2017: la mayor inflación en cuatro sexenios

REPORTAJE ESPECIAL


2017: la mayor inflación en cuatro sexenios

La Crónica de Chihuahua
7 de marzo, 10:30 am

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Fernando Castro Merino

La gran mayoría de los mexicanos desconoce el significado de la palabra inflación, pero todos los días la oyen pronunciar en los noticieros en relación con el dinero, con los precios de las mercancías, con los salarios y con los distintos niveles de afectación que causa en la economía y la sociedad mexicana, especialmente entre las familias pobres.

Sin embargo, cuando “subió el dólar y los noticieros insistieron en repetir que la inflación iba creciendo”, en la mente de muchos comenzó a cobrar sentido, entendieron que dicha palabra invoca una realidad que actúa como un cuchillo en la yugular de las familias mexicanas que cuentan con menos ingresos salariales, y hoy añoran los tiempos en que el kilo de huevo costaba de 13 a 14 pesos, porque hoy cuesta hasta 25 pesos; cuando 50 pesos alcanzaban para comprar desayuno y comida, y no sólo uno de los dos… Sí, todo cuesta hoy más caro y con lo que gana un trabajador ya no alcanza, pues aunque subió el salario mínimo, ya no se puede adquirir con él lo mismo que antes.

Éste es el resumen de cuatro sexenios de la historia reciente de Nuestro país. Para muchos, la siguiente frase sintetiza esta realidad: “Con todos los partidos nos ha ido mal”.

2017, el nivel inflacionario más alto

La inflación general en el país será del 5.24 por ciento al cierre de este año, estimaron analistas del sector privado consultados por el Banco de México (Banxico) en un reporte divulgado este mes. Los expertos elevaron su pronóstico en poco más de un punto con respecto al 4.13 por ciento que habían estimado en diciembre de 2016 para todo el presente año.

Estas expectativas fueron recibidas entre el 21 y el 27 de enero, mes en el que el precio de las gasolinas aumentó más del 20 por ciento como parte del proceso de su liberalización. El incremento disparó la inflación en la primera quincena de ese mes.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) presentó un incremento mensual de 1.70 por ciento, cuatro veces superior al 0.38 por ciento registrado en el mismo lapso en 2016, cuya tasa de inflación anual fue de 4.72 por ciento, según información divulgada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El alza de los precios al consumidor en enero de 2017 alcanzó el mayor crecimiento en 18 años. El INPC fue presionado por el incremento a las gasolinas implementado por el Gobierno Federal en su programa de liberalización escalonada, que ha desatado protestas en el país y que se prorrogó para el 17 de febrero.

El 1.70 por ciento del INPC en enero de este año es el más alto desde 2008, pues en el primer mes de 2016 fue de 0.38; en 2015 de 0.09; 2014 de 0.89; 2013 de 0.40; 2012 de 0.71; 2011 de 0.49; 2010 de 1.09; 2009 de 0.23 y en 2008 de 0.46 por ciento.

La causa fundamental del aumento fue el alza de las gasolinas, pues “la dependencia directa del combustible provocó un alza general de un día para otro”.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) precisó que el índice de precios subyacente registró un crecimiento mensual del 0.58 por ciento y una tasa anual del 3.84 por ciento, mientras que el índice de precios no subyacente reportó un aumento mensual del 5.14 y del 7.40 por ciento anual.

Canasta básica más cara

El precio de la canasta básica mostró una variación mensual de 4.43 por ciento en enero, por lo que la tasa anual será del 7.26 por ciento.

En el mismo mes de 2016, las cifras fueron del 0.10 y el 1.07 por ciento, en ese mismo orden, según datos analizados por el Inegi, que para este cálculo analizó 117 mil precios quincenales de 283 mercancías de consumo general en 46 ciudades de las 32 entidades de la República y procedentes de 48 ramas productivas.

El más reciente estudio del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reportó que, como consecuencia del gasolinazo, se registraron alzas en productos como la cebolla (de 12 a 15 pesos por kilogramo), huevo (de 24 a 26 pesos), pollo (de 88 a 95 pesos), papa (de 8 a 11 pesos por kilo) y tortilla (de 10 a 12 pesos). Según este análisis, el gasolinazo aumentó hasta en un 17.7 por ciento los productos de la canasta básica.

Los especialistas estiman que el precio de la canasta básica repuntará en un 7.26 por ciento al final del año, tasa muy superior al 2.82 por ciento que alcanzó al cierre del año pasado. Las elevadas variaciones implican un detrimento del poder adquisitivo de las familias con menores recursos, que regularmente consumen los 82 productos de la canasta básica.

El aumento del índice de la canasta básica superó el incremento general de precios en el país, que también reportó un alza récord en enero. El INPC tuvo un aumento mensual del 1.7 por ciento, lo que representó su mayor alza desde enero de 1999, cuando alcanzó una tasa de 2.53 por ciento.

La inflación anual llegó a 4.72 por ciento al inicio de 2017, fuera del rango de tolerancia de Banxico, que va del dos al cuatro por ciento.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) informó que las tiendas de autoservicio colocaron la bolsa de dos kilogramos de azúcar en 48.91 pesos; es decir, con un aumento de 7.54 pesos, mientras que el aguacate bajó de 49.76 pesos a 40.85 pesos el kilogramo; el kilogramo de limón se mantuvo en 26 pesos; el de cebolla se ofreció en 18.65 pesos y el de jitomate en 13.62.

En la Central de Abastos de la Ciudad de México (Ceda) el aguacate, el endulzante, la cebolla y el jitomate permanecieron con un precio de 35, 30, 10 y nueve pesos por kilogramo, mientras que el limón bajó a 18 pesos.

Pésimas expectativas económicas

La Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado reportó que los factores que podrían obstaculizar el crecimiento de la economía nacional este año son: la inestabilidad política internacional, la debilidad del mercado externo, la economía mundial, la incertidumbre cambiaria, la inestabilidad financiera internacional y las presiones inflacionarias en el país.

El sondeo realizado entre los especialistas dice que creció el número de quienes consideran que el clima de negocios empeorará; que ninguno piensa que éste mejorará y que la mayoría estima que el momento actual es malo para invertir.

Las medidas adoptadas por el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, pueden verter en una “guerra económica” contra México y convertir la seguridad nacional en un tema prioritario, advierte un estudio realizado por Jorge Retana Yarto, economista y maestro en finanzas, especializado en economía internacional y seguridad nacional por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

El concepto de “guerra económica”, expone este especialista, consiste en procesos “sigilosos” de contenido geoestratégico y militar para vulnerar económicamente a los adversarios o a otros interferentes nacionales, México en este caso.

Este tipo de guerras, explica, se refiere al “ataque a los factores de vulnerabilidad económica ubicados en el entorno nacional o internacional que debilitan las fortalezas de un Estado, la legitimidad de los gobiernos y las instituciones coercitivas, armadas, del mismo Estado, generando nuevas crisis económicas o profundizando las ya existentes”.

En este contexto, se encuentra la “interdependencia política y económica” con EE. UU. que ha sido asimétrica y desfavorable, dice el autor de El programa económico para México de Donald Trump, un tema urgente de seguridad. Guerra económica con objetivos de absorción soberana, análisis elaborado por el especialista en seguridad nacional.

Entre los puntos que destaca el también economista por la UNAM se encuentran las inversiones de empresarios mexicanos en EE. UU., equivalentes a unos 50 mil millones de pesos; así como las remesas que los más de 20 millones de mexicanos que viven en aquel país envían a México.

Errónea política antiinflacionaria

Es cierto que la inflación es un fenómeno inherente a la economía, pero también es cierto que puede mitigarse mediante una política fiscal progresiva y reajustes de salarios, controles de precios y abastecimientos, y que estos recursos de política económica son una alternativa infinitamente preferible a la política monetaria (en esta última está comprendida la variación de las tasas de interés).

Pero el problema radica en que la burguesía, nacional y extranjera, nunca estará dispuesta a sacrificar un porcentaje de sus ganancias por mínimo que sea, por lo que no le permite al Estado que emplee una política económica capaz de mitigar la inflación para que los trabajadores, que producen toda la riqueza, cuando menos puedan subsistir.

Lo grave de la inflación no es el aumento de precios en sí mismo, sino sus consecuencias en la distribución del ingreso y en la agudización de las contradicciones sociales.

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