación de 4 mil empleados del sector estatal y anuncian una auditoría (paralización de facto) a los programas de asistencia a los pobres. Michel Temer ha anunciado, también, la eliminación de la gratuidad en algunas universidades federales y la “revisión total” del programa “Mi casa y mi vida” que, en una primera etapa, construyó para los pobres de Brasil un millón de casas y que, en una segunda etapa, contempla, todavía, la construcción de 2.5 millones de viviendas. ¿Alguna coincidencia con las severas medidas que siguieron a los crímenes de Chile y de Irak? Todas las intervenciones, pues, incluidas las perpetradas en Chile, Irak, Libia, Siria, Venezuela y otras muchas más, no se han realizado por el respeto a la ley y a los derechos humanos, por las libertades y la democracia, se han realizado para defender el modelo económico neoliberal y, junto con él, las gigantescas ganancias del capital.

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