AMLO en Tabasco. Reflexiones de un antorchista.

**Si el escarnio y la befa debieran proscribirse de las disputas aún en el seno de la familia y en las discusiones entre ciudadanos, con mayor razón, creo yo, no deben ser usados por el primer magistrado de la nación, no solo en contra de Antorcha Campesina, sino en contra de nadie.


AMLO en Tabasco. Reflexiones de un antorchista.

La Crónica de Chihuahua
23 de octubre, 11:04 am

Por Marco Antonio Lázaro Cano

El 14 de octubre le tocó a Tabasco, la tierra del Presidente electo, recibirlo en su gira de agradecimiento, gira en la cual anunció, como lo hace en cada estado que visita, los programas y proyectos que el nuevo gobierno tiene diseñados para la entidad.

Su discurso, esencialmente, fue una exposición, en positivo, de los beneficios que a partir del 1 de diciembre su gobierno traerá a los tabasqueños, tema en el cual no abundo por ser de todos conocido.

Pero, entre el discurso, como lo ha hecho en varios estados, volvió a desarrollar a por b y c por d, un guion previamente preparado, que consiste en lo siguiente: luego de anunciar que el programa “Prospera” (programa que tiene gran aprobación y aceptación de la gente) no desaparecerá, anuncia que lo que cambiará será el mecanismo de entregarlo: será a través de “una tarjeta de banco, no a través de intermediarios”, “de modo que si viene Antorcha mundial y me dice: dame el dinero para yo entregárselo a la gente, le contestaré: lo que diga mi dedito”.

Sobre tan desafortunadas como reiteradas expresiones del Presidente electo, quiero hacer algunas reflexiones.

Primera. Se hace escarnio y befa pública (al ridiculizar el nombre de la organización) de un grupo de más de dos millones de ciudadanos –pero el número aquí no importa, podrían ser diez o cinco- que decidieron organizarse persiguiendo objetivos absolutamente legales y legítimos: mejorar las condiciones de vida de las familias pobres, lograr una mejor distribución de la riqueza social y cambiar el modelo económico de nuestro país –pero aquí tampoco importa de qué objetivos se trate, solo importa que estos objetivos sean legales-, que decidieron organizarse, digo, con el mismo derecho que usaron y usan los morenistas para formar sus diversas organizaciones y su partido.

Si el escarnio y la befa debieran proscribirse de las disputas aún en el seno de la familia y en las discusiones entre ciudadanos, con mayor razón, creo yo, no deben ser usados por el primer magistrado de la nación, no solo en contra de Antorcha Campesina, sino en contra de nadie. El Lic. López Obrador invoca en todos sus eventos y pretende gobernar bajo las figuras de Juárez, Madero, el General Cárdenas, figuras enormes de nuestra historia patria. Y quien quiera revisar la historia de estos héroes encontrará que nunca hicieron burla o pretendieron humillar a sus enemigos, a pesar de, en muchos casos, haberlos vencido hasta militarmente en una guerra a muerte. Juárez nunca insultó a Maximiliano y Madero trató con la magnanimidad de un caballero a los vencidos por él en batalla. Quienes sí usaron la befa y la humillación fueron sus enemigos: Juárez y Cárdenas sufrieron apodos y burlas por los poderosos de su tiempo, por ser humildes y de extracción indígena; Madero fue vejado, burlado sangrientamente y hasta martirizado en la persona de su hermano Gustavo y en la suya propia. Siempre en la historia la zafiedad ha formado con la reacción; el respeto, la nobleza y la magnanimidad con los revolucionarios. No debiera de olvidarlo el Lic. López Obrador, quien tiene fama de ser especialista en la historia de México.

Algo más. Dado el arraigado presidencialismo que ha existido en nuestro país, la figura más fuerte, la que más influye en toda la sociedad, para bien o para mal, según sea el caso, es la figura del Presidente de la República, esto lo ha señalado reiteradas veces el propio presidente electo. Pues bien, con el maltrato (pues no puede calificarse de otro modo la burla pública) hacia nuestra organización viniendo de esa figura, se está incitando con el ejemplo, se está haciendo un llamamiento tácito a gobernadores y ediles morenistas a hacer lo mismo, es decir, a maltratar a la organización. El Lic. López Obrador debiera recordar que él es actualmente el presidente electo y a partir del 1 de diciembre será el Presidente de todos los mexicanos, de los que votaron por él y de los que no votaron por él, no el presidente de una facción. Esto en los hechos significa que una de las cosas que moralmente, y legalmente también, está obligado a hacer no es solo respetar los derechos de todos los mexicanos (entre ellos el de organizarse donde considere conveniente o no organizarse), sino también garantizar a todos los mexicanos por igual el ejercicio de esos derechos. Él, que se dice juarista, no debiera pisotear esa frase tan repetida, pero sobre la que se reflexiona muy poco: el respeto al derecho ajeno es la paz. El primer obligado a dar ese respeto a los derechos de sus gobernados es, creo yo, el gobernante.

Finalmente, sobre este punto, la siguiente reflexión: el Lic. Andrés Manuel prometió en su campaña un gobierno de reconciliación nacional, sin rencores ni ánimos de venganzas, un gobierno de amor y de paz. Y parece que con varios sectores sociales y personajes de la vida pública viene cumpliendo: mientras en mayo el entonces candidato acusó a los empresarios mexicanos de ser una “minoría rapaz” que “han hecho negocios al amparo del poder público” y que “quieren seguir robando”, a lo que los empresarios respondieron al hoy presidente electo que se consideraban injuriados y calumniados, hoy es más que evidente una plena reconciliación -“del odio al amor”, tituló un diario-; se habla de que se les concederá la inversión del aeropuerto al cien por ciento, y hasta les ofreció disculpas por haber declarado que México está en bancarrota; tampoco se pelea con la delincuencia organizada (perdón pero no olvido); ni con Elba Esther, ni con Peña Nieto, y acaba de declarar que revisará la situación del exgobernador, preso por delitos contra la salud, Mario Villanueva. Con todos ellos la reconciliación va. Son gente con poder y con dinero.

Antorcha, en cambio, está formada por los que en Los Cabos o en Cancún o en Tijuana, viven en casas de cartón o de lámina o madera, en los municipios dormitorio del Estado de México, en las sierras indígenas; por los que viven en la más desgarradora pobreza, a un lado de la más insultante opulencia; en Antorcha militan, porque sabemos quiénes son nuestros hermanos y a quienes estamos organizando, los pobres entre los pobres de nuestro país. Hasta hoy, las constantes declaraciones del Lic. López Obrador, indican que para ellos no habrá aquello de “amor y paz”. El Amor es de Clase, escribió Oscar de la Borbolla. Por lo que se ve, el odio también es de clase.

Por último, Antorcha jamás le ha dicho a ningún gobierno, sea del PRI, PAN, PRD o MORENA: dame a mí el dinero para pagar Prospera u otro programa cualquiera. Los apoyos de Prospera, como le consta a cualquier beneficiario, los pagan los empleados de la SEDESOL federal. Y Antorcha no tiene empleados en el gobierno federal, salvo algunos cuantos compañeros que son docentes en algunas instituciones educativas. Ni lo ha hecho ni lo hará jamás. Pedimos que no se nos calumnie.

Lo que sí ha hecho nuestra organización y lo seguirá haciendo mientras exista, es solicitar y, cuando gobiernos insensibles nos obligan a ello, exigir –a veces mediante marchas y plantones, sí- que los programas sociales y de infraestructura y de todo tipo, lleguen a quienes verdaderamente los necesitan, a los pobres de México, porque malos gobernantes desvían esos recursos o se los dan a sus favoritos y lambiscones, sin reunir los requisitos de elegibilidad que dichos programas marcan. Y creo que el Lic. López Obrador, no debería de condenar de antemano esos recursos de lucha, como lo refirió en su discurso de Yucatán, sobre todo porque él sabe bien, pues la vida se lo ha enseñado, al igual que a nosotros, que muchas veces no basta tener la razón, sino que hay que hacerla valer. Él tuvo que luchar en los pozos petroleros de Tabasco, en el largo plantón en la avenida Reforma de la ciudad de México, y advertir que se soltaría el tigre si se consumaba un fraude electoral en esta elección. Quienes carecemos de poder y de dinero solo tenemos como armas legales de lucha las que nos da la Constitución: la manifestación pacífica, respetuosa y la protesta pública, con las mismas características. Por tanto, la protesta pública no debe ser descalificada ni criminalizada por ningún gobierno democrático, mucho menos por un gobernante que en su larga lucha por el poder hubo de echar mano de esos mismos recursos de lucha.

Después de reiteradas referencias a nuestra organización en los discursos del presidente electo, con el mismo guion aquí referido, en Antorcha no nos desesperamos ni nos hacemos ilusiones. Somos una organización madura, sabemos que “nuestra brega es de eternidad” (magister dixit) y seguimos “fieles a nuestro espejo diario”, a nuestro compromiso irrenunciable con los pobres de México. Estamos orgullosos de combatir a diario la pobreza material y espiritual de nuestro pueblo, por siglos expoliado, vejado, engañado; orgullosos también de ser la organización social y política que sin recursos públicos de ningún tipo (del INE, de gobiernos o partidos) tiene más de dos millones de adherentes y ha cambiado la vida de millones de mexicanos mediante la acción colectiva de sus agremiados. Creemos en el pueblo como la fuerza motriz de los cambios históricos. Tenemos un proyecto de nación que hemos elaborado como resultado de nuestro estudio de la situación nacional e internacional. Hacemos votos porque con el gobierno del Lic. López Obrador mejore la suerte del pueblo mexicano, aunque, derivado del análisis económico, pensamos que no se está tocando el modelo neoliberal que es el generador de la tremenda desigualdad en nuestra patria y, por tanto, no se acortará la brecha entre ricos y pobres. Concluimos, por tanto, que fortalecer nuestra unidad, crecer en número, en conciencia y en educación política, siguen siendo las tareas de la organización de los pobres de México. Adelante antorchistas, muy atentos, serenos y conscientes. Vale.

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