A dos años de la 4T, desastrosos resultados

Por Abel Pérez Zamorano


A dos años de la 4T, desastrosos resultados

La Crónica de Chihuahua
Noviembre de 2020, 19:56 pm

(El autor es un chihuahuense de Guazapares, Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics. Catedrático en la División de Ciencias Económico Administrativas -DICEA, de la Universidad Autónoma Chapingo)

Toda economía tiene el reto de mejorar la eficiencia productiva y la equidad distributiva, y los gobiernos deben instrumentar políticas al efecto, para elevar el nivel de desarrollo. El actual le llama bienestar, como bandera para legitimarse; su nueva secretaría es del “Bienestar”; el banco también... idealismo semántico para marear incautos. Este 1 de diciembre habrán transcurrido ya dos años de esta administración, y conviene evaluar en qué grado se ha pasado de la perorata a los hechos.
Desarrollo implica primeramente crecimiento en la riqueza a distribuir. Esto no ocurre y el gobierno ha sido incapaz de promover producción y productividad; vive en una burbuja, en la ilusión de repartir una riqueza inexistente. El PIB cayó 0.1% el año pasado, antes de la pandemia (en 2018 creció 2.1%); ahora caerá 10%. No se protege a las Pymes (que generan más de dos tercios del empleo): quiebran por miles; el gasto fiscal frente a la pandemia representa escasamente 1% del PIB, mientras Perú aplica nueve veces más y Brasil, ocho. En el año la inversión fija bruta cayó en 5.2%, principalmente por el ambiente de hostilidad gubernamental contra las empresas. Huye la inversión extranjera del mercado de deuda gubernamental: hasta octubre casi 400 mil millones de pesos; estamos en el nivel más bajo desde 2013 (Banco de México). Hoy, la norteamericana Best Buy, tiendas de tecnología, anunció el cierre de sus 41 sucursales en México.

Pemex se financia con bonos considerados basura por algunas calificadoras; en octubre contrató deuda a tasas récord, siete veces mayores que los bonos del Tesoro. Es la petrolera más endeudada del mundo, con enormes pérdidas cubiertas con otros ingresos federales. En otro sector, el agrícola, fundamental para el desarrollo, el año pasado la secretaría recibió el menor presupuesto en once años (una reducción de 40.2% en los dos últimos). En este, las importaciones de maíz alcanzarán un récord de 18 millones de toneladas, dos millones más que en 2019.

Desplomada la economía, la tasa de desempleo abierta se disparó, y agregando subocupación e informalidad, hacen dos tercios de la Población Económicamente Activa; solo un tercio está plenamente ocupado. Se perdieron más de 12 millones de empleos: 3.72 millones formales y 8.46 informales (Banxico). Según el BID ocupamos el penúltimo lugar en Latinoamérica en jóvenes con un salario suficiente.

A resultas de tal desastre productivo y de pérdida de empleos, en estos dos años el desarrollo sufrió un retroceso sin precedente. En educación, al cerrar el anterior ciclo escolar se habían dado de baja 305 mil estudiantes universitarios, y según el PNUD, este año 640 mil abandonarán sus estudios, más o menos el doble de la matrícula de la UNAM. Ciencia y Tecnología están siendo desmanteladas. La mayoría de Morena en la Cámara de Diputados eliminó 91 fideicomisos al CONACYT, y el Gasto en Investigación Científica y Desarrollo pasó de 0.48% del PIB en 2017 a 0.38 este año (Banco Mundial). La OCDE aplica un promedio de 2.4 por ciento.

En salud, López Obrador prometió que este 1 de diciembre tendríamos un sistema como el de Dinamarca o Canadá; una burla sangrienta y nada más. El manejo de la pandemia ha sido fatal; es desgarrador ver en los noticieros tantos casos de pobres pegados a las puertas de hospitales suplicando ser admitidos, sin conseguirlo. Somos el cuarto país en defunciones, con más de cien mil muertes, hoy con más de diez mil contagios diarios; en fallecimientos de personal médico, porcentualmente somos primeros. No hay medicinas para niños con cáncer, no alcanzan las vacunas universales, y en el PEF 2021 el presupuesto para salud aumentó en 1.87 por ciento.

En servicios públicos, salvo casos muy específicas, no hay obras en agua potable, drenaje, electrificación, pavimentación de calles, aulas; en duro golpe al federalismo se suprimió el Ramo 23, que dotaba de recursos a estados y municipios, incapacitándoles así para atender a la población; peor aún quedarán en el próximo presupuesto. Cuantiosas sumas se pierden en inversiones desatinadas, como Dos Bocas, agujero negro que consumirá, optimistamente, 180 mil millones de pesos; mientras tanto, en Tabasco los hogares están bajo el agua y no se ha construido la infraestructura hidráulica para contener las inundaciones, cuyo costo estimado es de 19 mil millones, apenas una décima parte de Dos Bocas. Cierto es que “los de antes” no la construyeron, pero tampoco “los de ahora”; además, estos eliminaron el Fondo de Desastres Naturales y abandonan a los tabasqueños en su desgracia.

Desarrollo implica equidad distributiva, y aquí también reprueba Morena. La pobreza, profundizada en el neoliberalismo de antes, alcanza niveles trágicos en el de ahora, cuando “ya no son iguales”. Durante la pandemia, reporta Inegi, 46% de entrevistados disminuyeron su ingreso; 20% estaban ausentes o con suspensión laboral. Entre febrero y junio, la pobreza extrema pasó de 22 millones a 32 (Programa Universitario de Estudios de Desarrollo, UNAM). A inicios de año, antes de la pandemia, el 35.7% de la población estaba en pobreza laboral (donde el salario no cubre siquiera la canasta básica, o sea, para comer); en septiembre alcanzó 44.5%, el nivel más alto desde 2005 (Coneval). En contraste, el segundo mexicano más rico, que tenía 11 mil 100 millones de dólares hoy tiene 11 mil 700; la equidad de la 4T.

Son tiempos de horror, nada qué ver con el bienestar. Suman 65 mil 300 los asesinatos en 22 meses, ¡en promedio 99 diarios! Aumentaron la violencia intrafamiliar y los feminicidios, ante los cuales el gobierno muestra una infame insensibilidad. Se cancelan libertades básicas, y recuérdese que sin libertad no hay desarrollo: el gobierno federal y sus sátrapas estatales (como Luis Miguel Barbosa) deciden qué partidos políticos pueden registrarse; obviamente, satélites de Morena. La Ley de Extinción de Dominio legaliza el despojo discrecional del patrimonio de ciudadanos, con base solo en una sospecha o denuncia (como hacía la inquisición); el ejecutivo ha avasallado al poder judicial, dejando en absoluta indefensión a los ciudadanos ante el abuso gubernamental; se congelan cuentas bancarias por las puras pistolas de la UIF, y ahora sin requerir autorización de juez. Se persigue a quienes opinan diferente. Se coarta la libertad a beneficiarios de becas o programas asistenciales, chantajeándolos con la posible pérdida si difieren de Morena o López Obrador. Son rehenes de los “apoyos”.

Aunque nos recetan diariamente que el neoliberalismo feneció, diremos, parafraseando a Augusto Monterroso, que: cuando despertó, el neoliberalismo todavía estaba allí, y más feroz, aun con los paliativos asistenciales, real instrumento de control político-electoral. Así pues, México se hunde en el caos; la muerte campea: por el crimen, la pandemia y el hambre; hay más pobreza, y en la miseria no existe libertad. En abuso de poder se niegan recursos a pueblos y colonias, a estados y municipios, y se impide a los afectados organizarse en su defensa, como agrupaciones sociales o partidos. Ante la dictadura entronizada, los damnificados deben reaccionar y defenderse. Las elecciones venideras serán la oportunidad para hacerlo.

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