A 100 años de la Revolución Rusa

Por Brasil Acosta Peña


A 100 años de la Revolución Rusa

La Crónica de Chihuahua
26 de julio, 17:26 pm

(El autor es Doctor en economía por el Colegio de México (COLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.)

Este artículo lo dirijo principalmente a las clases trabajadoras de este país que están conformadas por las clases bajas y medias; lo dirijo también a los jóvenes de México para que tomen partido y ambas partes: las clases trabajadoras y los jóvenes, sigan el ejemplo de la Gran Revolución de Octubre de 1917 ahora que las circunstancias nacionales e internacionales nos lo reclaman.

Las grandes revoluciones del mundo han recurrido a las clases trabajadoras para su ejecución; sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos, las clases trabajadoras han hecho triunfar las revoluciones, pero las clases gobernantes no han sido las clases mayoritarias, las clases trabajadoras.

Por poner un par de ejemplos emblemáticos en este sentido, debo recordar que la Gran Revolución Francesa de 1789 fue apoyada por las clases trabajadoras, pero el poder quedó finalmente en manos de la burguesía y después de la restauración monárquica.

Un caso más conocido por nosotros es la Revolución Mexicana en la que perdieron la vida 2.1 millones de personas de manera directa y 1.4 de manera indirecta; nuestra Revolución es un reflejo de la participación de las clases trabajadoras, especialmente la clase campesina que, al final de cuentas, aún y cuando Zapata y Villa llegaron a estar sentados en la silla presidencial, no se hicieron del poder y lo dejaron, lamentablemente, en manos de una clase política naciente que era la burguesía representada primero por los militares, después por los licenciados de la UNAM y finalmente por los economistas y neoliberales.

Una de las grandes excepciones a la regla fue la Gran Revolución de Octubre de 1917 en Rusia que, junto con la Revolución Popular China y la Revolución Cubana, demostraron que la lucha de las clases trabajadoras puede tener éxito, tomar el poder y con él realizar los cambios necesarios, tomando decisiones siempre a favor de las grandes mayorías.

La Revolución Rusa de 1917 triunfó gracias a la genialidad de su líder y jefe máximo; fue el gran revolucionario Vladimir Ilich Uliánov Lenin, quien proclamó que los trabajadores del mundo deberían unirse para luchar y dar la batalla en tres niveles: económico, es decir, por mejoras de las clases trabajadoras; ideológico, para ganarse la conciencia de dichas clases, por decenios bajo el yugo ideológico de las clases poderosas y, finalmente, político, es decir, que los trabajadores debían pelear por el poder político de su nación para tomar las decisiones y controlar las áreas estratégicas de la economía para distribuir la riqueza de manera equitativa (que no igualitaria). La consigna de Lenin era muy sencilla: “todo el poder a los Sóviets”; y los Sóviets eran los comités de obreros, campesinos, trabajadores y militares rusos de las clases trabajadoras.

Para Lenin, no eran los burócratas, al servicio de los poderosos, quienes debían gobernar, sino el propio pueblo.

Esta idea, para muchos descabellada, fue prevista por el genio de Miguel de Cervantes Saavedra quien imaginó la forma en que el pueblo ejercería el poder en su novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, obra cumbre de la literatura universal en la que Sancho Panza se convierte en gobernador de una ínsula, el mejor de todos los que hubieran gobernado. Lenin convirtió en realidad el sueño de Cervantes, la Revolución de Octubre entregó el poder a los Sóviets.

La Rusia zarista era una gran extensión territorial y feudal, en algunos puntos rayaba en el esclavismo.

La situación de hambre y malas cosechas, la ignorancia, el poder absoluto de los zares, las arbitrariedades de los burócratas a su servicio, encargados de obligar al pueblo a pagar puntualmente su tributo so pena de recibir castigos extremadamente crueles, hicieron que el pueblo cobrara conciencia de su injusta y opresiva situación.

La tenaz y efectiva labor de propaganda impulsada por el partido de Lenin fue desiciva en este despertar de la conciencia del pueblo ruso. La clase obrera de la zona europea de Rusia, en la que el desarrollo del capitalismo era ya significativo, se sumó también a la Revolución.

Con el poder en sus manos, los trabajadores de Rusia lograron lo impensable: Sacar del atraso milenario a un país pobre, para convertirlo en apenas 20 años en una potencia mundial temida por el capitalismo mundial y combatido con todas las armas y estrategias al alcance de su mano.

En poco tiempo, los progresos a favor de los trabajadores fueron evidentes: a finales del siglo XIX, el analfabetismo golpeaba al 78 por ciento de la población; para 1930 esta cifra disminuyó al 30 por ciento gracias al establecimiento de escuelas para los trabajadores rusos.

Un niño que entraba a la escuela, por primera vez, se encontraba en una nueva situación, pues podía salir del campo para integrarse a la vida social.

En tiempos del Zar, muchos niños no celebraban su cumpleaños; pero los profesores soviéticos, como el gran maestro Makarenko, promovía que los niños felicitaran a sus amigos con el objetivo de lazos de solidaridad y camaradería, sentimientos desconocidos tanto en el régimen zarista como en la sociedad capitalista en que vivimos y que se basa en el egoísmo.

Con la Revolución de 1917 se crearon universidades, se enseñó la filosofía marxista-leninista, hoy desterrada fundamentalmente de las aulas del capitalismo por su sentido crítico a favor de los desprotegidos (porque los poderosos de la tierra temen perder su hegemonía económica y su dominio del planeta). Por si no fuera suficiente lo anterior, conviene recordar que fueron los soviéticos los verdaderos héroes que acabaron con la barbarie nazi.

Por eso hoy hace falta una revolución de esa magnitud; una que nos salve de la voracidad capitalista. Los trabajadores y los jóvenes deben tomar partido, tomar el ejemplo de la Revolución Rusa para convocar al pueblo de México para que, sobre la base de la democracia actual, luche legalmente por el poder e imite la hazaña del pueblo ruso, que hoy figura entre las mayores potencias mundiales.

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